Pasear por las calles de Grazalema estos días, un mes después de que se quedaran desiertas, deja una sensación extraña. Porque la vuelta a la normalidad es relativa. Poca normalidad hay en tener que dejar tu casa a la carrera, llevando algo de ropa, el móvil y poco más, y dormir durante un tiempo indefinido en hoteles y alojamientos rurales