El termómetro de la torrija para medir los precios: el postre que concentra todas las subidas posibles

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La torrija, el postre por antonomasia de la Semana Santa, aglutina en todos sus ingredientes los peores impactos del conflicto de Irán al estar elaboradas con las materias primas que más están sufriendo la subida de precios durante el último mes. La receta de este manjar de Pascua es tan sencilla como cara se está convirtiendo la adquisición de esos productos, que ya sirven como un auténtico test para comprobar la evolución de la inflación en España: pan, huevos, leche, azúcar y aceite de oliva. Este termómetro está sirviendo para comprobar cómo los graves acontecimientos que están sucediéndose a miles de kilómetros también impactan en el paladar de los ciudadanos españoles. El cierre del Estrecho de Ormuz, la paralización de determinadas fábricas o los problemas de la logística marítima están condicionando el coste de muchos de los alimentos, en general, y los que se usan para las torrijas, en particular. Hay cultivos que se encuentran mucho más expuestos a las consecuencias de la guerra de Irán que otros. Y aquí, los cereales de invierno son los que más sufren los envites de la deriva en la que se encuentra el mercado. El trigo y la cebada necesitan entre tres y cuatro pases de maquinaria por sus campos en esta época del año porque se encuentran en plena cobertura nitrogenada de esos cultivos. Al tener que realizar un uso más intensivo de esa maquinaria , los agricultores tienen que destinar más dinero a pagar el gasóleo con el que funcionan estas máquinas. Y esa realidad se reflejará en el coste de productos como la harina o el pan , entre otros muchos. Además, este tipo de cereales con el que se fabrica el pan de torrijas necesitan en estas semanas el mayor uso anual de herbicidas o fungicidas, según analizan en COAG para ABC. Productos que, casualmente, también son los que más están subiendo de precio por el conflicto de Irán. Muchos de esos bienes proceden de los países del Golfo Pérsico, cuyo comercio se encuentra ya prácticamente un mes paralizado. En el caso de la remolacha azucarera , este producto también se encuentra en pleno uso de maquinaria y de fertilizantes en esta época del año. Más allá del impacto que está teniendo el combustible y los productos agrícolas, para elaborar una exquisitas torrijas hace falta dos de los alimentos que más han subido de precio en los últimos meses. Por una parte los huevos , cuyo incremento anual de coste se sitúa ya en el 30%, según las últimas referencias del Instituto Nacional de Estadística (INE). El huevo está sufriendo una escalada de precios no solo por la parte de la oferta, condicionada por circunstancias excepcionales como la gripe aviar de determinadas zonas del mundo. Sino, sobre todo, por la alta demanda de este producto que realizan los españoles. El huevo ha dejado de ser un alimento básico para transformarse en un manjar por su alto valor protéico, cada vez más demandado por deportistas y cocineros en todo tipo de recetas. En el caso de la leche , la subida de su precio se encuentra por encima del 9% en los dos últimos años, convirtiéndose en otro bien de consumo básico cuyo coste es cada mes más elevado. La única gran excepción a esta inflación de los alimentos la está protagonizando el aceite de oliva. Después de que en la anterior crisis derivada de la guerra de Ucrania el litro de aceite llegara a venderse por encima de los 10 euros en algunos meses del año, su coste actual se encuentra muy por debajo, con medias que van de los tres a los cuatro euros por litro. Por tanto, para utilizarlo y cocinar torrijas, sirve perfectamente sin tener que suponer un gasto adicional para el bolsillo. Hay una razón económica clave que explica esta evolución bajista: se trata de la meteorología. Las sequías que padeció España de 2022 a 2024 provocó que la producción de aceituna bajase drásticamente y el producto se encareció. Sin embargo, ahora la situación es distinta después de un buen invierno de lluvias con una primavera que se espera idónea para tener una capacidad de producción óptima de cara a la recogida del fruto, que se realiza a partir de noviembre de cada año.