IntroducciónDe la celebración del 25 aniversario de esta Santa Casa, nos quedaba pendiente escribir sobre una de las obras referenciales underground americano, Odio de Peter Bagge.Bagge ha destacado por otras obras en el mundo del cómic pero Odio es su gran aportación, una pieza indispensable para entenderlo como autor. Odio se he ha estado publicando desde los 80, aunque en nuestro país y el grueso de su obra (amén de los mejores momentos) se publicaron en los 90.Esperemos que os guste y que os animéis a acercaros a un tebeo transversal, que suele leerlo gente menos aficionada al medio, no en vano siempre ha sido algo mimada por los medios generalistas.¡¡Vamos allá!!Advertencia para nuevos lectoresOdio es una de las obras más importantes del cómic underground estadounidense. Si no la conoces y quieres adentrarte a ella es bueno que sepas un poco de qué va. La gestión de las expectativas es básica.Cuando hablamos de comic underground hay que tener en cuenta que hablamos de tramas que suelen tratar de forma desinhibida temas tabúes como las drogas, el sexo, al abuso policial y la crítica política más descarnada. Los personajes no suelen ser un dechado de virtudes, más bien al contrario, suelen dejar bastante que desear desde un punto de vista ético y moral. En el caso de Odio, tenemos a Buddy de protagonista, que entre otras cosas, empieza a ganar dinerito como adolescente trapicheando con drogas, para luego serle infiel a su pareja, traicionar a sus amigos, robar, estafar e intentar pegar a su padre.Sin embargo, es el protagonista. Iremos de su mano todo el rato y… no será el peor de los personajes ni mucho menos. Tendremos delincuentes, fascistas, psicópatas, politoxicómanos, trumpistas y, lo peor de todo, estrellas emergentes del rock. Y aún así la maestría de Bagge hará que a muchos les tengamos cariño. Es el contexto que construye el autor. Personajes reales, con motivaciones reales, pero llevadas al extremo. Porque ese es el gran tema de Odio. Un retrato de finales de siglo, de la desasosegante adolescencia en la época Reagan y de la crisis de valores de los noventa en clave de comedia extrema.Bagge es un autor radicalmente divertido, muy gracioso, que sitúa a sus personajes al límite para destruirlos, machacarlos y abrirlos en canal de manera que nos podamos reír de las situaciones más miserables. Bagge se ríe de todo, primero de sí mismo y luego de la América que le ha tocado vivir. Es hiriente, despiadado y… aquí viene la advertencia, la obra es tan extensa y detallada que es inevitable que cualquier lector se sienta identificado con situaciones y protagonistas. Uno aprende a reírse de si mismo leyendo Odio. Es terapéutico y necesario. Nadie sale indemne, ni los músicos, ni sus fans, ni sus groupies, los lectores de comics, los frikis de Star Trek, los ricos, los pobres, los aspirantes a estrellas, las camareras de Starbucks, los intelectuales, las madres, los padres, los niños, los ancianos, los militares, los buscavidas, los policías, los delicuentes, los blancos, los negros, los hombres, las mujeres… nadie sale indemne… todos reciben «su merecido». Hay metralla para ti, para mi, para todos. Estás avisado.Si no, es imposible disfrutar de esta obra.Biografía de Peter BaggeEl autor de Odio, Peter Bagge nació el 11 de diciembre de 1957 en Peekskill (NY, USA). su nombre de confirmación es Peter Christian Paul Bagge (Paul es un homenaje a Paul McCartney– por cierto, hay un minichiste sobre McCartney en los Bradley). De padre militar y se crio en una familia católica, con trazas de alcoholismo. Algo que ha marcado y se ha visto reflejado en gran parte de su obra.En cuanto pudo dejó su hogar para instalarse en la ciudad de Nueva York (mediados de los setenta). Allí asistió a la Arts Visuals School, que abandonó tras año y medio, pasando a trabajar en la revista Punk. Sus inicios en el mundo del cómic fueron en revistas underground y pornográficas. Entre 1980 y 1981, Bagge coeditó el tabloide de cómics Comical Funnies con antiguos miembros de la revista Punk. Bagge envió ejemplares de Comical Funnies a Robert Crumb, quien publicó algunas tiras de Bagge en la revista que estaba editando, Weirdo.El eterno Robert CrumbAllí empezó la larga y exitosa colaboración con Weirdo y Crumb. La leyenda del underground propuso a Peter Bagge como editor de la revista tras su retirada. Tareas que Bagge (que no llegaba a los treinta) estuvo realizando durante tres años.En 1985 inició su exitosa y larga colaboración con Fantagraphics, comenzando con su primera serie en solitario, Neat Stuff . Esta colección, que incluía personajes como Girly-Girl, Junior, Studs Kirby, The Bradleys y Buddy Bradley, se mantuvo en circulación hasta 1989. Posteriormente, nace Odio (1990-1998), es la obra más conocida de Bagge. Inicialmente, a los editores no les entusiasmaba el título, les parecía demasiado negativo. Se barajó el título Love and Hate, pero fue descartado debido a su similitud con Love & Rockets de los Hernández.Odio, ya tiene como protagonista a al cínico Buddy Bradley. Este vive en Seattle en plena era grunge. Odio se convirtió en una de las series más representativas del cómic independiente de los 90, capturando con humor ácido y crítica social la angustia generacional de los jóvenes adultos de esa época, siendo un reflejo del escepticismo y cinismo de los noventa. Dejando la serie en 1998 (excepto para alguna historia puntual)Peter Bagge entrevistado por ZNA partir de 1998 Bagge realizó una serie de historias de periodismo cómico , sobre temas como política, el concurso Miss América , la cultura de los bares, el rock cristiano y los Oscar , principalmente para suck.com .Durante esos años (finales de los 90), Bagge creó y escribió Yeah! (DC Comcis) una serie de cómics para todas las edades sobre una banda de rock femenina, dibujada por Beto Hernandez . La serie tuvo nueve números (1999-2000). Sweatshop (2003) la publica también en DC (seis números) En 2002, Bagge creó sus versiones de Spider-Man y Hulk para Marvel. El Incorregible Hulk quedó inédita hasta su aparición episódica en Strange Tales. En 2003, Bagge se convirtió en escritor colaborador de la revista libertaria Reason, en cuyas páginas ha publicado tanto textos como cómics. En 2009 se publicó una recopilación de sus historias para Reason: Todos somos estúpidos excepto yo (y otras observaciones astutas), donde Bagge confronta su ideología libertaria con diferentes ámbitos de la vida en América.De 2005 a 2007, Bagge publicó la novela gráfica Apocalypse Nerd en Dark Horse. En esta descacharrante historia trata del contraste entre el hombre corriente y las consecuencias de un ataque nuclear. Una visión diferente y ácida de la que solemos ver en este tipo de historias donde acostumbra a predominar el heroísmo.Desde también 2009, Bagge publica una tira cómica sobre la Historia de la Ciencia en la revista Discover.En 2010 vuelve a colaborar con DC (Vertigo) para publicar la novela gráfica Other Lives. Allí da rienda suelta a su sarcasmo y critica destructiva respecto a internet y el “mundo virtual”. Ese mismo año recibe el premio Inkpot en la Comicon de San Diego.Vuelve a Dark Horse, en 2012 y publica Reset, donde aborda la vida de un actor cómico fracasado que acepta participar en el desarrollo de una aplicación informática que le permite revivir su vida virtualmente. Destaca también entre su obra, la biografías de personajes significativos como las que se ven reflejadas en Woman Rebel , sobre la defensora del control de la natalidad Margaret