Carolina Robles: «Hay que sancionar de por vida a los que se dopan»

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Se llama Carolina Robles (Sevilla, 34 años) y acaba de demostrar que el talento no entiende de especialidades cerradas. De las rías del 3.000 obstáculos , donde rozó la élite europea y defendió los colores de España en dos Juegos Olímpicos, ha saltado con decisión al maratón, como quien decide que su cuerpo pide horizontes más amplios. Doble campeona de España de cross, reciente triunfadora en su debut maratoniano con título nacional incluido, la sevillana conversa con ABC sobre una carrera que no ha dejado de reinventarse: de las zancadas técnicas entre obstáculos al sufrimiento puro y duro del fondo, siempre con la misma sonrisa andaluza y la misma hambre de quien sabe que aún le queda mucho por correr. Acaba de saltar al maratón… ¡y campeona de España! Sí. Y yo tenía vértigo. Pensaba «no sé qué me voy a encontrar aquí: es mi primera vez». Estoy muy contenta porque no me esperaba hacerlo tan bien. El suyo es un largo camino como atleta. Pues sí. Comencé en el atletismo con siete años. Madre mía, qué precocidad. Sí. Yo vivía en El Trébol, una barriada de clase baja, de gente muy desfavorecida, aquí en Sevilla. Luego nos mudamos a Montequinto, en Dos Hermanas, y ahí comencé, en una escuela de atletismo del Ayuntamiento. ¿Y dónde se entrenaban? Lo curioso es que yo me he estado entrenando por las calles de mi barrio y en parques durante 20 años… siempre. ¿Sin pisar una pista? Yo hacía las series y el 'fartlek' (cambios de ritmo) por las calles de mi barrio. Y también había una pista pequeñita, de 230 metros, amarilla, de albero. Pero la quitaron para hacer un campo de fútbol. ¿A qué edad se dio cuenta de que era buena corriendo? Pues a los diez años ya ganaba carreras populares en mi categoría. Y es que ganaba a los chicos. Entraba en meta la primera de mi edad, chicos y chicas.Y recuerdo que en aquel momento ya pensé: «igual un día puedo ir a los Juegos Olímpicos». Su salto de calidad supongo que viene cuando comenzó a entrenarse con Antonio Serrano… Sí. A él le sorprendía lo que había logrado con los entrenamientos que hacía. «Estás haciendo muchas cosas mal», me dijo, «y tienes mucha calidad». Con él empecé a hacer más kilómetros y también trabajo de fuerza. Yo me organizaba mal, a veces me dormía a las tres de la mañana, comía mal, no iba al fisio, no estiraba. Pero usted vive en Sevilla y su entrenador en Madrid. Sí, yo estoy a gusto así. Tengo mis rituales, mis rutinas, voy centrada, en modo 'zen', miro mi reloj, mis pulsaciones. Esto de entrenar sola me ha hecho fuerte. Con Antonio hablo con mucha frecuencia. ¿Cómo ha sido de golpe esta decisión de saltar al maratón? Me apetecía mucho y sentía que lo podría hacer bien. Realmente nunca he sido buena en la técnica de los 3.000 metros obstáculos. Es verdad que nos la hemos jugado, tuve lesiones y he preparado este maratón en sólo tres meses. Campeona de España en su debut… y si ha corrido en 2h24 con poca preparación, eso indica que hay margen de mejora. Sí, sobre todo porque me falta adaptación al maratón y que el metabolismo se acostumbre a un mayor uso de grasas. Creo que puedo bajar este crono. En las mujeres, es importante que no coincida el día del maratón con la menstruación. Sí. Ahí tuve suerte. No me pilló la regla porque ahí puedes perder un tres por ciento de rendimiento. Soy bastante regular, cuido la composición corporal y la alimentación. ¿Es vegetariana, verdad? Sí. Ovovegetariana. ¿Por salud o por ideología? Por temas ideológicos. Vi un documental que me impresionó. Primero dejé la carne, luego el pescado y, más tarde, los lácteos. Eso fue hace siete años. Y me sentó bien. Perdí grasa, me cambió el cuerpo para bien, perdí volumen y músculé más: me veía con más energía. Me influye también que soy amante de los animales, como mi madre. Y si me encuentro un perro abandonado, lo persigo hasta encontrarle una asociación o una protectora. Intento echar un cable a cualquier animalito. Pienso que cada vida importa. Y podemos hacer un mundo mejor si todos echamos un cable a un animal desamparado. ¿Cuál es su alimento favorito? La tortilla de patata. Y odio los guisantes, los saco del plato. ¿Ahora vive ya del atletismo? No. A día de hoy todavía no puedo vivir de lo que gano como atleta al cien por cien. Soy además entrenadora y llevo un grupo de jóvenes que ha crecido mucho. No estoy totalmente centrada en correr. ¿Cuál es su objetivo para el maratón de los Europeos de este verano? Me gustaría estar entre las ocho primeras. En el maratón ¿es partidaria de correr más rápido la primera mitad o la segunda? La segunda. Hay que salir conservadora. Si sales fuerte, generas más lactato y eso te pasa factura al final. ¿Sufrió en este primer maratón? Pues hasta el kilómetro 35 no me dolieron las piernas. Trato de no pensar en nada, lo que yo llamo estado de 'flow', me centro en el ritmo, en mi cadencia de piernas y en los avituallamientos. Me decía: «aguanta, aguanta». ¿Cuál es la tirada más larga que ha hecho? 34 kilómetros. La hice cerca de La Cartuja, un día que había partido del Betis, había muchos aficionados y encima tuve que ir esquivando gente todo el rato. Hacía calor, mucha soledad… ese día sufrí más que el día del maratón. ¿Y la semana de máximo kilometraje? 175 kilómetros. Jamás había hecho tanto. ¿Ha hecho la dieta disociada, vaciar carbohidratos y cargar en los tres últimos días? Sí. No vacié del todo pero la hice, sí. Y me costaron esos tres días bajos de hidratos. ¿Qué piensa cuando ve que aparecen casos de dopaje? Me enerva mucho el dopaje. Quita muchas oportunidades, becas, patrocinios… esta gente tiene que tener sanciones mucho más duras. Soy partidaria de sanciones de por vida. Eso de volver a los dos años no me gusta, porque les merece la pena hacer trampas.