Probamos la Honda GB350S, una moto en estado puro

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Con su nueva GB350S , Honda me ha transportado a otra época. Cuando las motos no supuraban electrónica. Cuando conducir era sólo conducir con el puño del gas, el cambio de marchas y los frenos. Cuando no era necesario resolver laberínticos menús ni ser un experto digital para arrancarla. Otra época -ni mejor ni peor-, cuando la relación que existía entre el piloto y su montura era pura y directa , sin chips entre medio. Así me hizo sentir esta GB350S. Cuenta con un equipamiento técnico que se explica en un santiamén: a un motor de un cilindro de 2 válvulas refrigerado por aire, con una cilindrada de 348 cc , le instalaron un bastidor de tubos a acero de simple cuna, unas suspensiones tradicionales, con horquilla de 41 mm y doble amortiguador trasero, y una clásica llanta delantera de radios de 19 pulgadas con un freno de disco de 310 mm. Todo sencillo, resistente, fiable y duradero. La roadster japonesa luce un estilo limpio y simple , protagonizado por ese redondeado depósito de gasolina de acero y su faro delantero circular (la iluminación cuenta con tecnología led). Otros componentes como sus paneles laterales, el guardabarros delantero de resina, el asiento plano de perfil bajo, los fuelles de goma negros en la horquilla y unos elegantes detalles en negro en componentes de la parte ciclo y motor (con sus aletas de refrigeración pulidas), acaban de insuflar a la GB350S ese encanto retro. Y esta apariencia de otra época logra convertirla en una moto preciosa, pintona, que llamará la atención a los más nostálgicos. Este clasicismo continúa con su velocímetro analógico que destaca en el centro de una pequeña pantalla de instrumentos que incluye un indicador digital de marcha engranada, así como consumo de gasolina o autonomía. Como dice la propia marca, «la silueta de la GB350S es la definición misma de una Honda roadster pura y sencilla, que evoca los diseños icónicos del pasado». Honda propone algunos accesorios originales para engalanar y aportar algo de funcionalidad, como alforjas, una variedad de opciones de pantalla parabrisas y defensas laterales de motor. La moto está disponible en colores azul, negro y gris. A bordo, es una moto que genera mucha confianza. No es que sea pequeña y, de hecho, cuando la observas aparcada, ofrece una buena presencia. Pero cuando te subes a bordo notas una tremenda comunión con ella, pues es muy accesible y fácil de gobernar en parado. Yo creo que la mayoría de motoristas se sentirán tranquilos y seguros a bordo. Su altura de asiento es de 800 mm y su arco de pierna es bastante cerrado , así que se apoyan con gran facilidad los pies en el suelo. El peso en orden de marcha es de 178 kg, y se siente una moto ligera de mover. La ergonomía es comodísima, y favorece la clásica postura de espalda erguida y brazos relajados, ideal para disfrutar con muchísimo confort de su conducción . Es la esencia y filosofía de esta moto, diseñada para pasear sobre ella sin estar pendiente de nada más que el viento en la cara y el paisaje que hayamos elegido. Pero que nadie caiga engañado con ella pensando que no ofrece emociones. Su mecánica de carrera larga dispone de 21 CV a 5.500 rpm , ninguna locura, pero tiene su carácter y un par máximo de 29 Nm a 3.000 rpm, entregados principalmente de bajo a medio régimen que lo convierten en una máquina ideal para trayectos diarios. Es una moto de comportamiento tranquilo, parsimonioso, que no ofrece fuertes aceleraciones ni altas velocidades. Es parte de su identidad, y se enfoca a usuarios del A2 que prefieran tomarse sus desplazamientos con calma, sin prisas. Puede alcanzar una velocidad máxima de 120 km/h, por lo tanto permite afrontar esos trayectos de media distancia o en el conurbano con solvencia . Pero es cierto que la mecánica requiere estar jugando con la zona óptima, en medias rpm, para sacarle cada caballo sin que desfallezca. El sonido que emerge del conjunto es de lo más seductor que posee esta moto. Grave, intenso y todo un placer para los sentidos. Su caja de cambios es de cinco velocidades (utiliza relaciones abiertas entre la primera y la cuarta para aprovechar al máximo la entrega de par) y está controlada por un embrague asistido/antirebote, que suaviza la maneta y controla la rueda trasera en frenadas y reducciones. Es ciudad, gracias a esta configuración, prácticamente se puede discurrir usando una única marcha (2ª), como si de un modelo automático se tratara. También dispone de Control de Par Seleccionable Honda (HSTC) que controla la tracción de la rueda trasera aportando confianza. Gracias a su tecnología de baja fricción, el consumo del motor es contenido. En nuestra prueba, pudimos completar casi 350 km con un depósito (15 litros). En marcha, esta moto se distingue por su facilidad de uso y su alta manejabilidad, gracias a su manillar ancho y retrasado, su bajo centro de gravedad y las geometrías de la dirección, que le permiten un ángulo de giro reducido. Es una moto que se desenvuelve a la perfección en trayectos urbanos, ofreciendo mucha maniobrabilidad , pero también emerge como una roadster estable y cómoda para viajes en carretera, gracias en parte a la asociación de la rueda delantera de 19 pulgadas complementada por una trasera de 17. Las suspensiones son sencillas y ajustadas para primar el confort de los ocupantes, principalmente a bajas velocidades. Los dos amortiguadores traseros ofrecen 120 mm de recorrido y llevan carga de nitrógeno para mejorar el control de la amortiguación. Y la frenada, que incluye sistema ABS de doble canal, trabaja con confianza y seguridad. Por 4.590 € , la GB350S es además una moto asequible, y sus bajos costes de mantenimiento la convierten en una atractiva montura tanto para usarla cada día como para disfrutar de su encantador espíritu en alguna ruta con amigos, siempre que se tenga clara su vocación de moto relajada de paseo. Yo creo que en Honda, sencillamente, a alguien le apetecía hacer esta moto. Un modelo que realmente no compite contra ningún otro, una moto que no se disfraza ni alardea de innovaciones o tecnologías superfluas, y que tan solo ofrece lo justo y necesario. Y cuyo único propósito es «parar el reloj» de su conductor, apartarlo de la frenética actualidad y de las prisas cotidianas, y embarcarlo en un viaje nostálgico, atemporal y puro.