Hay decisiones políticas que resuelven problemas. Otras, simplemente, los administran. Y luego están las que los agravan mientras fingen combatirlos. El decreto de prórroga de alquileres pertenece a esta última categoría. Los términos del debate han sido los habituales: proteger al vulnerable, dar estabilidad a quienes peor lo pasan. Difícil oponerse. El envoltorio moral, como siempre, impecable. La verborrea, de cine. El problema surge al pasar de las palabras cuquis a la eficacia práctica. Entonces se comprueba su esterilidad. El decreto no solo no aborda la causa de los altos precios de la vivienda, sino que contribuirá a su aumento y, con ello, a la incertidumbre e inseguridad vital de cada vez más jóvenes y familias. España reúne hoy todos... Ver Más