Sanger, Fire!! , sobre la escritora Zora Neale Hurston, y Credo, sobre la autora y teórica política Rose Wilder Lane.en 2024, retoma Odio en una miniserie en la que repasa la vida de los personajes en la actualidad con flashbacks al pasado que nos permiten entender la evolución de los Estados Unidos a partir de Buddy, Lisa, etcétera.En España, La Cúpula (con traducción del incansable Hernán Migoya) ha publicado prácticamente toda su obra desde 1995, primero en la revista El Víbora y posteriormente en diversas colecciones y monográficos, desde Mundo Idiota hasta Other Lives, excepto la serie Yeah! con Beto Hernández, publicada por Planeta en 2000.Fuera del mundo del cómic, Bagge ha realizado proyectos de animación para Round Table Pizza . En 2001, colaboró con Dana Gould para producir la serie de dibujos animados para Internet de Macromedia Flash , Murry Wilson: Rock ‘N’ Roll Dad . La serie de cuatro episodios se estrenó en Icebox.com.Además, Bagge también tocó la batería para la banda de power pop de Seattle The Action Suits, y la guitarra para otra banda de power pop, Can You Imagine, algo que no nos debe sorprender dada la importancia de la música en su obra.Galería de personajesA continuación, presentamos a los personajes más relevantes de la serie.Buddy BrudleyEl protagonista de este cómic es una representación elevada a la máxima potencia de las actitudes, valores y formas de afrontar la vida de los miembros de la Generación X. Buddy se caracteriza por tener un carácter individualista y egoísta, por conformarse con la vida que le ha tocado vivir, por ser incapaz de establecer relaciones sanas con sus familiares y amigos, por tener una devoradora negatividad que aviva el odio que lo consume desde sus entrañas y por ser, en definitiva, una alimaña incapaz de ser feliz.Leonard BrownLlamado Apestoso por amigos y enemigos, es un personaje que ya aparece en los Bradley y que supone el compañero de fatigas de los primeros años de Buddy en Seattle. Egocéntrico, mujeriego, politoxicómano, codicioso pero brutalmente divertido, es el contrapunto loco e impulsivo de Buddy. Hijo de una groupie y un músico, le vemos hacer de todo en la serie, desde estrella del rock a vagabundo. Sus apariciones implicaban problemas, trapicheos y muchas peleas, sin embargo, su muerte supuso el momento más triste de la serie.Lisa LeavenworthEnloquecida, irascible, voluble e imprevisible, la Nancy Spungen de Buddy Bradley pero con bastante más futuro. La señorita Leavenwortrh es el contrapunto feminino de la serie, el personaje más estable (por su presencia, no por su salud mental) pasa de mendiga piojosa (literal) a equilibrada ama de casa pasando por sus incursiones en el narcotráfico neoyorquino o pagar viajes en taxi con … sus encantos. Uno aprende a querer a esta peligrosa pelirroja.Valerie RussoEs la primera novia (de las dos) que le conocemos a Buddy. Guapa, elegante, con clase, culta y también irascible, controladora e inestable emocionalmente. De familia rica, es la típica pija que va de «auténtica» y «clase trabajadora». Eso sí, tiene las narices de mantener el apellido original de su familia, no se avergüenza de sus orígenes italianos. Acaba liada con George Hamilton III.George Cecil Hamilton IIICompañero de piso de Apestoso y Buddy en Seattle, es posiblemente el personaje más misántropo y alienado de la serie, y no es poco. Bagge le concede cierta amnistía, siendo mucho menos hiriente con él. Sin embargo, nadie se salva en esta serie y el aislado e intelctual autodicdacta de George recibe su buena parte de tralla baggera.Babs BradleyLa hermana pequeña de Buddy es una diana de Odio contra las adolescentes petardas sedientas de popularidad. Babs no deja de ser un estereotipo de chica derrotada y sentenciada desde su infancia, con la que Bagge muestra las miserias de un sistema educativo y social que se lo pone muy difícil a las adolescentes. Babs sufre embarazos adolescentes, matrimonios forzados, divorcios traumáticos, una maternidad intensa, amargura de mediana edad… y aún así, Bagge madura para redimir a la pobre hermana de Buddy.Butch BradleyEl pequeño de los Bradley es otro cruel blanco de las iras de Buddy en su etapa inicial en Nueva Jersey. Inseguro, ingenuo e inocente, Butch crece a la sombra del estropicio familiar que supuso la fuga de Buddy. Desatendido por un padre que vegeta en el sofà y una madre que empina al codo a escondidas cuando cree que nadie la ve, Butch crece asilvestrado y salvaje hasta convertirse en un machista, homófobo y racista. Expulsado de los marines por borracho y problemático, se convierte en un bala perdida, en un buscavidas que devienen en la típica basura blanca dispuesta a empuñar un Ak-47 para dar un golpe de estado y echar a los «maricas rojos que nos gobiernan» (literal).Brad BradleyEl patriarca de los Bradley es un irascible (otro) padre de familia de opiniones entre cuñadiles y reaccionarias. De comportamiento machista (otro) en el hogar («¿Dónde está mi cena?»), solo quiere tomarse una cerveza mientras ve los deportes tranquilamente. Hombre sencillo, de gustos simples, pega un cambio radical en su comportamiento cuando Buddy regresa a NJ, debido a sus problemas de salud. Pasa entonces a ser un vegetal en el sofá que solo duerme, come y va al baño. Antes de morir atropellado, desarrolla una extraña relación de dependencia con Lisa.Beth BradleyLa matriarca de los Bradley es uno de los pocos personajes a los que Bagge muestra cierto respeto, dando idea del cariño que el propio autor siente (o sentía) por su madre. Sin embargo, no queda impune de la ácida pluma de Bagge. Beth bebe de escondidas y no deja de ser una alcoholica silenciada (algo representativo los aburridos suburbios americanos), una beata y sufrida ama de casa que aguanta a un patán como Pa Bradley. Bagge usará a Ma Bradley para mostrar como las conservadoras religiosas suburbiales han pasado a formar parte de las huestes de Trump con el paso de los años. ¿La culpa? de NetflixJay SpanoEs el mentor de Buddy en muchos aspectos importantes del personaje. Gracias a él pierda la virginidad, le da lecciones de música, le ayuda adentrarse en el negocio del coleccionismo, lo que será el susteto de nuestro héroe en el futuro, y serán socios en negocios posteriores. En lo profesional Jay es un sabio y un maestro, en lo personal es algo más peliagudo por sus gustos sexuales rozando la pederastía y su addicción a la heroína que le llevará (casi) a la ruina personal y física. Buddy y los BradleyLa precuela de Odio, aunque deberían verse como una sola obra, es Los Bradley, serie que Bagge empezó a publicar en 1984 en su revista Neat Stuff. Se trata de unas historias cortas, inicialmente inconexas, sobre la familia de Buddy. Trata sobre los percances cotidianos sobre una familia católica y suburbial de Nueva Jersey. Más allá de los tópicos se trata de una crítica mordaz y cruel, a través de la cual Bagge caricaturiza el hogar donde creció. La obra tiene un enfoque coral y va centrando su protagonismo en diferentes personajes, según el tema. Buddy es uno más; si bien es cierto que ya desde un inicio es el personaje más complejo y detallado. No en vano, está basado en la adolescencia del propio autor. Buddy sirve como punto de vista crítico y autocrítico.La serie empieza de forma algo rudimentaria y primitiva, con una primera aventura muy exagerada con personajes muy estereotipados y situaciones caricaturescas. Las reacciones de los protagonistas se ven forzadas y llevadas al extremo. Pero rápidamente, a medida que avanzamos