“Todos los cadáveres, excepto el de mi hijo, estaban amontonados en el patio, con los ojos vendados, la ropa hecha jirones y las manos atadas a la espalda. Incluso las manos de las dos niñas estaban atadas. Los cuerpos estaban acribillados a balazos. El cuerpo de mi hijo estaba tumbado boca abajo. Le habían disparado en la nuca”. Así describe un pastor fulani de 41 años la escena que encontró un día después del ataque de los Voluntarios para la Defensa de la Patria (VDP), milicias civiles aliadas del Gobierno de Burkina Faso, contra un asentamiento a unos cuatro kilómetros de la aldea de Bassé, en el oeste del país, a finales de noviembre de 2023. En el patio de la casa de su familia había 11 cadáveres: entre ellos, cinco mujeres de entre 20 y 67 años, tres niños de entre 4 y 13 años, y el de su hijo, de 18 años.Seguir leyendo