El puente de hierro necesita ser declarado BIC para aspirar a fondos del Dos por Ciento Cultural

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La rehabilitación del antiguo puente de Alfonso XIII o «de hierro», una obra de ingeniería que el pasado 6 de abril cumplía nada menos que cien años, constituye desde hace décadas una as ignatura pendiente de la ciudad de Sevilla. La Autoridad Portuaria, dueña de esta infraestructura, tiene ya planteada la hoja de ruta para remozar el antiguo puente como mirador del río Guadalquivir en su actual enclave en la avenida de las Razas y como icono de una nueva zona verde que conecte con el parque del Guadaíra. Este proyecto, destinado a devolver al puente de Alfonso XIII la dignidad que le debe la ciudad, cuenta eso sí con el reto de conseguir la financiación necesaria para acometer las obras . Porque como manifestaba el pasado 19 de marzo el presidente de la Autoridad Portuaria de Sevilla, Rafael Carmona, a la hora de presentar la actuación prevista, la operación va a necesitar «mucho dinero». Y es que a grandes rasgos, el proyecto que baraja la Autoridad Portuaria contempla no sólo la restauración integral de la antigua infraestructura, íntimamente ligada a la Exposición Iberoamericana de 1929, hito indiscutible de en la historia moderna de la ciudad; sino además desplazarla para que, dentro de la misma parcela que ocupa en el extremo sur de la avenida de las Razas, linde directamente con la orilla del río. Además, la idea incluye la creación de una suerte de nuevo lago bajo la posición que ocupará el puente, para que el mismo sobrevuele esta nueva lámina de agua. Para ello, en ese sentido, será necesario retirar toneladas y toneladas de tierra de la mencionada parcela, para permitir que el agua llegue hasta el interior de la misma en una suerte de «mordisco» a este tramo de ribera, como explicaba el propio Rafael Carmona en términos metafóricos. También está prevista la creación de un anfiteatro y, por supuesto, la adecuación completa del entorno del puente como zona verde. Es decir que en efecto, esta obra necesitará una ingente inversión, para lo cual la Autoridad Portuaria de Sevilla, de la mano del organismo estatal Puertos del Estado, ha resuelto recurrir al programa nacional del Dos por Ciento Cultural , que destina dicho porcentaje de la inversión estatal en obras públicas, para trabajos de conservación o enriquecimiento del patrimonio histórico español o al fomento de la creatividad artística. En ese sentido, la orden estatal de 2014 que regula las ayudas para actuaciones de conservación o enriquecimiento del patrimonio histórico con cargo a los recursos procedentes de las obras públicas especifica expresamente que para solicitar estos fondos, «los bienes sobre los que se realicen las actuaciones deberán estar declarados Bienes de Interés Cultural (BIC), o haberse incoado el correspondiente expediente para su declaración, o gozar de un nivel de protección equivalente según la normativa de aplicación, o estar incluidos dentro de un conjunto histórico y estar especialmente catalogados por el planeamiento municipal». Al respecto, una resolución de la Oficina del Defensor del Pueblo Andaluz emitida en 2020 concreta que «desde un punto de vista normativo, el puente de Alfonso XIII no está inscrito en el Catálogo General de Patrimonio Histórico Andaluz en ninguna de sus categoría ni como BIC ni como bien de catalogación general»; pero «sí tiene, a través del PGOU, un nivel de protección 'global' al estar inscrito en el sector 27.3 del Conjunto Histórico de Sevilla»; correspondiente al Puerto y que recoge una ficha de catálogo respecto al puente junto con determinaciones de protección y conservación en las ordenanzas del citado sector. De tales aspectos se extraería en principio la conclusión de que para concurrir al mencionado programa estatal del Dos por Ciento Cultural con absolutas garantías de éxito, lo más conveniente sería quizá la incoación de una declaración de bien de interés cultural sobre el puente. De hecho, la declaración institucional formalizada en 2020 por el pleno del Ayuntamiento hispalense sobre el puente de Alfonso XIII , con el respaldo de todos los grupos políticos, solicitaba entre otros aspectos promover su protección como Bien de Interés Cultural y su inscripción en el Catálogo General del Patrimonio Histórico Andaluz. Dicha declaración institucional destacaba así el valor de este antiguo puente como «elemento arquitectónico singular» y como «testimonio» además «del gran evento histórico» que constituyó para Sevilla la exposición iberoamericana de 1929. Esa misma declaración institucional apostaba por la recuperación y reconstrucción del puente sobre el río Guadalquivir, «como pasarela para uso peatonal y de transporte personal alternativo en un lugar emblemático», si bien finalmente ha prevalecido la opción defendida por la Autoridad Portuaria para rehabilitarlo en su enclave actual del extremo sur de la avenida de las Razas, donde fue depositado en 2003. Desde su desmantelamiento en 1998 hasta ese año, había permanecido en el muelle de las Delicias, en espera de un destino mejor. La plataforma de colectivos sociales constituida en torno al puente, conformada por entidades como la asociación Ben Baso de profesores para la difusión del patrimonio histórico, la Asociación de Defensa del Patrimonio de Andalucía (Adepa) o la Asociación Velázquez por Sevilla; señalaba recientemente, con motivo de la efeméride del centenario del puente, que «desde 1996» viene reclamando que esta antigua infraestructura sea protegida como BIC. Estas mismas asociaciones han defendido insistentemente su reutilización como pasarela sobre el río, especialmente como viaducto entre San Telmo y el nuevo espacio urbano de la antigua planta de Altadis en Los Remedios, una posibilidad ya desechada, al apostar el Puerto por su puesta en valor como mirador del río en su ubicación actual. Al respecto, no sobraría recordar quizá que las operaciones de desmantelamiento y traslado del puente allá en 1998 supusieron la desaparición de sus dos tramos exteriores de aproximación, la anulación de sus contrapesos y la demolición de elementos como las pilas y estribos de esta gran obra de ingeniería civil, que por ende, no fue conservada completa, dificultando así su reutilización. En cualquier caso, la consecución de fondos estatales del programa del Dos por Cierto Cultural requerirá de argumentos que avalen los atributos históricos y arquitectónicos del ya centenario puente de Alfonso XIII. Para ello, qué mejor que presentar una declaración de Bien de interés Cultural o al menos la incoación oficial del procedimiento administrativo correspondiente a dicha figura de protección. Y es que el tiempo apremia, pues como manifestaba el propio presidente de la Autoridad Portuaria, sería verdaderamente ideal que el puente luciese al fin remozado en el marco temporal de la c onmemoración del centenario de la Exposición Iberoamericana de 1929 , en cuya transformación urbana de Sevilla se encuadra precisamente la instalación de este puente aquel 6 de abril de 1926, de la mano del rey Alfonso III, a bordo del crucero argentino Buenos Aires en su navegación por el Guadalquivir hasta alcanzar Sevilla. Se trata así de un importante desafío, para devolver la dignidad a este emblemático puente que formó parte del paisaje de la ciudad durante más de 70 años y cuya carga histórica es indiscutible, aunque todavía no le haya sido reconocida con la demandada protección como Bien de Interés Cultural.