en las historietas de los Bradley, vemos como Bagge depura su estilo dando mucha voz, espacio, protagonismo y matices a los personajes. Todos tienen sus motivos, todos tienen sus circunstancias. Crecen en un entorno tenso, estresante que les fuerza a adoptar los comportamientos que vemos. Las historias pasan a ser más matizadas y Buddy adquiere algo más de protagonismo, aunque tenemos tramas centradas en la madre (Betty) o el padre (Brad). Los personajes se definen y explayan mejor y tienen sus momentos de redención. Sin embargo, es muy característico de Bagge que las visiones de unos sobre los otros suelen ser cruel.A medida que avanzan las tramas hasta el final de la serie, estas van adquiriendo longitud y cierta conexión y continuidad entre ellas. Sin embargo, Bagge no desaprovecha para hacer mini gags o tiras con los personajes como las visiones de Babs o Butch sobre diferentes aspectos de la realidad.Aparecen, además de los familiares de Buddy, en esta especie de Odio Año Cero personajes importantes del futuro como el inclasificable Leonard Brown, apestoso o Jay Spano. Los temas que trata Bagge en esta serie son la angustia adolescente («¡Todo el mundo sabe que privar en la escuela es signo de un inconformismo radical!»), el desamparo, el no-future suburbial, la paternidad, la familia, el sexo, el alcoholismo, la religión o el nacionalismo («¡Mira, me importa una mierda Abraham Lincoln! ¡Y la guerra civil fue toda un montaje!»). Una de las características del autor es tratar estos temas de forma directa, sin previas, sin pedagogía ni abordajes preliminares, dando un salto hacía delante y viendo siempre la interpretación que hacen los protagonistas. Esto ayuda a definir su personalidad, punto de vista y valores. Especialmente descacharrante es el protofascista Butch (al que veremos crecer y convertirse en un auténtico nazi) o la maltratadísima Babs (por parte de Bagge) con su problemática adolescencia. Tampoco deja en buen lugar a los prototípicos paletos de NJ («¡¡Por mi la podría atropellar un coche [a mi hermana]!! ¡ o que la secuestraran! ¡Al menos así mi madre dejaría de preocuparse todo el rato y yo podría jugar al Beisbol»)Algunas de las características más destacadas de Odio las vemos aparecer y florecer a lo largo de los episodios de los Bradley, como son su visión cínica de la realidad, su manera de definir a los personajes por sus opiniones y gustos personales (principalmente musicales), su desorientación, las reacciones airadas, las peleas, los diálogos afilados, su crueldad, los pensamientos de los personajes (breves, significativos pero increíblemente divertidos), la complejidad de la condición humana, con las contradicciones, los cambios de ánimo y de puntos de vista en una misma página y sobre todo, el trato despiadado que les da Bagge, que no tiene ningún reparo en humillarlos. Esto entronca en el que posiblemente sea el punto fuerte del autor y es su capacidad para reproducir la condición humana, de retratar la psicología de los personajes («¡Papá dice que es importante darle de vez en cuando un sopapo a las tías para que sepan cuál es su sitio!»), de explorarlos y mostrarlos tan bien. Esta maestría cristaliza en una capacidad asombrosa para escribir diálogos y voces diferentes y adaptados a cada protagonista (algo que vemos en el tronchante episodio del diario de Babs). La serie es en blanco y negro. En la primera historia, sobre todo, vemos un dibujo algo tosco y primitivo. Poco a poco este se irá puliendo para ir adoptando el más característico del autor. Esto supone texturas espesas, tramas enramadas, mucha densidad de viñeta, una caricaturización de los rasgos y una expresividad exagerada que irá puliendo hasta convertirse en un maestro de la intensidad emocional.La simplicidad de los rostros contrasta con el espesor de líneas de las viñetas, los movimientos invertebrados de los personajes que se mueven casi como serpientes… Bagge transmite emociones y puntos de vista más allá de las propias expresiones. La angustia y ansiedad de la serie y puede que del propio artista se transmite en esa sobrepoblación de líneas y tramas. Algo que se irá diluyendo con los años (ya en la serie Odio) a medida que los personajes (y tal vez el propio Bagge) vayan madurando, evolucionando y pacificándose. La serie finaliza en 1989, con la huida de Buddy de casa de sus padres (una historia ya mucho más madura y que encaja perfectamente con lo que veremos en su continuación) que dará con sus huesos en Odio, serie de la que será el protagonista central tras un salto importante de años (en lo biográfico de los personajes por lo que veremos)Los años de SeattleEn 1990, Odio pasa a publicarse en comic-book a través de Fantagraphics. La serie adquiere entonces más espacio y por tanto se verán fortalecidas las cualidades de Peter Bagge que empezamos a ver en Mundo Idiota. Y es que, el autor podrá profundizar en la psicología de los personajes con mucho más detalle, algo en lo que parece incansable.Pasa un año desde el fin de Los Bradley hasta el inicio de Odio. En el primer episodio Buddy nos recibe literalmente en su casa. En realidad, recibe a un conocido suyo cuya identidad desconocemos y del que adoptamos el punto de vista subjetivo (recurso que el autor usará en más de una ocasión). En este caso, la técnica sirve para dar la bienvenida a los lectores y para explicarnos qué ha pasado desde que Buddy pasara la noche en “Negrata (sic) Beach” y llegara a Seattle a vivir con Apestoso.Buddy nos explica qué hizo durante esos años deambulando con su compinche hasta aterrizar en la ciudad de los Supersonics, alcoholizarse, caer en el tabaquismo y trabajar en una librería de segunda mano. Nos lo deja todo preparado para empezar el despegue. Sin embargo, esta enorme elipsis temporal que nos explican con hechos, no nos detalla como ha madurado Buddy en lo personal, pasando de la adolescencia a la “adultez”. Buddy se independiza, ha perdido la virginidad… todos estos hechos se detallan de un plumazo. Eso sí, nos presenta a George Hamilton y profundizamos en la viscosa psicología de Apestoso. Bagge busca su tono mezclando historias de formato subjetivo, en los que Buddy rompe la cuarta pared, con historias de narrativa convencional en los que vemos la vida deambular a trompicones. Las primeras sirven para hacer resúmenes y situarnos. Bagge precisa de éstas historias para introducir la personalidad de los protagonistas más allá de tramas más o menos convencionales centradas en ellos. Especialmente significativa es esta necesidad en explicar a George Hamilton, un personaje difícil de retratar en profundidad en una historia más coral, debido a su aislamiento casi patológico.A medida que la historia avanza, daremos con Valerie y a Lisa (a la que Buddy ya conocía). Asistimos a la “conquista” de Val por parte de nuestro protagonista o viceversa. La tempestuosa relación que se verá distorsionada por uno de los hallazgos de la serie, la inclasificable Lisa Leaveworth. Un huracán de emociones, imprevisible que será el motor de Odio en bastantes ocasiones. Bagge recrudece su estilo gráfico con una densidad de viñetas estresante y al límite, que en alguna ocasión dificulta la lectura (como mínimo la enlentece), y así transmitir la dificultad que supone tener una percepción objetiva en situaciones de mucha tensión. En la narrativa el autor ha pulido su capacidad para reflejar las situaciones y los sentimientos de los personajes, se ve todo mucho más fluido y menos forzado que en los Bradley, donde en alguna