Dormir hasta tarde el fin de semana para recuperar el sueño perdido de lunes a viernes podría ser bueno para la salud mental de los menores que se encuentran en esta etapa vital. Así lo afirma, al menos, una investigación de la Universidad de Oregon y la Universidad Médica Ustate de la Universidad Estatal de Nueva York, ambas en Estados Unidos. El estudió encontró que el grupo de jóvenes de 16 a 24 años que recuperaron tiempo el sueño el sábado y domingo tenían un riesgo un 41 por ciento menor de presentar síntomas de depresión que el grupo que no lo hizo. El escenario de adolescentes privados de descanso es muy similar a este lado del Atlántico. Para el doctor Oscar Sans, coordinador del grupo pediátrico de la Sociedad Española del Sueño (SES) y jefe de la Unidad del Sueño del Hospital Sant Joan de Déu de Barcelona, «el mensaje que hay que trasladar a la población es que «los jóvenes deben intentar dormir lo mismo, o muy parecido, de lunes a domingo. Y solo si esto no es posible, se puede descansar más durante el fin de semana, para que no haya tanta comorbilidad (depresión, ansiedad o malestar emocional) en esta etapa vital». Lo que tiene que quedar claro, recalca Sans, «es que el sueño no se recupera y que hay que intentar mantener cierto equilibrio. Porque si un joven duerme de lunes a viernes seis horas y el sábado y domingo doce, la media aritmética no va a ser ocho». Sabiendo esto, prosigue este experto, «lo ideal es que si pueden descansar más, lo hagan, pero no intentar hacer un exceso de horas en el fin de semana, porque si hay una diferencia mayor a dos horas con lo dormido entre semana, se acaba provocando lo que llamamos 'jet-lag social». Esto consiste, explica el doctor, «en que si el adolescente duerme 12 horas y se levanta a las 15:00 pm. en sábado y domingo, todas las actividades del día pasen a realizarse a otra hora. Se levanta, hace deporte, come y se vuelve a acostar tarde. Se hace un cambio de horario tan significativo que es como si, metafóricamente, la persona cogiera un avión y se fuera a pasar un par de días a Nueva York». «la recomendación está bien, pero no se nos puede olvidar que los adolescentes tienen tendencia a ser más nocturnos, más búhos, lo que provoca que se duerman mucho más tarde de lo que les tocaría. Después, está el problema, digamos social, de los horarios de entrada a los colegios o institutos. A esto se le añade el uso que hacen de la tecnología, que normalmente se produce de tarde noche... Las causas son multifactoriales y sabemos que dormir menos horas acaba provocando problemas de salud mental: ansiedad y estrés a medio término, y depresión a largo plazo. La sociedad debería tomarse este asunto más en serio».