Mientras el país invierte miles de millones en inteligencia artificial y robótica para disputar el liderazgo tecnológico global, una parte creciente de su juventud está dando un paso en sentido contrario. La estética Y2K, la tecnología analógica y una vida digital más simple reaparecen como respuesta al agotamiento de las redes y la presión constante de la hiperconectividad.