ocasión costaba inferir como se sentían los protagonistas.El sexo hace aparición ya en la serie de manera desacomplejada y directa («¡No oigo respirar a la vieja! ¿Puedes mirar si está todavía ahí?» // «Creo que está muerta. Voy a avisar a alguien» // «No, no vayas aún. Necesito algo de calidad de vida post-coito.»). Forma parte de uno de los temas que va a tratar por primera vez Buddy como protagonista, al igual que el amor, o mejor dicho las relaciones de pareja. Amor vemos muy poco. De hecho, sorprende pensar que los personajes tengasn sentimientos positivos entre ellos, sus relaciones suelen moverse entre el interés egoista, la comodidad, el pragmatismo, la rutina y la huída de la soledad.Si la vida familiar recibe una critica mordaz por parte del autor, la pareja la lleva a otro nivel con una exposición de furibundas peleas, reproches, insultos y montañas rusas emocionales que son prácticamente un alegato a la soltería y el celibato. La bella y “pijita” Valerie Russo es uno de los personajes más intensos y explosivos de la serie, con unos cambios de humor extremo y una cabezonería radical. La relación sentimental de ambos es un tsunami de discusiones, malentendidos y desencuentros. Con las intromisiones de Lisa. De hecho, ésta la define como loca más allá del baremo que supone la propia señorita Leaveworth.Otro tema al que Bagge ya se lanza de manera clara es a hablar de política. La música (como principal elemento de la cultura pop) comparte con la política el honor de ayudar a definir los personajes, por lo que conoceremos posicionamientos radicales como el del Butch o el del “liberal en lo económico” padre de Val, para mostrarnos a un Buddy a veces un poco equidistante, algo ineludible en un escaqueado, individualista y cínico como él. Sin embargo, en alguna ocasión da la sensación que el propio Bagge no tiene claro su posicionamiento o se siente algo cohibido para defender algunas ideas.Bagge, nos muestra que el tono de la serie, el ambiente en el que se mueven los personajes, el contexto, “lo normal” es mucho más izquierdoso y progresista que el de Butch y el del Sr. Russell/Russo, dejando las opciones de estos dos un poco en evidencia. No en vano, a través de Buddy, Bagge no deja de ser (moderadamente crítico) con el ambientillo de Seattle. Mucho más preocupado por el sexo, las drogas, el alcohol y las fiestas que de cambiar la realidad o salvar el mundo. Bagge no deja de ser un espectador del circo que le rodea y se dedica a reflejarlo.La visita de Bucth a Buddy evidencia el paso del tiempo y la cristalización del “pequeño republicano” en un nazi alto, rubio, fornido con problemas de alcohol. La enorme elipsis entre los Bradley y está aparición del pasado marca de alguna manera el calendario de la serie además de evidenciar una de las virtudes de Bagge como autor y es su capacidad para hacer reconocibles los personajes (también en lo físico), cambiándolos a través de grandes saltos temporales. Lo que demuestra lo bien definidos que están desde un inicio. Butch es ahora un personaje más sólido, reconocible, tangible (y peligroso), lo que supone una diana de críticas aceradas a “lo que representa” el pequeño de los Bradley.Las aventuras de Buddy cada vez se mueven en una estructura más convencional. Se explican de forma lineal. Eso implica pasar de la fase de presentación de personajes a la mezcla e interacción entre ellos. Uno de los mejores momentos es la hilarante cita entre Lisa y George. Bagge humaniza a ambos sin dejar de ponerlos en ridículo y en situaciones descacharrantes como el momento del cine con un airado George Hamilton o “la escena del sofá de Lisa”. Estamos en Seattle, en los años del grunge, la música es un elemento capital para Bagge. Conclusión: Buddy se convierte en el manager (junto a Apestoso) de una banda de rock de cuatro miembros (tres llamados Kurt) que quiere irrumpir en la escena indie mientras ingiere cantidades astronómicas de cerveza. El autor no deja pasar la ocasión para destruir su visión del rock, de las salas, de los fans, las groupies, los músicos… y toda la hipocresía y el cinismo reinante de la “escena”. Emerge el Buddy más misántropo, ácido, cruel y amargado… precisamente en el momento en que mejor le va económicamente. Son alucinantes las conversaciones antropológicas de los miembros de la banda sobre L. A, por poner ejemplos de picos de Bagge como autor. Pero si a Buddy le va bien, a Apestoso le va de fábula cuando pasa a ser el cantante. Leonard y los Dioses del Amor le dan al Sr. Brown aquello que más pretende éxito, drogas, sexo y dinero. La banda implosiona en un choque de egos entre Buddy y Apestoso. Otra consecuencia es que Valerie deja a Buddy.El huracán grunge deja a la deriva a los personajes. Apestoso perdido por América. Val en Francia. Lisa desorientada empieza a trabajar con Buddy en la librería en un ejercicio casi documental sobre su locura. Es difícil entender más allá de que Bagge quisiera que acabaran así que Lisa y Buddy sean pareja y pasen a vivir juntos. No hay tregua y si mucho sexo chungo en una relación autodestructiva como pocas. George deja el piso harto de Lisa. Los personajes no dejan de moverse y evolucionar.La serie entra en una fase de calma a pesar de la intensidad emocional, las explosiones y cambios de humor. Buddy y Lisa más o menos llegan a una especie de relación controlada bastante anticlimática en la que no se atisba ni una pizca de amor, pero sí de deseo, dependencia… es como una relación animal, puramente mecánica, ni se quieren, ni se necesitan, simplemente están ahí. Van tirando. Lo que viene a ser la principal fuerza motivacional de Buddy: la inercia.Hay menos fiestas, menos drogas, menos alcohol… la serie se está estabilizando a medida que la vida amorosa de ambos se va calmando. Es una serie más indoor. La estabilidad lleva a Buddy a dar sus primeros pasos como “magnate” del coleccionismo. Su mezquindad se pone en evidencia en su manera de llevar “el negocio”. Aparece el inclasificable Yathzi como ejemplo de la toxicidad de un gremio que suele vivir de vender “cultura basura” (dicho con respeto).Entramos pues en el embrión de la fase estable de Buddy Bradley, un personaje que ha estado quejándose de no saber que hacer con su futuro. Inicia la relación con su futura mujer, empieza el negocio que será su sustento… Bagge aprovecha para profundizar en lo que supone una de las señas de identidad la serie y es la cultura pop, más allá de la música, los personajes hablarán (y darán voz a las opiniones del autor) sobre cine, televisión, cómics, libros, etcétera. Bagge con su estilo cargado y “sucio” no será muy benévolo con los compradores, los vendedores (especuladores) y con el material que parece dibujado de la forma menos atractiva posible (la mayoría parecen excrementos).El estilo gráfico en algún momento se muestra incluso más recargado en la etapa final de Seattle, pero se mantiene más o menos estable. La obsesión por las tramas de Bagge hace que lleguemos a su estilo blanco y negro más maduro. Y de golpe… vuelven todos los personajes. Val vuelve a la ciudad. Buddy intenta tener un rollo con ella durante una cena bochornosa en su casa. Allí Bagge destruye una vez más el postureo del mundo alternativo de Seattle pronosticando el fin de la era Grunge: heroína, nostálgicos de la moda ye-ye y europeos con hambre de la escena (un poco como lo que pasó con los hippies). Valerie explica que se lió con su jefe sin afrontar que posiblemente sufrió acoso sexual. Lisa decide acogerla en el piso