Aviso de Spoilers: El artículo que sigue a continuación aborda información relevante del conjunto de Succesion, por lo que puede si no quieres recibir una demanda de la familia Roy o no has visto la serie, te recomendamos que no sigas leyendo.EL PRECIO DEL PODERFUCK OFFUn artículo nunca llega tarde, ni pronto. Llega exactamente cuando se lo propone. Así, parafraseando a Gandalf, comenzamos esta publicación que pretende hacer un “remember” en toda regla de una de las mejores series de los últimos años: Succession. En mi caso, no haré trampas al solitario. El ejercicio a realizar es sencillo puesto que he visto las cuatro temporadas en el presente año. He de reconocer que el hecho de que no la viera en su día o de que no me pusiera antes con su visionado tenía que ver con ciertos prejuicios propios. Craso error. La calidad de Succession está fuera de toda duda, formando parte de la zona VIP del catálogo de HBO. Los Soprano, A dos metros bajo tierra, Hermanos de sangre, The Wire, Roma… cambiaron la forma de consumir televisión a comienzos de siglo. Sin embargo, gracias a la proliferación de plataformas streaming, la cantidad ingente de producciones que son estrenadas semana sí, semana también, dificulta la elección, en primer término, y el seguimiento en temporadas posteriores. Por eso, a veces, resulta más apetitoso esperar a que la serie en cuestión haya echado el telón. Eso sí, acompañada de calurosos vítores por parte de público y prensa especializada y no por controvertidas cancelaciones que nos prohíban despedirnos como es debido.Tras esta introducción un tanto atropellada paso a plasmar mis reflexiones sobre esta serie creada por Jesse Armstrong. A lo largo de 39 episodios, Succession orbita alrededor de la figura de Logan Roy, espléndidamente interpretado por Brian Cox, mandamás de Waystar Royco. Logan fundó la compañía y es un auténtico tiburón de las finanzas. Sin embargo, ni las figuras más poderosas del mundo pueden burlar a la Parca. De esta forma, Succession arranca con un jaque al cabeza de familia. Al no saber si podrá salir de la afección, sus herederos comienzan a jugar sus cartas en una partida que dura cuatro temporadas.Logan Roy (Brian Cox), un auténtico cabronazo de primer nivelA pesar de ser una serie genial, lo cierto es que los espectadores coincidimos en señalar como despreciables a todos y cada uno de los personajes principales. Aplicando la máxima del individualismo estadounidense, todos los protagonistas miran primero por ellos, luego por ellos y, finalmente, por ellos. «Hago lo que quiero, cuando quiero y como me da la gana». Logan se encargó bien de plantar la semilla de la discordia entre sus hijos. Como si de El Padrino se tratara, el personaje interpretado por Cox manipula con astucia en pos de sus propios intereses. En realidad, el legado le importa un carajo. Él aspira, anhela con todas sus fuerzas mantenerse en la cima hasta que cierre los ojos. Para Logan, el fin justifica los medios aunque ello suponga generar todo tipo de traumas a unos hijos de lo más cainitas. Succession es una serie fenomenalmente escrita que sirve en bandeja de plata jugosos guiones para sus intérpretes. Un Juego de tronos moderno y ultracapitalista cuyos participantes son complejos personajes perfectamente desarrollados. Si bien Logan es la viga central de Succession, nos encontramos ante una historia coral. Tres de sus cuatro hijos (Kendall, Siobhan y Roman) se disputan recoger el testigo al cargo de la empresa. La cuestión no va de dinero. Son tan asquerosamente ricos que pueden vivir a cuerpo de rey tanto ellos como varias generaciones venideras. Los tres quieren verse en lo más alto de la pirámide, buscar de alguna manera la aceptación de su padre para que este considere a uno de ellos digno heredero. De esta forma, la codicia y la envidia son elementos que revolotean constantemente en el ambiente. Si por algo se caracterizan todos los personajes de Succession es por su falta de escrúpulos, capaces de apuñalar por la espalda (metafóricamente hablando) a quien haga falta con tal de subir