Comprar tiempo

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El cierre de una juguetería centenaria en la Plaza Mayor no es solo el final de un negocio, alcalde. Es algo más profundo y desde luego irreparable. Se trata de la desaparición de un vínculo. Durante más de un siglo, ese local no vendió únicamente objetos, sino una forma de estar en el mundo. Allí no se compraban solo juguetes, sino tiempo. El tiempo de la maravilla de elegir, de preguntar, de dejarse aconsejar por alguien que conocía a sus clientes por el nombre, y por su historia. Los cronistas urgentes lo llaman épocas presenciales, pero es el tiempo lo que aquí importa, el tiránico itinerario del tiempo. Nos gusta pensar que lo importante permanece. Nos agrada que ciertos lugares,... Ver Más