después de romper con su novio (el de Val). A su vez aparece Apestoso (del que conoceremos sus aventuras miserables y pordioseras en paralelo) que también regresa al piso. Esto nos lleva a un aquelarre de peleas en un habitáculo insostenible. Buddy lo empeora atrayendo a George, que vivía mantenido por una rica blanca que lo consideraba un genio y le financiaba su fanzine Cigoto (en el que ponía a parir a Buddy). Es como si el piso (o el propio Buddy) fuera el centro de gravedad para los personajes que no puedan evitar sentirse arrastrados hacia él.Irascible y cambiante, Buddy va dando bandazos con sus amigos y parejas sentimentales, de peleas furibundas con agresiones incluidas a reconciliaciones más o menos incómodas, pasando por favores interesados. Buddy lo gestiona todo, nada es imposible. Mientras los lectores asistimos atónitos a cambios radicales de escenarios, momentos, personajes y situaciones, cada vez menos “alternativas” y sí mas cotidianas. Hemos pasado de borracheras, drogas y sexo venéreo a peleas por tareas domésticas, negocios de segunda mano y sexo “conyugal”, estable y controlado. Sin embargo, en el piso no caben. Buddy y Lisa deciden visitar a los Bradley en la costa Este. Cambio de escenario y de temas de la serie. La media de edad de los protagonista va a subir bastante (entran a escena los padres de Buddy).En esta fase final también vemos un par de historias cortas como el pequeño repaso biográfico a la pobre Babs. Una vida marcada por la búsqueda del príncipe azul que la lleva a embarazos y abortos adolescentes, un matrimonio obligado por la presión familiar y un carrusel de sueños rotos. Bagge no se posiciona, solo muestra el ejemplo de muchas jóvenes americanas marcadas por la presión de la imagen, de la popularidad y del radicalismo religioso de sus familias. Es casi documental. Pero venga, cogemos el avión y nos vamos a la Costa Este. Los años de Nueva JerseyEl cambio de sede supone un cambio a muchos niveles en la serie, pero el más evidente es en el gráfico. Pasamos de un blanco y negro lleno de tramas y “rallitas” a color. Un color digital que supone un choque y una clara declaración de intenciones por parte del autor. Las páginas ahora son mucho más relajadas, agradables y “profesionales”. La apariencia calmada y “pastel” afecta además a los personajes, mucho menos intensos y airados (aunque tienen sus momentos). El dibujo mejora al ser más sintético, Bagge da la sensación de dominar mejor la página o de que, al quitarse el peso de las tramas y texturas, puede mostrar su capacidad de forma más consistente.Sin embargo, estos no son todos los cambios a nivel gráfico-narrativo. Las historias se descomprimen y Bagge adopta un estilo más diáfano y pausado, una narrativa más lenta menos intensa y que facilita mucho la lectura. Viñetas menos apretujadas y repletas de texto. Esto parece siempre ligado al estado anímico y emocional de los personajes (y posiblemente al del autor).Aquí también cambia el contenido de las historias. Menos fiestas, menos drogas y menos borracheras (aunque presentes en algún u otro momento). Los temas adquieren progresivamente un tono más costumbrista. Pasamos de leer las historias de un manager que se tira a las groupies descartadas de Apestoso, a un emprendedor que quiere montar su propio negocio. No en vano, estas historias son igualmente interesantes y “adictivas”, aunque mucho menos explosivas. Bagge madura como autor manteniendo los mismos protagonistas. La intensidad de los primeros números de la serie con su humor destructivo y cruel deja paso a una ironía soterrada y lánguida. Cambiamos de secundarios. En parte sube la media de edad de los personajes. Sustituimos a veinteañeros como Apestoso, Val y George por los padres de Buddy y Jay Spano (que también es mayor). Por otra parte, incorporamos a Butch, Babs y sus demoniacos hijos (hay que hablar de la misantropía de Bagge hacia los chavales). En la llegada a Nueva Jersey nos sorprende la recurrencia con lo dura que es la Costa Este. Lo que leemos no nos parece tan evidente, es normal que el lector no yanki se pierda los matices del hecho diferencial cultural entre Jersey y Seattle. No en vano, Lisa y Buddy no dejan de decir que al final todas las ciudades son iguales, todos los sitios son el mismo. El cambio evidente en el cómic es pasar de un entorno urbano a otro suburbial. Al inicio de la llegada a Jersey vemos como Lisa y Buddy acompañan a Jay a una fiesta bastante desfasada. Parece que el autor quiera mantener el espíritu juerguista de los primeros tomos o, al menos, hacer una fiesta de despedida, porque prácticamente será la última de la serie y no vamos ni por la mitad. Buddy y Lisa se instalan en casa de los Bradley. Jay y Buddy empiezan un negocio juntos y al pasar por Seattle nos reencontramos (muy pronto) con Apestoso, Val y George. También es acaso una mini despedida, porque los tres volverán a aparecer mucho más adelante. Incorporamos como secundario al impresentable chandalista y exconvicto vecino de Buddy, Jim Foley. Foley, Jake el Culebra, Lapices e incluso Jay representan el nuevo entorno lumpen de Buddy. Unos personajes ya de vuelta, con antecedentes y problemas legales importantes, resacosos de los años de juergas, borracheras y narcotráfico. Son los desechos de una época de diversión que algunos no supieron dejar atrás.También reaparece Butch en toda su grandeza como exmarine, alcoholizado, misógino y profundamente racista, completando el dream team de perdedores buscavidas con menos de dos dedos de frente. Jay y Buddy montan una tienda de objetos de coleccionista de cultura pop. No queda claro si les va bien o mal, o al menos normal. Pero empieza a haber problemas. Jay vive en la propia tienda y da rienda suelta a su adición al jaco. Toda su sabiduría e inteligencia comercial se va por el sumidero de la heroína. Buddy compra su parte del negocio por miedo a que Jay se meta por la vena el esfuerzo del trabajo compartido. Odio pasa a ser las aventuras de un pequeño empresario.Bagge parece que se da cuenta y de vez en cuando mete historias vinculadas con las drogas y el alcohol. Pero ya son tramas más crepusculares y oscuras. Con la amenaza de la cárcel en el horizonte. El recordatorio cristaliza con otro personaje recuperado de los Bradley, Tom el policía, amigo del instituto de Buddy. Un fan de Spandau Ballet que acaba como madero. A su vez tenemos las tramas “familiares” de los Bradley con Babs rencorosa divorciada y amargada madre de dos monstruos: Tyler (que nos recuerda mucho al inocente Butch de pequeño) y Alexis. Bagge siempre tan evidente y claro a la hora de exponer lo que ocurre en sus tebeos, es mucho más sutil en “explicar” el estilo de maternidad de Babs y las consecuencias catastróficas en la psicología de sus hijos. Buddy apenas se exclama de ver lo “mala madre” que es su hermana. Quizás Bagge siente cierta compasión por uno de sus personajes más maltratados de siempre. Si bien es cierto, que Babs es mucho más madura y sólida que la adolescente desesperada por la popularidad y el amor.Pa Bradley enfermo pierde toda su antigua fuerza y se convierte en la mascota de Lisa que encuentra su lugar en el mundo cuidando al suegro. Un personaje (el patriarca de los Bradley) que ya estaba en vía muerta y su mayor aportación en esta fase de la serie es, precisamente, morir atropellado en un genial giro de guion de Bagge. Como la vida misma. El vacío que deja Brad supone un terremoto emocional en casa de los Bradley. Sobre todo, para la única no Bradley, Lisa