Un guion preocupante

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Si Donald Trump hubiese relatado desde el Despacho Oval el ataque a Venezuela, podría haberlo hecho mirando el retrato de William McKinley , colgado en un lugar preferente, como un espejo en el que admirarse. Fue uno de sus presidentes favoritos, partidario de intervenir o anexionar a finales del siglo XIX sin más contemplaciones territorios como Hawái, Cuba o Puerto Rico. Al magnate neoyorquino le anima una pulsión imperialista semejante, que le ha llevado a flexionar los músculos del poder estadounidense en Gaza, Irán, Ucrania, Nigeria y ahora Venezuela, mientras debilitaba la relación con sus aliados, permitía el ascenso chino y no era capaz de frenar el revanchismo ruso. Lo preocupante no es el final de Nicolás Maduro , un... Ver Más