Cornellá se mancha de racismo: «Musulmán el que no bote»

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España estuvo 18 años sin pisar Cataluña , y en cuatro años ya lo ha hecho dos veces. La anomalía se rompió en un amistoso ante Albania y, en el mismo escenario, el RCDE Stadium, se consolidó algo tan simple como que la selección nacional juegue en la segunda comunidad autónoma más poblada. No es habitual ver tantas rojigualdas por metro cuadrado en la ciudad condal, pues los años de independentismo impusieron un manto oficial de la vergüenza a todo lo español que está cayendo por su peso. La ocasión lo merecía y los aledaños de Cornellà-El Prat fueron una fiesta desacomplejada. Los cánticos que parecían solo permitidos el 12 de octubre sonaron con fuerza y superaron el umbral de parcial intensidad de apenas un amistoso. En el España-Albania de 2022 este fue un escenario ejemplar, según expresó también Luis Enrique, y la Federación ha vuelto a señalarlo como idóneo. ¿Estaba el Barça en esa pugna? ¿Acaso interesa al club culé acoger a España? El último encuentro que jugó la Roja en Can Barça nuestro país apenas había ingresado en la OTAN. Al anuncio de los suplentes por megafonía Joan García fue sonoramente silbado, con algunos aplausas con clara intención de contrarrestar, con éxito cuestionable. Un emocionante, pues representa la consolidación del fin de una era de censura, coro de voces orgullosas, compendio atomizado de banderas españolas con escudos del Betis, Atlétic, Numancia, Espanyol... cantó el himno celebrando la libertad de poder animar a su país en su casa. A pesar de la fiesta, hubo actitudes de lo más reprobables. El himo egipcio fue silbado hasta silenciarlo en sus primeros segundos, y la posible razón pudo hacerse evidente hacia el minuto 10, cuando parte de Cornellà coreó «musulmán el que no bote» -repetido en el 22-. Pese a todo ello, el colegiado no detuvo el juego en aplicación del protocolo de insultos y contra el racismo. Al descanso la megafonía lanzó un aviso de cese de «cánticos ofensivos desde la grada». El odio de un grupo no mayoritario pero sí numeroso estaba manchando una noche diseñada para el orgullo y la celebración. Las gradas lucían llenas, a niveles rara vez vistos en los partidos de los periquitos, y durante el encuentro se sucedieron cánticos de todo tipo. Desde abiertamente patrióticos («Gibraltar es español»...) a estos directamente racistas pasando por irreproducibles recuerdos al presidente del Gobierno y reclamos de prisión para el fugado Puigdemont. El trato que se le da a Lamine Yamal cuando visita este feudo de azulgrana fue esta vez inverso: del insulto visceral al clamor de la idolatría ante las incansable filigranas solo permitidas en amistosos. Lo que eran recriminaciones por lanzarse a la piscina esta vez eran reclamos a ciegas de infracción.