No va a andar. Así le dijeron en el Partido a una amiga -trotskista ella- que en los años 80 osó enamorarse de un muchacho de, llamémosle, la izquierda democrática. No me sorprendió: los grupos cerrados, endogámicos tienden a mirar al otro con desconfianza. ¿Y si esa nueva mirada nos genera algo diferente?Mejor no.Con las religiones pasa algo similar. A mí me atrae la historia de las creencias y sus lógicas, pero me rebelo ante los dogmas. Es que todos parecen excluyentes: son movimientos espirituales que -están convencidos- tienen la Verdad de su lado. Así, con mayúscula. El Dios real es su Dios y no otro y a partir de allí es difícil aceptar al distinto. Hablo, claro, de aquellos que siguen los textos sagrados a pie juntillas. Sé perfectamente -y lo celebro- que dentro de todas las religiones hay grandes corrientes ecuménicas. Importa compartir los valores y eso no tiene -no debiera tener- impedimentos.Los llamados matrimonios mixtos son tan felices o tan fracasados como aquellos donde los cónyuges comparten religión. En el amor no hay garantía notarial, se debe vivirlo y ver cómo se crece juntos o de forma distinta. ¿La diversidad es un contratiempo? Depende. Para aquellos que anteponen la identidad religiosa, sí. Para otros es más una cuestión de costumbres que se asimila sin grandes problemas. Y para unos terceros resulta irrelevante. Dios y las fiestas son apenas una anécdota en sus vidas.Es cierto que alguien puede sentir pena porque rompe una tradición de siglos. ¿Pero vale cancelar la felicidad por algo tan inabarcable? Sólo puedo hablar por mí: soy judío, de una familia poco religiosa pero con conciencia de su identidad. Me enamoré de mi -desde hace 25 años- esposa católica. Nadie se convirtió, nos parecía algo artificial: cada uno es quien siempre ha sido. Y nunca hemos tenido problemas: los chicos saben que llevan ese mestizaje. ¿Alguien dijo que no se puede, acaso? Somos libres para amar, no hay que pedir permiso ni disculpas. Y la plenitud de tener al lado aquella persona con la que sentís identidad de alma se da pocas veces en este mundo. ¿Dejarlo pasar? No lo recomiendo.Newsletter ClarínRecibí en tu mail todas las noticias, historias y análisis de los periodistas de ClarínQUIERO RECIBIRLOTags relacionadosMundos íntimosMatrimonioJudaísmoCristianismo