Los creadores de un nuevo James Pond quieren registrar la marca del plataformas que nació en 1990, pero la dueña de James Bond ha mostrado su oposición.Los aficionados a las plataformas en los 90 seguramente recordarán el nombre de James Pond, una aventura protagonizada por un pez que parodiaba al famoso agente 007. En las últimas semanas este título de Vectordean ha vuelto a las noticias por un problema legal con Danjaq LLC, dueña de los derechos de James Bond.Danjaq LLC, propiedad de la familia de Albert R. Broccoli, se ha puesto al registro de la marca James Pond, nombre de la saga iniciada en 1990 con James Pond: Underwater Agent al que siguieron James Pond II: Codename RoboCod (1991) y James Pond 3: Operation Starfish (1993).Los juegos, especialmente el primero, hacían guiños a Bond y sus películas -por ejemplo con el nombre de sus fases-. El segundo juego fue el más popular, pero pese a algún intento por recuperar la saga hace más de una década, pocos recordaban James Pond hasta que Gameware Europe y System 3 anunciaron su intención de crear nuevos juegos comenzando por James Pond: Rogue AI.Un nombre demasiado similar al de James BondLógicamente, las compañías intentaron registrar James Pond el año pasado en diversas categorías, incluyendo videojuegos y productos de merchandising, y aquí es donde World Trademark Review informa que Danjaq LLC ha puesto obstáculos por las similitudes en los nombres, que pueden crear confusión."James Pond es una saga de videojuegos consolidada, reconocida y de larga trayectoria, que se remonta a principios de la década de 1990, con una identidad, historia y público propios en el mercado de los videojuegos", según defiende Mark Cale, director ejecutivo y fundador de System 3."A lo largo de los años, se ha publicado y distribuido comercialmente a través de más de 12 socios. En esa historia figuran nombres importantes de la industria como Electronic Arts, antes de que System 3 adquiriera los derechos de propiedad intelectual".Cale recuerda que su objetivo es preservar el catálogo clásico y, como parte de este proceso, necesitan registrar las marcas para su comercialización en sistemas modernos: "No se trata de una marca nueva ni inventada, sino de una auténtica propiedad histórica de los videojuegos con una larga trayectoria comercial y un reconocimiento de 35 años".UKIPO no ha tomado una decisión, pero el periodista Tim Lince cree que esta batalla legal "pondrá a prueba los límites de la parodia y la fama".