Revolución (Hugo Gonçalves, Libros del Asteroide, 2025) Resulta inevitable abrir las páginas de este libro y al encontrarse con la huida y posterior detención de María Luisa Storm no pensar en las similitudes con la Silvia Labayru de La llamada de Leila Guerriero. De buena posición social, de familias próximas a las élites, ambas deciden entregar sus vidas y esfuerzos a un idealismo que procure cambiar las cosas en sus países, la Argentina de los militares o la Portugal del salazarismo sin Salazar ya. Utópicas y soñadoras, las dos sufren la despersonalización de la tortura y el señalamiento entre los suyos. Y en ambos casos, además, Guerriero y Gonçalves consiguen retenernos delante de dos historias cuyo relato transitará después por caminos diferentes. Así como la escritora argentina pretende, como en todos sus obras, ponerse en la piel de personajes cuyas conductas pueden parecer inexplicables, darles voz y que luego seamos nosotros los que pensemos si hubiésemos actuado como ellos o escogido otras maneras, la tarea de Gonçalves es de naturaleza colectiva: narrar un país. Por eso, porque su idea es reflejar el Portugal del final del Estado Novo y de la dictadura más longeva de Europa, los meses posteriores plagados de interrogantes y miedos y la llegada final de la democracia, su narración no se puede limitar únicamente a María Luisa Storm y su peripecia personal. Aspira Gonçalves a otra cosa, a mucho más. Revolución está atravesada por tres personajes, los hermanos Storm (María Luisa, Pureza y Frederico) cuyas vidas transcurren en estos tiempos ignotos, entre la ignominia para unos, el renacer y la añoranza para otros. Ellos, algunos secundarios,retratados con brillantez (la madre, Antónia, Diogo, marido de Pureza, Nadia, hija de María Luisa) y otros personajes y hechos reales sirven a Gonçalves para conducirnos a través del país, desde las lujosas mansiones de las colinas de Sintra hasta el Géres o el Alentejo depauperados, zonas rurales donde todo transcurre a otra velocidad y donde habita una minoría silenciosa a la que los contrarrevolucionarios pretenden movilizar, zonas fronterizas por las que los temerosos burgueses huyen con Monets escondidos en maleteros o fajos de billetes camuflados en la ropa interior. Gonçalves consagra un primoroso capítulo inicial a la decisión de María Luisa de pasar a la clandestinidad y colaborar con la insurgencia. A Malu Tormenta (conocida asi por los torturadores de la tétrica PIDE) )se le aparece en la celda Alvaro Cunhal, histórico dirigente del PCP, furibundo estalinista al que ella ve, cegada como está, con la cara de Kirk Douglas en Espartaco, arropado por todos sus correligionarios. El exquisito retrato psicológico de la protagonista la descubre en el fondo no solo como una víctima entregada a la causa sino también como una mujer oprimida y maltratada por los hombres, algo de lo que no se podrá desprender jamás. Las dos siguientes partes del libro están dedicadas a Frederico y Pureza. Él, un diletante empeñado en pasar sus días probando las nuevas drogas que llegan también al Portugal de los 70, en escuchar jazz y blues y en acabar acostándose con Violeta. Buscando este objetivo, se convertirá en testigo de privilegio de los hechos del 25 de abril. Pureza representa lo opuesto al idealismo de Malu y al hedonismo de Frederico.: sufre por sus problemas para ser madre y teme la llegada del colectivismo que despoje a la familia de su hotel y de su estatus. La peripecia vital de los tres se esparce por el resto de la narración. Todos ellos aparecen y desaparecen al albur de los acontecimientos. Sus vidas dependen de lo que se publica en las diferentes tiradas diarias de los periódicos, de los que regresan del exilio para convencerles, de los que huyen a él o de los que pretenden borrar sus huellas. Pero también dependen de lo que se rumorea, de lo que sucede y lo que no sucede. El final de la historia, pasada ya una década desde la revolución de los claveles, es tan desolador para algunos personajes, desubicados, como esperanzador para otros, para los que, como Pureza, son capaces de dejar atrás cortapisas y corsés y afrontar el futuro con ilusión. También para Portugal.