Una de las ventajas que ofrecía la inteligencia artificial en su origen era la de mejorar aspectos en los que los humanos podían requerir cierta ayuda. Podemos pensar en ámbitos complejos, como estudios científicos con miles de variantes y ensayos necesarios, pero también quedarnos en aspectos cotidianos como puede ser pedir ayuda con una receta de cocina o con un escrito como este, pero que no será este.La idea era clara y consistía en hacer las cosas mejor. Lo que sucede ahora es que, ante el aluvión de contenido generado con inteligencia artificial y con su aroma inconfundible, se está imponiendo otra tendencia. Se trata de disimular el uso de asistentes artificiales mediante software que añade elementos naturales y humanos: fallos, erratas, gazapos, pifias, errores, faltas y deslices. Es decir, servirse de IA para que escriba pero que no parezca que lo ha hecho y, para ello, nada mejor que despojarla de su perfección gramatical.El anti-Grammarly llega para humanizar a la IA I made the anti-Grammarly. Mess up your emails with AI. https://t.co/R6kdTpoc0W pic.twitter.com/1AF5qrCFwT— Ben Horwitz (@horwitzben) April 23, 2026 La idea la tuvo el estudiante de la Escuela de Negocios de Harvard Ben Horwitz y la ha reflejado Business Insider. Ante el auge de asistentes de IA capaces de mejorar la redacción de cualquier correo electrónico a costa de dejarlo sin carácter ni personalidad, Horwitz ha creado un complemento que añade algunos errores gramaticales con los que la escritura recupera cierto cariz humano.Horwitz se sirvió de Claude, el modelo de Anthropic, para desarrollar Sinceerly, un software con el que cualquier texto de un correo electrónico que haya generado un asistente sintético pasará a tener un perfil más humano. Para ello, nada como quitar alguna tilde, prescindir de una mayúscula o intercambiar una B por una V.Horwitz quiso jugar desde el primer momento con esa idea de los fallos gramaticales y, para aquellos que hayan leído de forma natural el nombre de su plugin, les recomendamos hacer una revisión del párrafo anterior para detectar el pequeño detalle que da sentido al programa del creador. Efectivamente, el vocablo original en inglés que sirve para cerrar multitud de correos electrónicos no se escribe como aparece arriba. Y en este caso existe garantía de que está escrito como corresponde con el complemento en cuestión. Y sin necesidad de revisión de un agente externo.La herramienta diseñada por Horwitz permite escoger el grado de imperfección que se quiere reflejar en el correo electrónico de turno, desde errores sutiles a otros más evidentes. En ellos se cuela el sarcasmo, al catalogarlos Horwitz como fallos nivel CEO. El escalón intermedio sitúa los errores en nivel humano, en lo que podría resultar algo cercano a la naturalidad de la escritura.Con esta herramienta estamos, por tanto, ante la antítesis de los complementos que llevan años disponibles y que servían, en la era pre-IA masiva, para justamente todo lo contrario: revisar la escritura y corregir esos errores que, por exigencia de velocidad en la escritura o por cercanía de letras o símbolos en el teclado (excusa recurrente), podían formar parte de una redacción.La inteligencia artificial, que había llegado para ahorrar trabajo y mejorar la calidad del mismo, ahora parece requerir que se le despoje de su halo artificial a base de aquello que nos humaniza: los fallos. La pregunta es si, con tantos pasos para que un agente de IA escriba un correo, primero bien y luego no tanto, no sería más rápido hacer las cosas de manera orgánica y sin intermediarios. .embed-error { padding: 1rem; background-color: #ffebee; border-left: 4px solid #d32f2f; margin: 1rem 0; }.embed-error p { margin: 0 !important; color: #d32f2f !important; }