que ha perdido su lugar en el mundo, lo único que se le ha dado bien, o como dice ella “la única persona a la que nunca ha decepcionado”. Recuperamos a nuestra Lisa de siempre que se «cuelga» por otro reaparecido Joel, el ex de Babs, que hace una entrada estelar y en su segunda frase a Lisa le demuestra como se comporta un caballero hablándole del color de los pelos de su choch… pubis. Nuestra querida pelirroja no puede evitar sentirse colada por este despojo sucio y drogaadicto (Bagge vuelve a usar su habilidad para definirlo mediante elementos de cultura pop como la ropa, la música o el motor). Majestuosa la escena en la que Lisa se corre, literalmente, en el asiento del coche al sentir la potencia del motor del Trans Am. Ambos viven una breve (suponemos porque se muestra pooco) pero intensa aventura amorosa. Lisa va dando tumbos buscando un psiquiatra que le recete prozac. Asistimos a una cruda sesión (ácidamente representada por una psiquiatra controladora de mentes) de pareja. Al final Lisa se fuga y deja tirado a Buddy. La pelirroja se larga a Nueva York con su “amiga” Liz. Bagge escarba en la psicología de Lisa que vuelve al ambiente urbano y underground ganándose la vida liando porros para unos skaters adolescentes que hacen de camellos. Estos entornos nos parecen ya tan cotidianos como el día a día en el suburbio.Las tramas sobre drogas y narcotráfico no dejan la serie. Foley y Butch quieren montar un garito de crack en casa de los Bradley ahora que Betty (la madre) pasa más tiempo con su novio (George (otro George)). Foley reparte droga como cartero. Buddy intenta mantenerse al margen ahora que es un empresario de moderado éxito. La cosa se intensifica con el regreso de el añorado Apestoso. Leonard regresa a Nueva Jersey con una Uzi, totalmente descontrolado y, como siempre, con ganas de forrarse. La cosa no acaba bien. Apestoso muere de un tiro que el mismo se propina en la sien. Incompresible momento ya que nadie sabe si iba en serio o bromeaba. Bagge lo deja a las claras con el testigo de la única persona presente en la muerte de Leonard: Butch. Las idas y venidas del cadáver de Apestoso supondrán el cierre definitivo (por ahora) con el pasado.Estas tramas más sórdidas que nos retrotraen al Odio primigenio duran poquito, pero van volviendo. Bagge no quiere dejar personajes sueltos y va cerrando cabos. El magnetismo del costumbrismo suburbial abduce la serie. Buddy vive en la tienda con su antológica dejadez. Busca vivir aventuras mediante citas concertadas y es diana de las intenciones amorosas de la joven y alta Sally, camarera del Starbucks vecino, atractiva y bastante ida, también. La crueldad con la que trata Bagge a las mujeres será muy divertida pero cada vez parece menos casual. Aunque, a decir verdad, el autor no tiene piedad de ningún personaje, y las protagonistas femeninas disfrutan de cierta redención (como la madre o la propia Babs más adelante). Especialmente significativa, es la cita de Buddy con la compañera de trabajo de Babs, una obsesiva del orden y del control. Vuelve el Buddy activado por la angustia y la ansiedad.Ma Bradley se muda y regresa Lisa. Más regordeta gracias a los antidepresivos y mucho más tranquila. Buddy siente una atracción animal por su exnovia y viven momentos de sexo salvaje y desatado como antaño. Lisa queda embarazada. Está harta de abortos por lo que Buddy y ella deciden casarse. Como siempre, ni rastro del amor, solo necesidades primarias.Aquí parece que acaba la serie. En los primeros tomitos de La Cúpula, podemos leer una despedida de Bagge diciendo que ya no tiene más que explicar y que nunca quiso estar tanto tiempo con estos personajes, que tiene otros proyectos.En esta segunda parte de la serie, la de Nueva Jersey, asistimos a la maduración de los personajes, a su evolución y crecimiento (para bien o para mal). En general, excepto los casos perdidos, todos van encontrando su lugar en el mundo. Todos buscan cierta manera de encajar, tranquilidad, estabilidad para envejecer, formar un hogar… Bagge profundiza en la psicología de sus protagonistas tocando los resortes necesarios, los puntos clave, demostrando una compresión y una humanidad (pese a los momentos de cierta crueldad) profundas. Bagge, a través de Buddy, relativiza y comprende muchos de los comportamientos y circunstancias de los personajes. La serie ha mantenido, en esta parte de Nueva Jersey, alguna de sus señas de identidad, como los elementos de cultura pop que explican la personalidad de los protagonistas y su evolución. Además del posicionamiento de Bagge sobre muchos de esos elementos, como Spawn, Marvel Comics o la música de moda.Primer regresoLa serie vuelve dos años después en Hate Annual, este será el nuevo título de la colección, que irá saliendo de forma anual.Buddy y Lisa viven en la tienda con su hijo Harold. Aquí Bagge será mucho más benevolente con la paternidad. Se mantiene el color y evoluciona el estilo gráfico. Hay cierto salto a mejor. Bagge es más sintético y llena más las viñetas, que por cierto son más escasas por página. Los tebeos respiran mejor, son más claros y diáfanos.Aquí ya tenemos directamente las aventuras de un empresario, padre de familia que intenta prosperar. Vemos a Buddy y Lisa asistiendo a reuniones del colegio, a alternar con otros padres y a informarse de la economía mundial para tener mejores opciones de ganarse la vida. Llega incluso a trabajar en UPS para salir un poco de la tienda en un breve escarceo como empleado por cuenta ajena.Buddy evoluciona en lo físico rapándose al cero, poniéndose un parche (por prescripción médica en un inicio), una gorra marinera y una pipa de madera. La serie parece romper con el pasado hasta que entramos en una de las tramas de la ultima fase de la serie más estimulantes. Lisa monta un grupo de música con otra madre del colegio que deviene en un número de rock-streap tease. Volvemos por un momento al desfase, las borracheras y el ambiente lumpen. Bagge no desaprovecha para cargar contra la música hardcore, el Nu Metal y sus músicos. Siempre busca un hatajo para radiografiar críticamente la cultura pop imperante. Y es que Bagge es un hombre desubicado al que le gusta la música anterior a su época, por eso tan fácilmente se dedica a destruir y riduculizar las modas.Buddy y Lisa viven en las afueras, medio gestionan junto a Jay, una chatarrería, como colofón a su gestión de objetos de coleccionismo pop. Una evolución lógica, de la basura a los despojos. Parece que Odio llegue a punto muerto. Pero Bagge nos ofrece un giro final para conocer uno de los puntos ciegos de la serie: La familia de Lisa. Un auténtico filón de freaks, problemas y deshechos sociales, con los que Bagge carga sus tintas con toda crueldad y crudeza, contra la hipocresía, los neo conservadores y los cristianos reconvertidos. El estilo tranquilo, costumbrista y transparente de los últimos cómics no han suavizado ni un ápice la acidez del relato.Aquí tenemos ya directamente pederastas (lo de Jay apenas cuenta), drogadictos, exconvictos por delitos sexuales, abusos de menores en el seno familiar… pocos temas quedan por tratar en una serie en la que hemos visto todo tipo de politoxicómanos, alcohólicos, maltratos, acoso psicológico, acoso laboral, violaciones, vouyerismo, suicidios, intentos de asesinato, narcotráfico, racismo y machismo a espuertas. Si bien es cierto que el acabado gráfico de estos números demuestra la soltura del autor, también lo es que en lo argumental a veces la trama parece avanzar de manera apresurada