El gigante extinto que llevaba 9.000 años congelado y que permitirá clonar a su especie es una realidad

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Entre las estepas heladas de la región de Verjoyansk, el permafrost ha funcionado durante milenios como una inmensa cámara frigorífica natural. Un bisonte del Holoceno, fallecido hace unos 9.000 años, ha emergido de ese hielo con un grado de conservación que los investigadores consideran excepcional. El hallazgo abre una posibilidad que hace apenas una década parecía reservada a la ciencia ficción.Lo que diferencia a este ejemplar de otros restos fósiles encontrados en Siberia es la calidad de sus tejidos blandos. Piel, pelaje, musculatura e incluso el cerebro se han mantenido reconocibles tras nueve milenios bajo el hielo. Para los paleontólogos, ese nivel de preservación convierte al espécimen en candidato para técnicas de recuperación genética que ya se ensayan con otras especies desaparecidas.La carrera por la desextinción se ha acelerado en los últimos años. Empresas como Colossal Biosciences aseguran estar cerca de devolver al mamut lanudo. El bisonte siberiano se suma ahora a esa lista con una ventaja: la integridad de sus restos.Un hallazgo entre montañas y hielo eternoEl ejemplar apareció durante el verano de 2022 en la zona comprendida entre la cordillera de Verjoyansk y los montes Cherski, en plena estepa rusa. Un particular lo donó de forma desinteresada al Museo del Mamut de la Universidad Federal del Noreste (NEFU), con sede en Yakutsk, una institución que alberga una de las colecciones más importantes del mundo en fauna del Pleistoceno y el Holoceno.Los análisis preliminares indican que se trata de un individuo joven, de entre 1,5 y 2 años de edad. Del animal se recuperaron la cabeza, las extremidades anteriores y parte del pecho, lo que proporciona material genético valioso para un estudio en profundidad. El estado del pelaje y la piel llamó la atención de los especialistas porque rara vez se conservan tejidos blandos durante periodos tan prolongados.Según publica UrbanTecno, la edad geológica del espécimen coincide con la de otros bisontes descubiertos en la misma región entre 2009 y 2010, lo que apunta a que Verjoyansk fue un hábitat estable para esta especie durante miles de años. Las técnicas aplicadas hasta ahora van desde análisis tomográficos y morfológicos hasta un escaneado tridimensional completo del cuerpo, con la colaboración de varias instituciones científicas del país.Del laboratorio al sueño de recuperar lo perdidoLa autopsia del bisonte permitió extraer muestras de tejido muscular, piel, lana y cerebro. Cada una de estas muestras podría contener secuencias de ADN aprovechables para reconstruir parte del genoma del animal, un paso previo necesario antes de cualquier intento de clonación. Otros laboratorios rusos colaboran ya con los proyectos de desextinción que se llevan a cabo con fauna del Pleistoceno.Maxim Cheprasov, director del Museo del Mamut, ha declarado que los materiales seleccionados podrían servir para clonar al bisonte en el futuro. Esa declaración no es un caso aislado: en los últimos meses, varias instituciones han anunciado avances similares con lobos extintos del Pleistoceno y con el dodo. La diferencia con el bisonte siberiano radica en que los tejidos blandos permanecen casi intactos, lo que evitaría la necesidad de rellenar huecos genéticos con ADN de especies emparentadas.El camino entre un espécimen bien conservado y un animal vivo es, con todo, largo e incierto. Ni siquiera con el ADN más completo se garantiza que un proceso de clonación funcione: habría que encontrar una hembra de bisonte europeo o americano capaz de gestar el embrión, y resolver cuestiones éticas que la comunidad científica apenas ha empezado a debatir. ¿Tiene sentido invertir millones en recuperar una especie que desapareció hace milenios cuando centenares de animales actuales se acercan a la extinción? Mientras tanto, el bisonte de Verjoyansk descansa en un laboratorio de Yakutsk, a medio camino entre la muerte definitiva y un improbable segundo nacimiento.