MoMA de Nueva York o Tate Modern de Londres: el poder proisraelí en los museos más importantes del mundo

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Más allá de la consabida trifulca política, la última polémica en torno a la petición del Gobierno Vasco de préstamo del Guernica al Guggenheim de Bilbao puso de nuevo el foco en el frágil estado de conservación del emblemático cuadro de Picasso. Pero lo que todo el mundo obvió fue una necesaria reflexión sobre la conveniencia de que una obra encargada al artista por la Segunda República española para denunciar los horrores de la guerra y del fascismo acabara, siquiera temporalmente, en un museo que es una franquicia de una institución estadounidense apoyada por capital sionista.No en vano, los museos se están convirtiendo cada vez más en lugares de intenso conflicto sobre la cuestión israelí-palestina, con debates centrados en la representación del sionismo, acusaciones de propaganda, protestas de activistas propalestinos y huelgas del personal. Además, la industria cultural en general y el mercado del arte en particular son herramientas fundamentales de la estrategia colonial israelí, cuyo fin es la legitimación y normalización del sionismo (tan poderoso financieramente) a escala internacional, construyendo una imagen de apertura y diversidad que oculta lo que sus críticos consideran una naturaleza supremacista. Fue hace un par de temporadas cuando la revista Artforum —que acababa de ser comprada por el grupo editor Penske Media Corporation (PMC), con mucho capital sionista— se situó en el epicentro del huracán por una carta firmada por 8.000 artistas contra el ataque de Israel sobre Gaza, que terminó con el despido de su editor, David Velasco, debido a las presiones en forma de retirada de publicidad de galeristas anunciantes del lobby judío en Estados Unidos (fortísimo en el adinerado mundo del arte, como en tantos otros ámbitos), de la talla de Dominique Lévy, Brett Gorvy y Amalia Dayan, que calificaron el texto de asimétrico, parcial e injusto. Se trata de tres de los más importantes y millonarios marchantes del mundo, que unieron sus fuerzas hace unos años bajo el nombre comercial de Lévy Gorvy Dayan, galería que maneja obras de Basquiat, Warhol o Richter, y tiene vínculos con todos los grandes museos de arte contemporáneo. Lévy ha expresado públicamente su fuerte apoyo al Estado de Israel, es miembro de la Junta de Gobernadores de la Agencia Judía para Israel y apoya activamente a diversas instituciones, incluyendo el Museo de Israel en Jerusalén, mientras Dayan es nieta de Moshe Dayan, icónico comandante militar y político israelí que desempeñó un papel central en la historia de Israel.A través de Lévy Gorvy Dayan (inicialmente solo Dominique Lévy y posteriormente Lévy Gorvy), la influyente galería, con sedes en Nueva York, Londres y Hong Kong, colabora con préstamos, exposiciones y proyectos diversos con museos y fundaciones como, por citar algunos, el Museum of Fine Arts de Houston (MFAH), el Museu d’Art Contemporani de Barcelona (MACBA, que ha acogido exposiciones y actividades que exploran la narrativa, cultura y lucha palestinas), la Fundación Gego (Caracas) o la Colección Cisneros Fontanals, y también ha estado presente en ARCOmadrid. Como consecuencia de su postura, por cierto, su galería en el Upper East Side de Manhattan ha sido objeto de varias protestas en las que activistas, al tiempo que han sido acusados de artwashing, esto es, blanquear a Israel a través del arte como parte de su complicidad con el sionismo, así como de usar su poder para silenciar voces críticas.El Museum of Modern Art (MoMA) de Nueva York ha sido también escenario de polémicas por el genocidio perpetrado por Israel en Gaza, al denunciar los propios trabajadores y activistas propalestinos a la institución cultural de tener vínculos con la ocupación sionista, llegando a exigir la dimisión de miembros del consejo directivo como Leon Black (multimillonario y coleccionista de arte supuestamente vinculado con Epstein), Larry Fink (CEO de BlackRock), Paula Crown (cuya fortuna proviene de la empresa de armamento de su marido, James Crown, General Dynamics, que trabaja con empresas israelíes de tecnología militar y el propio ejército israelí), Marie-Josée Kravis (filántropa señalada por apoyar a Israel con sus inversiones y actual presidenta del MoMA) y Ronald S. Lauder (largamente relacionado con el museo y presidente del Congreso Judío Mundial, que lucha contra el antisemitismo y el antisionismo a nivel mundial).También en Nueva York, importantísima urbe para el arte y para el sionismo, el Whitney Museum of American Art enfrentó protestas por la presencia en su junta de Nancy Carrington Crown, filántropa de una de las familias más ricas de Chicago con una larga trayectoria de apoyo a causas judías e instituciones en Israel. Los activistas señalan que sus nexos con el sionismo se establecen a través de su esposo, Arie Steven Crown, que posee participaciones significativas en (de nuevo aparece) General Dynamics, empresa que es una de las principales contratistas de defensa de Estados Unidos y que suministra armamento y sistemas de información al ejército israelí.En una línea muy parecida, el filántropo judío y estadounidense Warren Kanders mantiene desde su salida del Whitney Museum en 2019 un perfil discreto centrado en el ámbito privado del coleccionismo. Antes de dejar el cargo de vicepresidente de la junta directiva, fue objeto de una intensa campaña de protesta comandada por artistas y activistas al hacerse público que en la frontera entre Estados Unidos y México se usaba el gas lacrimógeno fabricado por su empresa, Safariland, que también suministra equipos utilizados por las fuerzas de seguridad de Israel contra