Virginia (Woolf) y la giganta

Wait 5 sec.

Estos relatos son los primeros intentos narrativos conocidos de Virginia Woolf . Aparecen ahora en español en dos ediciones distintas, una de Páginas de Espuma ('Violet') y otra de Lumen ('Vida de Violet'). Sorteemos de una vez la difícil cuestión de cuál de las dos recomendar . Yo no sabría decir cuál de las dos traducciones es mejor. Las he leído ambas y en un párrafo prefería la de Páginas y en el siguiente la de Lumen. Creo que las dos son excelentes . Por lo demás, cada volumen tiene un peso, una apariencia y una personalidad (quiero decir, unas virtudes) distintos. La edición de Lumen contiene abundante información a cargo de la descubridora de estos textos, Urmila Dickinson. La de Páginas de Espuma es en tapa dura, tiene ilustraciones en color en páginas sin numerar y está impresa en tipos Caslon Antiqua, idénticos a los viejos tipos de plomo que Leonard y Virginia Woolf adquirieron para su editorial Hogarth Press. Una sugerencia: comprar las dos. Violet Dickinson había nacido en 1865, Virginia en 1882, y cuando conoció a Violet no era más que una niña. Violet medía más de un metro ochenta , tenía fama de giganta (un tema recurrente en esta 'Vida') y debía de parecer todavía más alta al lado de la joven Virginia. Fue Violet quien presentó a Virginia al director del 'Times Literary Supplement' y quien la animó y ayudó en los inicios de su carrera literaria. Los tres relatos que componen esta 'vida' no son mucho más que juegos, pero ah, son los juegos de un genio. Vemos a Virginia ejercitando la mano, trazando arabescos con la pluma, que nos interesan sobre todo porque sabemos en qué maravillosos pavos reales se convertirán. Y sin embargo la gran revolución literaria de Virginia Woolf ya parece manifestarse aquí por todas partes. No solo en el pensamiento feminista , «el inicio de la gran Revolución que está haciendo de Inglaterra un lugar muy diferente del que era», con un posible germen de la famosa frase «lo que necesitan las mujeres es dinero y una habitación propia», aquí todavía diluida en la necesidad de tener un 'cottage' propio «con sitio para sentarse, tu propia porcelana y sin antepasados», sino también en lo artístico. En 'Galería de amistades' encontramos ya el tono de Virginia Woolf, el sentido del humor, el efecto hipnótico de una prosa que parece movida (ella misma hizo esta comparación muchas veces) por un ritmo que recuerda a las olas del mar de Cornwall, que llegan suaves a la playa una tras otra pero se han originado poderosamente en alta mar, muy lejos, y cuya cadencia, cuando se encuentra, es el oro de un narrador. Virginia sabe ya, antes de haber escrito casi nada, cuál es el problema central de un novelista (p. 34 en Lumen, p. 39 en Páginas de Espuma). Y escribe: «Lo mejor de la vida es no perder nunca el interés por las cosas », despertarse cada mañana y decirse: «¡Santo cielo, estoy viva!». Y saber que «cuando uno piensa una cosa, se convierte en esa cosa». Es de suponer que eso mismo nos pasa a nosotros, los lectores. Por eso necesitamos leer. Por eso deseamos leer.