con saltos y cortes algo precipitados. La serie vuelve a finalizar, esta vez sin despedida.Segundo regresoMucho más reciente es ¡Odio Desatado! (Hate Revisited!). Una miniserie de cuatro números publicada en 2024 donde Bagge se marca una revisitación de sus personajes y profundiza en “los años perdidos” por petición expresa (o sugerencia) de La Cúpula.Los Bradley viven en Tacoma (Washington), el mismo estado que Seattle (al igual que Peter Bagge, por cierto). En una casita suburbial. Harold (el hijo) es ya un adolescente. Lisa y Buddy (nos olvidamos del look Popeye) hacen una visita a Val y George. Empieza así un viaje al pasado, simbólico y literal. Vemos las vidas de Babs, Butch, Betty, Val, George, Jay, Tyler, Alexis, Tom… y a través de unos flashbacks vamos al pasado de los personajes para que Bagge nos explique hechos nunca vistos (rompiendo con uno de sus hitos estilísticos: las elipsis) y que encajan con la continuidad de lo que leímos hace más de treinta años, como la primera vez que Buddy conoció a Lisa (con el confuso episodio de sodomía), a Apestoso, o el sexo con la compañera de instituto Wendy (salió en los Bradley). Bagge nos hace un regalo a los lectores revisitando diferentes etapas de la colección. Y nos da nuevas escenas de los caídos en combate como Leonard y Pa Bradley.Vemos también como han evolucionado los personajes, como han cambiado con el tiempo y como les ha afectado todo lo que ha estado pasando en el mundo los últimos veinte años. Trump, el Black Lives Matters, la pandemia, la gentrificación, Netflix y la radicalización de la basura blanca como Butch. Bagge expone, apenas critica y sugiere su punto de vista, que en algún momento parece equidistante, pero que da en el clavo. Como cuando plantea que la madre de Buddy no es que siempre haya sido homófoba, es que nunca se planteó su posicionamiento al respecto (no había un Netflix que le restregara por la cara hombres besándose).Completamos huecos y entre ellos, parte de la biografía de Apestoso, al conocer a su madre. Ésta nos explica que fue una groupie de un músico (el padre real de Leonard). Un homenaje de uno de los personajes de la serie más queridos, a pesar de su cuestionable comportamiento. Ese es parte del encanto de esta miniserie, que te recuerde el cariño que le tienes y como echas de menos a un granuja como Apestoso.La serie es a la vez, en blanco y negro y en color. Los flashbacks se muestran en blanco y negreo, el presente en color. El trazo es algo más tosco y crudo que antaño. El color disimula un poco por lo que la parte en blanco y negro nos retrotrae al espíritu fanzinero y punk de los comienzos de la serie. El argumento, el guion y el tono, encaja a la perfección con la colección original. Sobre todo, con la última parte. No desentona, los personajes son reconocibles, su manera de expresarse y sus cambios de humor son coherentes con los que conocimos las serie hace años. Bagge rebaja el tono de la cultura pop que rodea a Odio y que tan bien contextualizó y explicó a los protagonistas. Un final ideal, y algo triste, por melancólico, porque lo que significa: el final. Pero muy divertido y que sacia nuestra hambre de Odio.Por cierto, Buddy se ha dejado crecer el pelo y se ha quitado el parche (y es que Bagge sabe que tuvo mejores ideas que la del look Popeye).Bonus trackEn febrero saldrá en USA una nueva colección de Odio, titulada Butch a Hate Comic. Entendemos que estará centrada en el pequeño de los Bradley, el ultraviolento y trumpista Butch. Por ahora solo conocemos el anuncio y la portada (homenaje a Herriman). Podemos inferir que con la deriva de un mundo cada vez más trumpista, Butch sea el Bradley que mejor conecta con esta época y de ahí su protagonismo.Veremos.Odio en Ediciones La Cúpula: desde El Víbora hasta la actualidad. En España, la serie fue publicada inicialmente de forma serializada en la revista El Víbora (debuta en el número 177 en 1994). Posteriormente, Ediciones La Cúpula editó la obra en volúmenes recopilatorios que agrupaban entre dos y tres entregas del cómic original. En total se publicaron 14 tomos: los cinco primeros recogen los números originales en blanco y negro, mientras que los siguientes, hasta parte del volumen 13, completan la serie principal. La segunda mitad del volumen 13 y el volumen 14 reúnen las historias cortas aparecidas en Hate Annual. Además del arco central protagonizado por Buddy Bradley, estos libros incluyen relatos breves centrados en personajes como Apestoso, el propio Bagge o figuras secundarias del universo de la serie.La colección quedó estructurada en los siguientes volúmenes:Odio 1: ¡Bienvenido a Seattle, Buddy!Odio 2: La pesadilla del sueño americanoOdio 3: Los ídolos del grungeOdio 4: Buddy in loveOdio 5: La gran evasiónOdio 6: Miedo y asco en New JerseyOdio 7: Días de priva y rosasOdio 9: Persiguiendo a LisaOdio 10: Una terapia asquerosaOdio 12: Sexo, mentiras y citas de penaOdio 13: Mi gran boda yanquiOdio 14: Hombre de familiaDe forma paralela, La Cúpula recopiló en dos tomos todas las historias de The Bradleys, publicadas bajo el título Buddy y los Bradley:Buddy y los Bradley 1: Aquellos odiosos añosBuddy y los Bradley 2: La tribu de los BradleyRecibió el premio a mejor obra extranjera en el Salón del Comic de Barcelona de 1996, cuando apenas se habían publicado dos tomitos, equivalentes a 4 grapas.A partir de mayo de 2009, la editorial relanzó la obra completa en una nueva edición integral compuesta por seis volúmenes bajo el nombre de Odio Integral. El volumen 0 corresponde íntegramente a la serie The Bradleys.Llegando más lejos que la publicación de los primeros tomos, obligando a los lectores a comprarse la nueva edición, o alguno de los tomos nuevos. En octubre de 2021 se empezó a publicar una nueva edición completa ampliada (Crócnicas de Odio) con pequeñas historias y abundante material extra inédito. Em Septiembre de 2025 se publicó el último tomo con el final de la serie previo a el reciente ¡Odio Desatado! y la serie que verá la luz en 2026 en Estados Unidos.Para nuevos lectores, esta última edición es la más completa, cuidada y amplia. Esto supone un dilema para los seguidores de toda la vida, fieles a la serie desde un inicio que se ven obligados a pagar por material que ya poseen.Suponemos que no será la última oportunidad de hacernos con el material de la serie, ya que La Cúpula ha sido recurrente en reediciones de una de las mejores obras de su catálogo.Cabe destacar de la edición española la extraordinaria traducción realizada por Hernán Migoya, un personaje que ha sufrido en sus carnes la cultura de la cancelación en un momento en que no le llamábamos de esta manera. Pero lo que aquí toca es hablar de una traducción que se sitúa a niveles casi de co-autoría. El propio Bagge se refiere al trabajo de Migoya como la clave para explicar el éxito de Odio en España, en contraste con otros países como Francia, Italia o Alemania. El primero tomo de Odio que publicó La CúpulaLo cierto es que la versión en español es un portento de lenguaje urbano, cercano y actual, sin el que sería imposible entender, comprender y asumir el humor destructivo y visceral de Bagge. Un lenguaje quinqui, si queréis, de barrio, potente y crudo, comprensible, tangente , que humaniza a los personajes y que nos permite comprenderlos y asumir sus emociones y pensamientos como propios. La versión de Odio de Migoya tiene frases y momentos explosivos, una traducción perfecta el espíritu de la obra, del material original y de la intención del autor. El