Nvidia acelera su apuesta por el coche autónomo y se acerca al terreno de Tesla

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Nvidia suele aparecer en conversaciones sobre chips, tarjetas gráficas y centros de datos, no sobre coches. Por eso llamó la atención que su CEO, Jensen Huang, utilizara CES 2026 en Las Vegas para anunciar que la compañía está acelerando el desarrollo de software y tecnologías para conducción autónoma apoyándose en los modelos de IA llamados Alpamayo. En una feria donde cada marca compite por el titular más llamativo, este movimiento destaca por una razón sencilla: Nvidia no quiere fabricar automóviles, quiere convertirse en la “capa inteligente” que muchos vehículos usarán para ver, decidir y moverse.La lectura industrial es clara. Tesla ha defendido un enfoque muy cerrado: controla su hardware, su software y el despliegue de sus funciones de Full Self-Driving dentro de su propio ecosistema. Nvidia, en cambio, busca lo contrario: ofrecer una plataforma de IA para automoción que puedan adoptar varias marcas a la vez. La diferencia se parece a lo que ocurrió en los smartphones: unas compañías apostaron por sistemas cerrados, otras por licenciar una base tecnológica y crecer a través de socios. No es una comparación perfecta, pero ayuda a entender por qué el anuncio ha despertado el debate sobre si Nvidia puede terminar compitiendo con Tesla en el terreno de la autonomía, aunque no venda ni un solo coche con su logo.De vender músculo de cálculo a vender “cerebro” para el vehículoEl auge de la inteligencia artificial ha disparado la demanda de productos de Nvidia para entrenar y ejecutar modelos, y la compañía quiere trasladar esa ventaja al mundo del motor. Aquí la palabra clave es infraestructura: para que un coche se conduzca solo, no basta con un buen algoritmo. Hace falta un enorme volumen de datos, potencia de cálculo para entrenar modelos, simulación para ensayar situaciones peligrosas sin poner a nadie en riesgo y, luego, hardware capaz de ejecutar todo eso a bordo del vehículo con latencias bajísimas.Nvidia plantea precisamente ese paquete. En vez de vender una “función de piloto automático”, ofrece el equivalente a una cocina completa: fogones, horno, utensilios y recetario. Los fabricantes pueden cocinar su propio plato, adaptarlo a su marca y decidir cuánto sirven al cliente final. En el fondo, esta estrategia permite que el éxito de Nvidia no dependa de una sola flota, sino de muchas a la vez, algo que explica por qué se la empieza a mirar como un rival indirecto de Tesla en el negocio de la autonomía.Qué hay detrás: modelos Alpamayo, DGX y la simulación como escuela de conducciónNvidia sitúa el entrenamiento de sus modelos en su plataforma NVIDIA DGX, pensada para desarrollar IA a gran escala. El mensaje es que la compañía ya domina el “gimnasio” donde se ponen fuertes los modelos: grandes granjas de cálculo entrenando redes neuronales con datos masivos. La promesa para automoción se apoya en un elemento que, dicho en lenguaje cotidiano, funciona como una autoescuela infinita: la simulación.Entrenar vehículos autónomos solo con conducción real es lento, caro y arriesgado. La simulación permite recrear miles de escenarios: un peatón que aparece entre coches aparcados, un ciclista que gira sin señalizar, lluvia que confunde sensores, obras con marcas temporales en el asfalto. Es como practicar un partido de fútbol una y otra vez cambiando el viento, el árbitro y el estado del césped, hasta que el equipo aprende patrones y respuestas. Nvidia afirma que su enfoque combina datos del mundo real con entornos simulados para acelerar el aprendizaje del sistema.La empresa también ha enfatizado públicamente el peso de la seguridad en su desarrollo, llegando a comunicar que sus ingenieros acumulan un volumen de horas de trabajo equivalente a 15.000 años en este campo, una forma muy “de feria tecnológica” de transmitir que no se trata de un experimento improvisado. Esa cifra aparece en su comunicación corporativa sobre seguridad en vehículos autónomos, y su intención es evidente: convencer a socios y reguladores de que hay método, procesos y validación detrás del discurso.DRIVE Hyperion y un ecosistema que quiere ser estándarEn el corazón de la propuesta se encuentra DRIVE Hyperion, un ecosistema que reúne hardware y software orientado a coches, camiones y robotaxis, junto con herramientas de simulación, sensores y tecnologías de mapeo. La apuesta de Nvidia no es solo técnica, también comercial: si suficientes fabricantes adoptan su plataforma, se convierte en una referencia de facto, un “idioma común” para desarrollar autonomía.Este enfoque contrasta con Tesla. Mientras la marca de Elon Musk se apoya en su integración vertical y en su base de vehículos para recopilar datos, Nvidia se apoya