un peldaño. Así, los 39 capítulos a los que hacía referencia anteriormente se transforman en los 39 escalones de Alfred Hitchcock. Una carrera cuya meta es un trasunto de trono de hierro en lo alto de una torre que emerge del corazón de Manhattan.Kendall, Shiv & Rome: El legado maldito.Tal fue el nivel actoral alcanzado, que cinco de sus intérpretes alzaron el Globo de Oro en alguna de sus cuatro temporadas. El veterano Brian Cox, primer actor que se metió en la piel de Hannibal Lecter (Hunter), se muestra imponente como Logan Roy, magnate cuyos tentáculos llegan a todas partes sin ningún tipo de reparo moral. Jeremy Strong, nominado al Oscar por su participación en The Apprentice. La historia de Donald Trump, da vida a Kendall, el hijo que, en principio, parece estar mejor colocado (y vaya si se coloca…) para suceder a su padre con cierta pulsión a la autodestrucción. El de Kendall es un personaje trágico que, a pesar de los complejos acumulados, consigue hacer frente a su progenitor. Sin embargo, cuando está a punto de conseguir su ansiado deseo, verá como todo acaba volando por los aires. Sarah Snook encarna a «Shiv», inteligente y, a la vez, arrogante, debe pelear más duro que el resto para hacerse un hueco en un mundo completamente machista. En un giro de los acontecimientos, Shiv resulta ser la clave para el devenir de la compañía. Por último está Roman. Divertidísimo Kieran Culkin (ganador del Oscar por A real pain) interpretando al más pequeño de los hijos. Bocazas y exhibicionista, a “Rome” le cuesta horrores rebelarse contra su padre. El quinto premiado no es otro que Matthew McFayden. El actor británico encarna a Tom, marido de Shiv quien, pese a ser un advenedizo, gracias a su espíritu arribista y una pizca de fortuna consigue hacer sus sueños realidad. A río revuelto, ganancia de pescadores.Hablando de nombres propios no podemos olvidarnos de Greg (Nicholas Braun), nieto del hermano de Logan (James Cromwell), que, pese a ser lo más parecido a una buena persona, acaba siendo igual de miserable y patético que el resto de los miembros de la familia. Connor (Alan Ruck), primogénito de Logan al que nadie toma en serio al estar fuera del negocio pero que siempre pone la mano para ingresar cantidades ofensivas de dinero mientras prepara su campaña presidencial. En el apartado laboral tienen mucho peso nombres como los de Gerri (J. Smith-Cameron), Frank (Peter Friedman), Karl (David Rasche), Hugo (Fisher Stevens) o Karolina (Dagmara Dominczyk) siempre pendientes de mover el árbol, sin romperlo, con el objetivo de recoger las nueces. Aunque no tengan el mismo peso que los miembros de la familia Roy, lealtad no es una palabra que aparezca en su diccionario.The Office (Karonlina, Karl & Gerri)Como suele ser habitual en series que levantan tantas pasiones, otros nombres de primer nivel hicieron su particular inmersión en esta bañera llena de pirañas. Holly Hunter, Adrien Brody o Alexander Skarsgård afilaron colmillo gracias a unos secundarios deliciosos.Por poner un pero, aún cuando la serie es excelente, si el visionado se hace de continuo da la sensación de que, en el nudo, dan vuelta alrededor del mismo círculo. Las traiciones son una constante (generalmente con Kendall como protagonista) mientras Logan aguanta todo tipo de envestidas estoicamente jugando sus bazas como nadie. Todo cambia en la estupenda última temporada con un par de giros de guion que, prácticamente, nadie vio venir. En el episodio La boda de Connor (probablemente el mejor de toda la serie), Logan sale tan por la puerta de atrás que hasta nos hacen dudar de si realmente esta muriendo. ¿Y si es una estrategia para debilitar la frágil alianza de sus tres hijos? El fallecimiento del patriarca pone todo patas arriba. Tanto los miembros de la familia como los de la compañía se comportan como pilotos de Formula Uno tratando de estar lo mejor posicionados cuando la bandera de cuadros ondee. El particular duelo de los protagonistas, el funeral y la compra de Gojo provocan una traca final por todo lo alto con una coherencia absoluta.