Bill Gates: "Para ganar a lo grande, a veces hay que correr grandes riesgos"

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Es imposible entender la informática moderna sin pasar por Bill Gates. No solo estamos hablando del cofundador de Microsoft o de la persona que soñó con poner un ordenador en cada escritorio cuando nadie sabía para qué servían. Podríamos decir que, sin duda, también fue un visionario que transformó una pasión que empezó en un garaje.Pero quedarnos solo con MS-DOS, Windows, Office o que tiene una fortuna es una pequeña parte de lo que realmente es Bill Gates. Lo realmente interesante es ver cómo piensa. ¿Cómo pasa alguien de empezar en el mundo de la informática a ser uno de los filántropos más importantes de la historia? Solo hay que tener en cuenta dos frases que dijo en su día y que recordaremos a continuación. Dos frases para recordarBill Gates y Satya Nadella, CEO actual de MicrosoftA modo de adelanto, decir que no son las típicas frases que suelen poner los influencers en Instagram. Si te paras a pensarlo, Bill Gates dejó Harvard y cambió la seguridad de una de las universidades más prestigiosas por una industria del software que estaba en pañales. Entendió antes que nadie que la comodidad es peligrosa; en tecnología, si te acomodas, desapareces. En su día, soltó esta frase que define su vida: "Para ganar a lo grande a veces necesitas tomar grandes riesgos". Ahora bien, cuando apuestas fuerte, a veces pierdes. Y aquí es donde entra su segunda gran lección, quizá la más necesaria hoy en día: "Es importante celebrar el éxito, pero es aún más importante prestar atención a las lecciones del fracaso".Bill Gates nos advierte de algo muy cierto: el éxito es un pésimo maestro. Te seduce. Te hace creer que eres infalible y que no necesitas cambiar nada. El fracaso, en cambio, es honesto. En este sentido, Microsoft metió la pata muchas veces, pero siguió siendo relevante porque no escondió sus errores, sino que aprendió de ellos.Ya sea erradicando enfermedades o diseñando software, Bill Gates sigue aplicando esta lógica. Y para nosotros, la lección está clara: atrévete a saltar sin red, y si te la pegas, no te limites a levantarte; asegúrate de tomar nota sobre por qué te caíste.