Un grupo de amigos guiris viaja desde París a los sanfermines y se suceden las borracheras y los enredos. Sus excesos y broncas transcurren en un escenario, las fiestas de Pamplona, que les enfrenta a la violencia y al vacío existencial que les consume. Hay un chico, el narrador, y una chica que se gustan mucho, aunque lo cierto es que todos están locos por ella. Son bastante diletantes, hijos de papá. Se portan mal. Arrastran algún que otro trauma. No acaban de encontrar un sentido claro a sus vidas y les va mucho la juerga. Esta trama, que serviría para armar una buena historia hoy, es la misma que lleva un siglo enganchando a los lectores de la primera novela de Ernest Hemingway (Chicago, 1899- Idaho, 1961), con la que conquistó a la crítica y reventó las ventas. Fiesta coronó a su autor como figura totémica de la literatura estadounidense en el siglo XX, puso nombre a la desazón que consumía a los jóvenes de entreguerras —“la generación perdida” como les bautizó Gertrude Stein—, y renovó el cliché español para extranjeros. Seguir leyendo