Por Pablo García Guzmán Cuando cursaba bachillerato, un profesor decidió que la mejor forma de amenizarnos un viernes a última hora era encasquetarnos un documental sobre el futuro de la población mundial. El mensaje era claro: íbamos a ser 10.000 millones, el planeta no iba a dar abasto, y aquello sólo podía acabar en catástrofe. [leer más ...]