En la madrugada del pasado 3 de enero, horas antes de que los informativos de todo el mundo empezaran a difundir imágenes de sedes militares de Caracas ardiendo y del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, caminando esposado, los teléfonos de muchos venezolanos residentes en España eran ya un hervidero de llamadas y mensajes. Seguir leyendo....