A Faride se le pinta el miedo en el rostro cuando recuerda lo ocurrido en la ciudad iraní Tabriz durante la última semana. “Golpes, disparos, muchas detenciones”, dice en voz baja y subrayando sus palabras con los ojos muy abiertos. Ella, su marido y una amiga de la familia, los tres de unos 60 años, acaban de cruzar el puesto fronterizo de Kapiköy, un paso entre montañas nevadas a diez grados bajo cero. Han viajado casi 300 kilómetros en medio del temporal, pero por fin se encuentran en Turquía, lo que significa que, por primera vez en una semana, tienen acceso a internet. Eso es lo que buscan. Seguir leyendo