No todo se puede oler en el Kunstpalast de Düsseldorf. El nazismo, por ejemplo. Cuando el comisario de la exposición alcanzó este episodio traumático de la historia, decidió orillarlo, no difundir ningún aroma en la sala y limitarse a citar algunos apuntes culturales del Tercer Reich para continuar con sus consecuencias, los olores de los años de la Guerra Fría. Robert Müller-Grünow ha diseñado un recorrido histórico exhaustivo, desde la antigüedad hasta el presente, en torno al aroma y su poder oculto repartido en 37 galerías. El reto era exponer algo que no se puede ver y que hay que crear —el olor— y acompañarlo fielmente con las obras de arte de la colección histórica del museo, una de las cámaras del tesoro de Renania.Seguir leyendo