impacto y el legado de OdioOdio es un ejercicio apabullante de coherencia narrativa pesa a sus cambios de estilo. Una colección con más de treinta años de funcionamiento, con parones, largas pausas y la evolución constante de la vida de los personajes. Y aún así, todo encaja. Buddy es el mismo desde el primer día.Es una serie que se puede leer y releer, que cuenta con unos protagonistas reconocibles, y sinceros con los que uno va viajando por América del final de siglo XX y comienzos del XXI. Literalmente, uno sufre y se emociona con ellos, pero sobre todo se descojona. Una serie de su tiempo con decenas de referencias a la cultura popular, al cine, a la música y al cómic, llena de chistes evidentes y ocultos. Una obra mayúscula en la que uno aprende a amar a drogadictos, a narcotraficantes, a personajes tóxicos y reaccionarios. Esto solo es posible a dos cosas, a la genialidad de su autor, Peter Bagge y a la honestidad con la que enfoca su obra. Una honestidad que hace que en muchas ocasiones torture y maltrate sin piedad a sus personajes, como si fueran meros peleles o, lo que son, seres de ficción. Bagge lleva a los “actores” de su obra al límite, a situaciones extremas, los hace llorar, los humilla, hace que rompan relaciones, que se comporten como ratas miserables, les despoja de toda moral cuando le interesa, los mata, los somete a palizas… como lector uno a veces puede pensar “¿porqué?”, sin embargo, pone a prueba constantemente su obra, y somete al “espectador” a esa estupefacción a la que te lleva la vida misma, a preguntarte “¿porqué me pasa esto?”. Bagge se caracteriza por no dejar nada al aire, no deja de subrayar lo que nos quiere explicar, detalla los matices y nos deja muy a las claras la psicología, los pensamientos, las intenciones (a veces volubles) de los protagonistas y la visión que unos tienen de otros. Pesimista en su concepción, todo lo que puede ir mal irá fatal, todas las sospechas se confirmarán en una espiral de egoismo hedonista, en una búsqueda eterna de redención por parte de los personajes principales. Bagge no tienen piedad de ninguno, aunque las mujeres suelen salir algo mejor paradas (la madre, Babs de mayor, Lisa casada y estable) que la mayoría de secundarios masculinos que se mueven entre los delincuentes de medio pelo y los parafílicos peligrosos. Poco amor vemos en los personajes, entre las familias y las parejas, como si a Bagge le costara representar o mostrar algo que la cultura pop se ha hartado de decirnos hasta la saciedad y es que el amor (lo contrario del Odio) es lo que mueve el mundo.El estilo gráfico de Bagge es a veces problemático para algunos lectores. Puede que parte del “público” se eche atrás al ver esas cargadísimas viñetas, esas contorsiones imposibles, esos dibujos densos que hace que le dediquemos un tiempito de más a entender que está pasando. Bagge tiene un estilo más elaborado que el del underground convencional, es menos punk, mucho más complejo y menos fluido, pero brutalmente expresivo. Pocos autores han podido explicar emociones como ira, rabia o vergüenza como Bagge. Pocos autores serían capaces de hacer que un personaje al que solo se ven los ojos en el 5% de las viñetas sea tan expresivo y entendible. Y sea además el protagonista central.Bagge hace el recorrido biográfico, con elipsis y grandes agujeros temporales, de una decena de personajes a los que vincula con su época mediante referencias culturas, políticas y linguïsticas. Todo encaja, todo fluye, todo es coherente, como un rio vemos la evolución de América desde los 80 hasta la actualidad. De Reagan a Trump. De Bon Jovi a Marilyn Manson. De He-Man a Bob Esponja. Alice Cooper, Louis Farrakhan, La conjura de los necios, Harvey Kurtzman, Creem, Mercer Island, Johnny Otis, Floyd Kramer, Kenny Rogers, Willie Nelson, Henry Retrato de un Asesino, Esquivel, Iggy Pop, Badfinger, Holly Near, Mudhoney, Johnny Rotten, Jim Morrison, Elvis Presley, Fiebre el Sábado Noche, Ramones, Sam Kinison, Kurt Vonnegut, Royal Trux, Carnival of Souls, Spiderbaby, Usagi Yojimbo, Cheers, Tad (que sale en el cómic), Kaz, Crumb, Star Wars, Philip Roth, Marvel Comics, Batman, Spawn, La Jungla de Cristal, Eddie Arnold, Brenda Lee, Guns’n Roses, Dwight Yoakam, Perry Como, U2, Abbot y Costello, Los increíbles, He-Man, Bob Esponja, Marilyn Manson, System of Down, Ministry, Nine Inch Nails, White Stripes, Transformers, Tori Amos, Laverne y Shirley… son algunas de las muchísimas referencias culturales que usa Bagge para contextualizar, explicar y de paso lo convierte en marca de la casa, en ejemplo inequívoco de su estilo. Odio es un retrato del americano medio del cambio de siglo, un ser humano escéptico, desesperanzado, perdido, que asiste atónito a la destrucción moral de una sociedad, a la deconstrucción de una nación carcomida por el egoismo, la codicia y el individualismo. Un retrato de America, de su decadencia… Buddy evoluciona durante la obra (lo vemos en sus gustos musicales, desde los Yarbirds a Perry Como) alienandose, viendo ccon distancia la decadencia de una sociedad que ha liderado las modas y la cultura del mundo occidental. La incoherencia es que la propia serie Odio, forma parte de esa oferta cultural americana y que sin el liderazgo político mundial de los USA, no hubiera gozado de una exposición mundial. Esto es así.Al igual que Tony Soprano (personaje coétaneo a Buddy, además de natural del mismo estado: Nueva Jersey), Buddy representa la visión de un hombre de finales del siglo XX, de un punto de vista decadente en una sociedad hedonista podrida por el capitalismo y el individualismo, un mundo que se desmorona moral y estéticamente, que evidencia que bajo la fachada solo queda el egoismo y el culto al individiduo. Bagge es despiadado con sus personajes porque es muy crítico con la época y el país en el que le ha tocado vivir, no muestra nostalgia por el pasado pero se intuye una incomodidad con el entorno que le rodea.A Bagge no le gusta el grunge ni el rock, no es que se autocrítico, es que es destructivo con ellos. No tiene una propuesta alternativa, no le gustan y ya está. Solo pide su espacio para despellejarlos (como a Marvel, el Nu Metal, el cine de Hollywwod, etcétera, etcétera) y a reclamar su espacio para disfrutar lo que sí le gusta sin nunca hacer ejercicios de nostalgia ni de querer evangelizar a los que disfrutan con otro tipo de cosas (solo hay que ver como se explica en las entrevistas que ha ido dando durante los años) pero esta acidez conectó con un momento, una época y un público, legándonos una obra para leer y releer, que se hace corta, que es eterna.CierreComo hemos ido repitiendo Odio es una obra fundamental del underground americano, especialmente de la que podríamos decir que fue su edad de Plata, los 90. La obra de Bagge destacó por ser una comedia corrosiva y a pesar de su arraigo al momento que viví, bastante atemporal. No en vano, el autor siempre ha explciado que suele reflejar sus «aventuras» vitales con diez años de distancia, para poder tener la suficiente perspectiva para ser imparcialmente cruel, como se caracteriza como autor.Es una obra con bastante presencia en los medios generalistas gracias a su capacidad transversal, a sus premios y a la presencia de Bagge en nuestro país en repetidas ocasiones. Y aún así, pasa bastante por debajo del radar del fandom habitual de los tebeos.La Cúpula nos ha dado muchas oportunidades de subir y resubir al carro, si no lo conocéis, dadle una chance, dadle amor a Odio, (seguramente) no os arrepentiréis.