Una de las máximas de los profesionales que trabajan día y noche en la prevención del suicidio es atender con celeridad y rigor las preocupaciones más relevantes de la población más joven, la más vulnerable y la que en muchas ocasiones no es capaz de encontrar las herramientas necesarias para poder salir de un laberinto que, aunque parezca lo contrario, siempre tiene salida. Cada vez son más los profesionales que, a través de la disposición de líneas de contacto, ya sea bien por chat o por el teléfono, centran el riesgo existente sobre aquellos menores que en espacios como los colegios o en su propia casa pueden sufrir el acoso en sus carnes, de ahí que estos cada vez dispongan de mayores recursos para afrontar cualquier problemática antes de que una situación acabe complicándose. Es a lo que se dedica la Fundación ANAR , una organización sin ánimo de lucro dedicada a proteger a menores de edad en situación de riesgo y desamparo, que acaba de ofrecer un informe exhaustivo a nivel nacional del que se desprende un deterioro crítico en la salud mental de la infancia y la adolescencia, con un aumento del 8,9 por ciento en las ayudas prestadas a un total de 19.990 menores, aunque por razones de seguridad no establecen el número de menores afincados en Sevilla que han hecho uso de su número de teléfono ( 900202010 ). Los casos relacionados con salud mental alcanzaron el 51,8 por ciento del total, destacando un incremento del 35 por ciento en autolesiones y del 25 por ciento en conductas suicidas, mientras que la violencia estuvo presente en el 62,7 por ciento de las situaciones atendidas, tal y como reseña esta fundación. Y lo que es más preocupante: se detectaron 6.467 situaciones con idea de suicidio y 1.405 casos en proceso de tentativa de suicidio, 281 más que el año anterior. El director técnico de ANAR es el psicólogo Benjamín Ballesteros, que relata que en esta corporación llevan atendiendo a niños y adolescentes en Andalucía desde 1994, muchos más años que la línea 024 de prevención del suicidio que puso en marcha el Gobierno hace cuestión de cuatro años. «Fuimos la tercera línea de ayuda a la infancia que se abrió al mundo, somos el recurso y el referente a nivel nacional para cualquier problemática», expresa este especialista a este medio. «Los menores pueden pensar que pedir ayuda no es importante, pero se pueden evitar cosas muy graves», sostiene. Las personas responsables de la línea son psicólogos que atienden las 24 horas al día y los 365 días del año. ANAR recibió en 2025 una cantidad de 252.561 peticiones de ayuda atendidas, de las cuales 11.765 se efectuaron desde Andalucía, aunque no se facilitan datos a nivel local a fin de proteger la privacidad de los menores que llaman. «Nunca sabes qué llamada te va a entrar : desde un menor que se ha peleado con un hermano o una abuela que llame diciendo que no le dejan ver a sus nietos. O un menor que esté pensando en suicidarse o tenga un intento autolítico iniciado», señala. «Los psicólogos trabajan de forma supervisada y levantan la mano inmediatamente. Ese supervisor los conecta con un departamento de abogados y otro de trabajadores sociales», divide. De esta manera, recoge Ballesteros, si un menor necesita un recurso de infancia o adolescencia, de cualquier lugar o rincón de Andalucía, sabe dónde acudir. «Si hay una vulneración de derechos, están las abogadas para asesorar a ese menor», matiza. «Nosotros trabajamos de forma muy coordinada con la Fiscalía y el Defensor del Pueblo, porque detrás de un suicidio siempre existen múltiples causas », destaca. «No podemos hablar de causa única; hay que tener en cuenta que los menores se encuentran con una visión de túnel donde el suicidio puede parecerles una solución y no lo es, porque todos los problemas son temporales», sentencia. Cuestionado por cómo actúan de cara a las familias cuando están hablando con sus hijos, el director técnico de ANAR refleja que hay tres niveles: el primero es el de atención psicológica y apoyo en el entorno familiar. «El primer recurso disponible es su familia porque, cuando es protectora, apoyamos en el entorno familiar, pero hay situaciones en que hay muchos casos de violencia intrafamiliar; en esos casos hablamos del nivel 2, si la familia está agrediendo al menor con agresiones sexuales o situación de abandono, lo que hacemos es derivar», especifica. ¿Y el nivel 3? Se activa en situaciones de emergencia ante un riesgo de gravedad física, desamparo o una agresión sexual. «Actuamos para que el menor tenga primeros auxilios y, en paralelo, intervenimos con el 112, Policía o Emergencias gracias a un convenio con el Ministerio del Interior», abunda Ballesteros. El objetivo sigue siendo prevenir, adoptar las medidas y revelar las causas, a menudo relacionadas con un mal uso de la tecnología. «Que un menor vea porno ya es violencia para ellos», añade. «Hicimos un estudio sobre cómo las agresiones sexuales crecen en el país y en menores de edad, en concreto las manadas. Hemos pasado de un dos por ciento a un once», afirma. Algo que se traslada también a las autolesiones, que en muchos casos vienen por modas, «para pertenecer a un grupo», arguye.