#ZNCine – Crítica de 53 Domingos, de Cesc Gay

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Dirección: Cesc Gay.Guion: Cesc Gay.Música: Arnau Bataller.Fotografía: Andreu Rebés.Reparto: Javier Cámara, Javier Gutiérrez, Alexandra Jiménez y Carmen Machi.Duración: 78 minutos.Productora: Imposible Films.Nacionalidad: Netflix.Sin tratar de caer en el juego de palabras, debo de decir que el Domingo pasado, vi 53 Domingos con mi madre. Y es que es una película muy de Domingo, con el permiso de Los Domingos. 53 Domingos es una de esas obras que está pensada para pasar un rato, además, no demasiado largo, 78 minutos, disfrutando de una comedia en familia, y es que, sobre la familia, en concreto sobre las relaciones entre hermanos trata esta película.La cinta comienza con Carolina, personaje interpretado por Alexandra Jiménez rompiendo la cuarta pared y hablándonos directamente a los espectadores sobre la visita que va a recibir de los dos hermanos de su novio Julián (Javier Cámara). Ellos son Víctor (Javier Gutiérrez) y Natalia (Carmen Machi). Cuatro grandes actores de nuestro cine cuyos proyectos previos son de sobra conocidos por todos y que, francamente, no necesitan presentación.Los tres hermanos han quedado en reunirse en la casa de Julián para tratar el asunto de qué hacer con el padre viudo de este familiar trío, un hombre casi nonagenario cuya cabeza ya no es la que era y que cada vez necesita más cuidados.La personalidad neurótica de Julián, el perfeccionismo insufrible de Natalia, la falsa modestia y arrogancia de Víctor, unido al afán de los tres hermanos por las mentiras o, al menos, por las medias verdades, construyen una trama en la que la reunión se va posponiendo, y en la que el motivo de la misma pierde importancia cuando Julián, actor fracasado se entera por Natalia, prestigiosa catedrática y traductora, de que Víctor, enchufado y vago enchufado en el despacho de abogados de su suegro, ha escrito una novela.La química entre los cuatro actores es perfecta, con un guion (también firmado por Cesc Gay) que da la sensación de que permite volar a sus personajes añadiendo líneas de su propia cosecha, dado que la forma de relacionarse entre los cuatro actores es tan real que en ocasiones parece que estemos ante una cámara oculta disfrazada de comedia teatral.53 Domingos, además de estar interpretada magistralmente por los ya nombrados actores, resulta curiosa en este aspecto del reparto porque son solo estos cuatro actores los que aparecen en la película, con la contada excepción de algún extra sin línea de diálogo que solo aparece por ahí cuando se presenta a cada uno de los personajes en una única escena.En ese sentido, y en el hecho de que toda la película, salvedad de las ya mentadas escenas de presentación, transcurre en el modesto piso de alquiler en el que viven Julián y Carolina, hace que estemos ante una película que toma prestados aspectos del teatro, con una acción dividida en cinco actos (principio, las tres reuniones de los hermanos y el final de la película) en los que la cámara sigue a los personajes allá donde van, entre la cocina, el baño y la sala de estar del mencionado piso.Ello convierte la dirección de Cesc Gay en algo muy cotidiano pero por ello banal, pues no resulta nada fácil dirigir una película de corta duración con una trama igualmente cotidiana sobre cuestiones universales y personales que todos hemos vivido o viviremos y que el resultado apruebe con nota.Pero tampoco debe de extrañarnos que esto sea así, no cuando estamos ante Cesc Gay, director de la maravillosa Truman, en la que ya trabajó con Javier Cámara al igual que Sentimental, películas todas ellas marcadamente autorales en las que el director se mueve como pez en el agua.La fotografía, que acompaña a toda la cotidianeidad que impregna la película y que da esa impresión de escenario teatral, es obra de Andreu Rebés.En lo relativo a la banda sonora, llevada a cabo por Arnau Bataller, tenemos temas de Andrés Calamaro, Nacho Vegas, Zahara y otros que combinan pasado y contemporaneidad logrando que el espectador entre en una trama en la que precisamente las relaciones familiares pretéritas no cultivas en el pasado más reciente, hacen del presente un lugar inhóspito que aunque se muestre a través de una ácida comedia, no es nada fácil de habitar.Finalmente, no puedo terminar esta crítica sin hacer referencia, en esta ocasión a que la película podemos encontrarla en Netflix, siendo de reciente estreno en la plataforma, aspecto que en esta ocasión no me parece banal, puesto que creo que, precisamente, es para este tipo de cine para el que las plataformas de streaming mejor se pueden aprovechar. Y es que, además de para ver películas que cada plataforma compra o tiene en propiedad y que han sido en algún momento estrenadas en cines, son ideales para ofrecernos películas que quizás por lo pequeño de su propuesta no están pensadas par ser estrenadas en salas de todo el país, encontrando aquí su sitio.