Reza el famoso dicho que una imagen vale más que mil palabras, pero hace poco oí, no sé dónde, que si esa imagen va acompañada de palabras, vale más que mil imágenes, porque de una imagen se pueden sacar múltiples lecturas, pero si en pocas palabras, se nos explica el contexto, el autor no deja tanto a la imaginación del receptor, y el mensaje llega sin interferencias. Es por esto por lo que pienso que el cómic es de las artes gráficas más completas que existen.Es una pena que el noveno arte no sea tan mayoritario como pueden ser el cine o la literatura, siendo tildado, a veces, como un arte menor a esta última, cuando yo pienso que el cómic es ese eslabón que une a las otras dos, y tan importante o más que sus hermanas.Al menos, esa denostación creo que se da más en unos países que en otros, como es en el caso del nuestro. Tengo amigos que se dedican a la viñeta, y tienen que trabajar para países como Francia, donde parecen apreciar más el trabajo de estos artistas.Deveney y Redolfi tienen la suerte de haber nacido en el el país galo, al menos a la hora de dedicarse a este oficio, entre cuyas fronteras están bastante bien considerados, y no porque nuestros vecinos se conformen con cualquier trabajo, muy al contrario, al ser tan apreciado, el público es mucho más exigente, así que hacerse un nombre allí significa tu valía, y estos dos autores se han ganado un lugar destacado por la calidad de sus trabajos.Deveney, escritor y guionista de cómic tiene una gran experiencia que lo avala desde que empezara en 1993 en el taller de historietas de Didier Tarquin. Une su talento al del dibujante Redolfi, famoso tanto en Francia como en Canadá, cuyas dos primeras obras ya fueron aclamadas por el público y la prensa. Juntos realizan Meteoros, el cual ha conseguido el Premio del Jurado en el Festival Internacional de Cómics de Angoulême este mismo año.No es para menos, tengo la suerte de disfrutar de muchos cómics, pero este que tenemos entre manos es de aquellos que perduran en la memoria no solo por su calidad artística, también por su contenido. Repleto de historias sencillas, protagonizadas por gente sencilla, cuyas vidas, o el final de las mismas, están vinculadas y condenadas por la inminente llegada de un meteorito que se estrellará contra la Tierra, si los que se supone deben protegernos, no pueden evitarlo.En estos caminos cruzados de personas corrientes, donde la infelicidad o el hastío es el denominador común entre ellos, sobrevuela un pequeño atisbo de esperanza, un hálito al que cada uno de ellos quiere aferrarse cuando son conscientes de que por muy triste o patética que sea la vida, es mejor vivirla que rendirse al destino. El meteorito no es más que la personificación de ese final que todos ellos han deseado alguna vez, pero que cuando se hace tangible, no parece ser lo que realmente querían, porque mejorar no es imposible, o al menos hay que intentarlo..Un guion que estremece por real, que retrata a todos sus personajes a la perfección, personajes que están tan bien construidos que con un par de viñetas ya cuentan con toda nuestra empatía y cariño. Ese meteorito al que alude su título, no es más que el telón de fondo, lo que iguala, lo que une a estos personajes tan similares y a la vez tan diferentes, que continúan con sus vidas como si ese peligro no existiera, porque esa amenaza no suena a real, al menos no tanto como los problemas diarios a los que se enfrentan cada uno de ellos.La gama cromática que los acoge no podía ser más acertada. Colores azules y grises tan fríos como el entorno que envuelve al reparto coral. Todo transcurre en un lugar en el que la ventisca y la nieve son también personajes de la propia trama, acrecentando la sensación de fría soledad. Tanto que cuando estemos metidos en sus páginas sentiremos ese frío en nuestros cuerpos, creando la necesidad de buscar calor echándonos una manta por encima para seguir enfrascados en la lectura.Viñetas que son puro arte; transiciones dignas de la mejor obra cinematográfica, rompiendo el convencionalismo del formato. Escenas a página completa que ni la división del dibujo interrumpe, formando un todo, dando la sensación de ruptura del escenario como rotas están las almas de sus habitantes.Nunca unos negros describieron tan bien el vacío, la pena, la soledad. No quiero mezclar artes, pero se podría decir que Meteoros es puro cine, y el formato no es solo escenas y planos, es la narración en estado puro, sin respetar formas porque son rastros, rastros de lo que nos acaba de narrar, de lo que está por venir.Los textos se limitan a los diálogos, no necesita narrador ni apuntador, la propia voz de los personajes se basta para que la historia nos llegue, nos inunde.Muchos son los cómics que me han gustado, pocos me han emocionado como este, por lo que cuenta, poco cómo lo cuenta.La entrada Meteoros. Historias de gente que pasa, de Deveney y Redolfi aparece primero en El Placer de la Lectura.