Dice Georges Didi-Huberman que, si exigimos a las imágenes «toda la verdad», inevitablemente nos decepcionarán: no son más que fragmentos arrancados, restos de películas. La coreógrafa estadounidense Martha Graham quedó impactada ante las imágenes de la Guerra Civil Española, pero también comprendió que la foto fija no podía dar cuenta de lo que quedaba fuera del encuadre: la respiración entrecortada, el desgaste del cuerpo, la persistencia del miedo... En respuesta, creó en 1937 'Immediate Tragedy' y 'Deep Song' (título inspirado en el 'Poema del Cante Jondo' de 1931 de Federico García Lorca), dos piezas en las que el dolor dejaba de ser imagen para convertirse en movimiento. Lola Lasurt (1983) se siente interpelada por ese legado y propone 'Ensayo para Deep Song', una traslación de la danza a la pintura y del archivo al cuerpo. Lo que le interesa es comprender «cómo una artista se aproxima a un tema que no le es propio» y llevar esa implicación a su propia práctica, pero también reflexionar sobre el cambio en la visualización de la violencia. Si los años treinta se caracterizaron por la creciente circulación de imágenes de guerra en la prensa internacional, hoy el régimen visual ha mutado con la tecnología y la retransmisión en directo. Frente a la idea de una posible insensibilización, el presente nos sitúa ante una hiperconciencia paralizante. En este contexto, el proyecto aborda con una estética y conceptualización singular, cuestiones urgentes: cómo traducir el flujo incesante de la pantalla a experiencia física y de qué maneras procesar, desde el cuerpo, el impacto de una guerra. La obra se articula espacialmente en tres grandes frisos pictóricos de tamaños y disposiciones diferentes. El primero, de ochenta metros de largo, descompone la coreografía completa de 'Deep Song' mediante los gestos de una bailarina. Aunque la instalación de estructuras metálicas perimetrales recuerda a otras muestras recientes en la Sala de Bóvedas (Fuentesal Arenillas e Itziar Okariz), aquí funciona especialmente bien porque acentúa su sentido cinematográfico y la polaridad fragilidad-resistencia. El segundo, 'Las caídas', se despliega en tiras suspendidas que descienden en vertical, reforzando la idea de desplome del cuerpo. El tercero, 'Las cargas', está hecho a escala humana y habla del peso que la mujer es capaz de soportar durante el conflicto. Junto a los frisos, un vídeo recoge la parte más experimental previa a los dibujos. Antes de pintar, Lasurt baila. Recupera así una metodología que remite a prácticas renacentistas, cuando los pintores escenificaban las acciones para comprenderlas desde dentro. Solo después, cuando el gesto ha dejado una huella kinestésica, pasa a la tela. El proyecto comienza en 2019 (gracias a la Beca Leonardo de BBVA), con la artista bailando al ritmo de las noticias de la pandemia, y se prolonga hasta 2025, incorporando otros conflictos como Ucrania o Gaza, cuya materia atraviesa el cuerpo y lo conecta con la vulnerabilidad de otros. La investigación teórica se condensa en un libro que expande la obra en varias direcciones: desde el cante jondo recuperado por Lorca y Falla hasta una revisión de la Guerra Civil desde el punto de vista de las milicianas y fotoperiodistas, atendiendo a figuras como Gerda Taro o Kati Horna.