Cuando el cuarto árbitro mostró el cartel del tiempo añadido en El Sadar y apareció un 8 amenazante, Fermín López se quedó de rodillas unos segundos en el césped con las manos en la cabeza intuyendo el sufrimiento que se avecinaba. Osasuna acababa de marcar el 1-2 y el Barça tenía prisa por celebrar un triunfo que casi era un título de Liga. La escena llamó la atención porque el equipo navarro había puesto el balón en juego con un saque de banda en campo propio y el de El Campillo (Huelva) estaba de espaldas a la acción maldiciendo esos 8 minutos que en ese instante le parecían una vida. Un grito de un compañero le hizo reacccionar, le sacó de su mundo y corrió a la presión como un poseso.Leer más]]>