en su capacidad de suministrar la columna vertebral computacional para muchas marcas a la vez. Si varias flotas crecen sobre la misma base tecnológica, Nvidia puede escalar más rápido en alcance, aunque su relación con el usuario final sea invisible. Sería el equivalente a que mucha gente use el mismo motor en coches distintos: el conductor quizá no lo piense, pero ese componente decide buena parte del rendimiento.Alianzas y robotaxis: la comparación inevitable con TeslaEl foco en robotaxis hace que la comparación con Tesla sea inmediata. La compañía de Musk ha ido vinculando su narrativa de crecimiento futuro a la autonomía y a servicios de transporte sin conductor. En paralelo, en Estados Unidos ya operan servicios de robotaxi de otras empresas en determinadas ciudades, con Waymo como uno de los nombres más mencionados por su despliegue. En ese contexto, el atractivo de Nvidia para la industria es que puede convertirse en el proveedor tecnológico para varias iniciativas a la vez.En el texto de referencia se menciona una alianza relacionada con robotaxis que involucra a Lucid, Nuro y Uber, ejemplo de cómo Nvidia busca socios para multiplicar presencia. Si ese tipo de acuerdos fructifica, la flota potencial conectada a tecnología de Nvidia podría superar en número a despliegues más limitados geográficamente. Es un punto importante: en autonomía, el “quién llega primero” pesa, pero también pesa el “quién llega a más lugares con más socios”.La gran piedra en el camino: seguridad, regulación y confianza públicaLa seguridad es el filtro que lo decide todo. Por brillante que sea un modelo, los incidentes reales moldean la percepción pública y aceleran la intervención regulatoria. En los últimos años ha habido episodios que han marcado la conversación. Waymo realizó una retirada del mercado (recall) tras un incidente en el que un vehículo pasó de forma indebida junto a un autobús escolar detenido, según comunicados recogidos en medios y reportes asociados a autoridades. La National Highway Traffic Safety Administration (NHTSA) ha investigado sistemas de asistencia a la conducción y conducción automatizada, incluyendo casos vinculados a Tesla por comportamientos como saltarse semáforos en rojo o infringir normas, de acuerdo con información publicada en 2025. También se recuerda el caso de 2023 de Cruise, cuando un robotaxi golpeó a un peatón y lo arrastró, un episodio que dañó con fuerza la confianza en el sector.Estos hechos funcionan como un recordatorio: un coche autónomo no se evalúa como una app que se actualiza y ya está. Se evalúa como un sistema que comparte espacio con personas, y donde un fallo raro puede tener consecuencias graves. Es como un ascensor: puede funcionar bien millones de veces, pero la sociedad solo tolera un porcentaje de error extremadamente pequeño.Para Nvidia, el desafío es doble. Primero, demostrar que su tecnología no solo “conduce”, sino que lo hace con consistencia y con criterios claros de seguridad funcional. Segundo, conseguir que fabricantes, operadores de flotas y ciudades confíen en integrar y desplegar estas soluciones. Los datos que citan algunos bufetes y recopiladores sobre incremento de accidentes con vehículos autónomos desde 2021 alimentan el debate, aunque en este terreno las estadísticas suelen ser complejas: importan el tamaño de la flota, los kilómetros recorridos, el tipo de vía, el nivel real de autonomía y el modo de reporte. Aun así, el impacto mediático de cada incidente pesa tanto como cualquier gráfico.El contexto financiero: el auge de la IA y la pregunta incómoda del cicloHay otro ángulo que planea sobre la jugada: Nvidia ha sido una de las grandes beneficiadas por el auge de la IA generativa y el entrenamiento de modelos a escala. El artículo original menciona una dinámica que algunos analistas discuten: Nvidia invierte en startups de IA y, a su vez, muchas de esas compañías compran infraestructura de Nvidia para operar, lo que crea un circuito virtuoso mientras el mercado crece. La incógnita es qué ocurre si ese ciclo se enfría y el sector entra en una fase de ajuste, con recortes de gasto o consolidación.Llevar la IA al coche puede verse como diversificación, pero también como una extensión natural de su negocio principal: vender computación para tareas cada vez más complejas. Si la autonomía se convierte en un mercado amplio, Nvidia no necesita ganar a Tesla “en coches”; le bastaría con ser la opción tecnológica preferida para una parte significativa de la industria. La paradoja es que, en el automóvil, el listón de responsabilidad es más alto que en otros sectores tecnológicos: no se perdona un “beta” permanente.La noticia Nvidia acelera su apuesta por el coche autónomo y se acerca al terreno de Tesla fue publicada originalmente en Wwwhatsnew.com por Natalia Polo.