Cuando era pequeña, en la dictadura militar, la Iglesia nos salvaba a las mujeres del pecado. Nos adoctrinaba para que nuestra sexualidad solo perteneciera a los hombres que legalmente tenían derecho a ella, no obstante, curas, caciques, y en general cualquier hombre, se consideraban con derecho a hacer uso de nuestros cuerpos. A fin de cuentas, éramos meros objetos de