Una invitada en casa de E.M. Carroll.Que Una invitada en casa es un cómic que se sale de lo convencional se percibe desde las primeras páginas. Ya en el arranque, E.M. Carroll rompe con la estructuración clásica en viñetas y propone una composición muy llamativa, con una combinación tipográfica singular y un uso del color profundamente expresivo. Sin apenas contextualización, se nos presenta a un caballero andante cubierto de la sangre del dragón al que acaba de vencer. Acto seguido, un fundido a negro da paso a una escena cotidiana resuelta en blanco y negro, con montajes a toda página y un texto que flota sobre las imágenes como si fuera un poema. Desde el principio, la obra se revela tan desconcertante en sus planteamientos estéticos como en su temática.Aparentemente, estamos ante una historia de fantasmas bastante reconocible. La protagonista es una mujer anodina, marcada por una tristeza profunda, que se ha emparejado con un hombre viudo que tiene una hija. La muerte de la primera esposa nunca queda del todo clara y la comunicación entre la pareja parece frágil, llena de silencios y zonas oscuras. De pronto, el fantasma se manifiesta y la protagonista lo acepta con una naturalidad inquietante. Esa presencia no es otra que la primera mujer, que ofrece una versión muy distinta de los hechos: asegura haber sido asesinada por su marido. A partir de ahí, la protagonista comienza a detectar grietas en el relato de su pareja y a descubrir mentiras y contradicciones que ponen en duda todo lo que creía saber.Las apariciones del fantasma y su propia forma de narrar están dominadas por un uso exuberante del color. Como ocurría al inicio, la historia cotidiana en blanco y negro se ve interrumpida por escenas saturadas de color en las que reaparece el caballero andante, avanzando por el bosque, entrando en un castillo o enfrentándose al dragón. En la versión del fantasma, que se presenta como víctima, ella adopta el rol de damisela a la que hay que rescatar, y en ocasiones se muestra literalmente bajo esa forma. Es fácil deducir que el dragón al que hay que derrotar es el marido, supuesto asesino; sin embargo, resulta llamativo que en ningún momento se le represente de manera abiertamente monstruosa o violenta, más allá de sus mentiras y de un relato lleno de inconsistencias.Calificar esta obra como terror obliga a replantearse el propio género. Sí, hay una entidad sobrenatural, pero su presencia se manifiesta de un modo muy distinto al habitual. En primer lugar, no irrumpe como una amenaza, sino como una figura cercana, casi íntima, que la protagonista acoge como a una amiga. Además, esa entidad juega constantemente con la ambigüedad: a veces se presenta como una princesa bella y luminosa, y otras como un ser monstruoso, sin que lleguemos a saber cuál es su verdadera forma. Esa ambivalencia se extiende al caballero andante, que parece ser a la vez héroe y dragón. A lo largo del relato se establece una especie de simbiosis entre todos estos elementos, hasta el punto de que en varios momentos no queda claro quién es quién: quién es el caballero, quién el monstruo y quién la figura que necesita ser rescatada.El tema de las apariencias resulta central en la historia. En un primer nivel, Una invitada en casa puede leerse como un relato con tintes detectivescos e introspectivos: la protagonista necesita averiguar qué ocurrió realmente con la primera mujer de su pareja y, al mismo tiempo, parece arrastrar una pesadumbre indefinida que le impide vivir con plenitud. A medida que avanza la trama, todo parece encajar en un esquema claro: la protagonista como caballero andante, el fantasma como princesa y el marido como dragón. Sin embargo, en las últimas páginas esa estructura se desmorona y se revela que nada era exactamente como parecía. La viñeta final propone una identificación total entre todos estos roles, cerrando el círculo de una manera tan sugerente como perturbadora.Todo ello puede resultar confuso por momentos. No es una lectura sencilla, y tampoco ayuda el hecho de que Carroll disuelva en varias ocasiones la narrativa tradicional del cómic en favor de un tempo más poético. Las imágenes se agrandan, el texto se reduce al mínimo y el peso del relato recae en lo simbólico y lo metafórico, exigiendo al lector una implicación activa y una disposición a aceptar la ambigüedad.No es, por tanto, una obra que vaya a satisfacer a todos los lectores, especialmente a quienes se acerquen a ella esperando una historia de terror convencional. Más que miedo, la sensación que va imponiéndose, sobre todo en su tramo final, es una angustia sorda, acompañada de una cierta incomprensión ante lo que está ocurriendo. Una inquietud persistente que no proviene de sobresaltos ni de amenazas explícitas, sino de la lenta constatación de que las certezas, las identidades y los relatos en los que confiamos pueden ser tan frágiles como engañosos.The post Una invitada en casa, de E.M. Carroll appeared first on La piedra de Sísifo.