Egipto baja a la tierra a la selección

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Egipto baja a la tierra a selección en una noche que venía con aroma de fiesta en Cornellá. La obliga pisar el suelo, poner los pies en la tierra y salir por unos días del estado idílico en que vive la tropa de Luis de la Fuente. Un choque de España con empate a cero. La selección fue pálida en el primer tiempo y reconocible en el segundo, pero no concretó y se quedó esta vez sin confeti. Un grupo de jóvenes se dirige al Estadio RCDE desde la parte alta de Cornellá. Al llegar a una plaza en las inmediaciones del campo del Español, sus ojos expresan la sorpresa del momento. La glorieta repleta de bares está llena de seguidores con banderas de España. «Esto no lo había visto en Cataluña», dice uno de los chavales. En una atmósfera favorable y entusiasta, sin una bandera independista en el recinto, la selección se mide a Egipto con el ruido del portero Joan García de fondo, el único al que se pita en la presentación de los equipos como exportero que traicionó la causa del Español. Una atmósfera también estúpida y xenófoba por parte de un sector de la grada, que desde bien temprano empezó a entonar un cántico deplorable. «Musulmán el que no bote, eh», chilló un grupo reducido de la parroquia, que fue secundado por una minoría. La megafonía avisó en el descanso que cesaran esos mensajes reprobables. El amistoso es un experimento para Luis de la Fuente. Ensaya con los suplentes, solo Lamine Yamal en la nómina de titulares. En la portería, como estaba cantado, David Raya, una defensa nueva con Mosquera muy dubitativo y Pedro Porro con exceso de fogosidad. Por el centro del campo Carlos Soler en el eje, Fornals de volante y Dani Olmo en el avanzado. Ninguno se ganó el derecho a discutir su plaza a futbolistas con más empaque y mejor toque, más técnica, más fluido todo, como Pedri, Rodri o incluso Fermín por delante de Olmo. Y en la delantera, Barrenechea con mucha soltura, desparpajo para desbordar y buenos centros. Ferran y Lamine, habituales en la selección, brillante en el primer tiempo Yamal con sus regates, desbordes y pases con el exterior. Sucedió que Egipto, un país con plaza en el Mundial, jugó sin miedo, con un descaro sobresaliente, haciendo inútil la habitual presión eficaz de España en campo contrario. Buena técnica de los africanos, paciencia en la elaboración y plan de amenaza en ataque. España suele gobernar los partidos a partir de una posesión del balón muy superior, pero Egipto le robó el balón, lo manejó con criterio, buscó el ataque y propagó su espíritu con la mejor ocasión de la primera parte: un gran disparo de Marmoush que repelió el poste. Buscó y mereció el gol Egipto, avances enlazados desde atrás, poca rifa de la pelota, siempre en posición de permitir jugar al hombre libre. Su control del partido creció con el paso de los minutos y obligó a De la Fuente a dejar señalados a Fornals, Soler y Olmo, sustituidos por Rodri, Pedri y Fermín. España había perdido la hegemonía con un agujero notable por el centro del campo. Con Rodri, Pedri y un exuberante Fermín en el césped, el partido gira inevitable hacia España. Rodri y Pedri cambian la dinámica de cualquier duelo, trastocan campeonatos, deciden títulos. Y Fermín ha entrado en su onda óptima y se muestra incontenible, arranques de pura potencia, combinados con calidad y llegadas al área. Con su uniforme reconocible, la selección se siente cómoda, presiona con la confianza de que el balón le hará caso, se someterá a la voluntad de Pedri y Rodrigo. Ha entrado Víctor Muñoz, con cara de seleccionable para el Mundial, incisivo y rápido por los dos costados. Egipto ya solo amenaza en contragolpes. Los cánticos xenófobos han cesado. La segunda mitad es una sucesión de ocasiones para la selección, cuyo caudal de juego se abastece por todos los flancos. La tiene Fermín por dos veces en el área, también Pedri solo ante el portero Shobeir, que se erige con sus paradas en el héroe egipcio. La selección se enrabieta y quiere, no parece un amistoso, hay tarjetas, pérdidas de tiempo, camillas, lesionados y hasta un expulsado . Egipto también sabe protegerse, aunque la impresión es que el gol debe ser cuestión de tiempo. A España le ha cambiado la cara y muestra variedad de registros para superar a su rival. Grimaldo chuta una falta al larguero, se suceden los saques de esquina, Fermín aprieta, pero el gol no llega. España y el público de Cornellá se quedan esta vez con las ganas.