civiles palestinos. Por supuesto, argumentó que estas campañas estaban promovidas por el antisemitismo y el activismo antisionista, mientras el debate público sobre la 'filantropía ética' reflexionaba sobre las cautelas que deben adoptar los museos al aceptar donaciones o miembros en sus juntas relacionados con la industria de defensa.Viajamos hasta Londres para llegar a la Tate Modern (Museo Británico de Arte Moderno), que recibió en diciembre de 2024 una carta con más de un millar de firmantes exigiendo cortar relaciones con donantes cómplices del Estado de Israel, acusando asimismo a la institución de artwashing en todo lo relacionado con el genocidio. La presión se centra en figuras y fondos específicos que han financiado durante décadas al museo, muy particularmente Len Blavatnik, empresario y filántropo británico-estadounidense de origen soviético, cuyo apellido da nombre al edificio más moderno de la Tate Modern (Blavatnik Building) debido a una de las mayores donaciones en la historia de la galería (más de 50 millones de libras).Amigo cercano de Benjamin Netanyahu, Blavatnik es accionista mayoritario del canal de televisión israelí Channel 13, inversor destacado en tecnología de defensa, dueño de la plataforma de streaming deportivo DAZN y controla Warner Music Group. A través de la Blavatnik Family Foundation, financia proyectos destinados a preservar la historia judía y en diciembre de 2023 suspendió sus donaciones a Harvard como queja por la gestión del antisemitismo en el campus. En su faceta filantrópica, donó en 2022 10 millones de libras para la reurbanización de la National Portrait Gallery de Londres, a partir de la cual se creó el Blavatnik Wing (el ala Blavatnik). También ha aportado importantes fondos a Courtauld Institute of Art (organización afiliada a la Universidad de Londres especializada en el estudio de la historia del arte), Victoria & Albert Museum o Imperial War Museum, además de crear en 2005 el Blavatnik Archive, dedicado a preservar materiales de historia mundial del siglo XX.Los firmantes del escrito de reproche contra la Tate Modern (y el grupo de galerías Tate en general) señalaban también a Anita y Poju Zabludowicz, fundadores de Zabludowicz Art Trust, denunciando vínculos económicos de su firma, Tamares, con infraestructuras en asentamientos israelíes. Ambos son considerados figuras clave del sionismo en Reino Unido, pues, no en vano, Poju fundó en 2001 y presidió hasta 2013 el Britain Israel Communications and Research Centre, organización dedicada a promover la imagen de Israel, y son benefactores destacados de organizaciones como la United Jewish Israel Appeal (UJIA) y el Community Security Trust (CST). Su fortuna, además, proviene en gran medida de la herencia de Shlomo Zabludowicz, padre de Poju, quien fundó la empresa de defensa Soltam, proveedora histórica de artillería para las Fuerzas de Defensa de Israel. De hecho, este vínculo fue objeto de otra campaña por la que Poju Zabludowicz salió en abril de 2023 del consejo de la Fundación de Apoyo del Museo de Arte Contemporáneo de Helsinki (Kiasma) como resultado de una campaña de denuncia de más de 150 trabajadores y artistas que le señalaban como figura clave en el comercio de armas entre Finlandia e Israel. Esta misma campaña también se dirigió contra Outset Contemporary Art Fund, fundada por Candida y Zak Gertler, que mantienen lazos tan estrechos con el Gobierno israelí hasta el punto de ser amigos personales de Netanyahu. Como resultado de las presiones, Candida Gertler renunció en noviembre de 2024 a su cargo en la fundación y a todos sus puestos voluntarios en instituciones artísticas del Reino Unido (incluyendo el consejo internacional de la Tate), citando un aumento del antisemitismo en los espacios culturales. Además, galerías londinenses como Whitechapel Gallery, Somerset House y Goldsmiths CCA retiraron de sus paredes los carteles de agradecimiento a Outset tras la presión de sus trabajadores.En España no se han dado situaciones de este tipo, ni hay grandes multimillonarios internacionales en los patronatos de los museos más importantes, si bien destaca el caso particular del Museo Hispano Judío, en proyecto en Madrid desde hace unos años con el objetivo de arrojar luz a la historia de 1.800 años de presencia judía en España. Este futuro museo está impulsado por la Fundación Hispanojudía (FHJ), con Alicia Koplowitz en su patronato y presidida por David Hatchwell, activista proisraelí y referente del sionismo en España, con fuertes vínculos con el Ayuntamiento y la Comunidad de Madrid, y cofundador de Acción y Comunicación sobre Oriente Medio (ACOM), el principal grupo de presión proisraelí de España.Reseñalbe es también el caso del Museo Thyssen-Bornemisza, que ha programado exposiciones en defensa del pueblo palestino como Gaza a través de sus ojos, al tiempo que en sus programas de apoyo empresarial figura The Edmond de Rothschild Foundations como entidad colaboradora. Creada en 2005 como organización filantrópica internacional para agrupar una serie de legados históricos instituidos por los herederos de la familia Edmond de Rothschild, la fundación combina una profunda raíz histórica con el movimiento sionista y un compromiso filantrópico activo con el Estado de Israel. Actualmente, está dirigida por la viuda de uno de sus descendientes directos, y toma su nombre del barón Edmond James de Rothschild, una figura central en la historia del sionismo por financiar los primeros asentamientos judíos en Palestina a finales del siglo XIX. La red internacional de fundaciones cuenta con una entidad específica, la Edmond de Rothschild Foundation (Israel), cuya misión explícita es continuar el legado de la familia y su compromiso a largo plazo con el Estado de Israel.