El Barça tendrá que ganar la liga el domingo en el Camp Nou. Si no lo hace todavía tendrá tres jornadas más. Imposible que no se lleve su título 29, como también lo es el manido pasillo en el clásico. Un doblete de Vinicius en Cornellá le dio los tres puntos al Madrid y desactivó el alirón culé . Veremos si también lo hace dentro de siete días. El partido comenzó con una noticia sobradamente conocida para el Madrid. Lesión de Mendy. Es imposible que el jugador francés sume más de dos encuentros consecutivos como titular. Un empleado que es el mejor en su puesto, pero que se pasa más de la mitad del año de baja. No compensa. Esta vez duró 11 minutos. Un esprint hacia portería propia para ganarle una carrera a Rubén acabó con un calambrazo en el flexor de su muslo derecho. Justo ahí se señalaba con sus dedos. Ya en el banquillo, recibía la carantoña de Alaba, otro exjugador vestido de futbolista. Lo de las lesiones y el Madrid es un drama sin fin. 56 esta temporada. El Espanyol empezó valiente el partido, con dos acciones de Rubén por banda derecha que animaron la grada de Cornellá, pero no tanto como el pique de Omar y Vinicius, gestionado por un silbato peligroso. Mucho. Demasiado. El de Gil Manzano. Sin rima. La semilla se puso en el minuto 8, cuando El Hilali le soltó una patada a Vinicius en la divisoria, en una acción que no tenía peligro ninguno. A partir de ahí, ambos se enzarzaron en cada acción y eso tuvo consecuencias. Amarilla para Vini en el 23 y roja para El Hilali en el 25. La cambió por amarilla el VAR. Patada de tacos sin opción de disputa que solo vieron los ojos del extremeño. Suficiente con cartulina. Lo que sí recibió Vinicius fue una falta detrás de otra en una conducción en la que dejó atrás hasta a tres rivales y que acabó con el brasileño en el suelo tras ser arrollado por Dolan. Gil Manzano, con esas gafas empañadas con las que arbitra, le dijo que se levantara. Al auxilio del '7' del Madrid acudió el asistente, poniendo cordura al despropósito de don Jesús. El brasileño tuvo la más clara del Madrid en los primeros cuarenta cinco minutos. Volea en el área que golpeó en el trasero de Omar antes de la madera impidiera el 0-1. Como impidió el 1-0 Lunin justo en la última acción. En el 48, con la prolongación ya vencida, el ucraniano voló en modo Jesucristo para parar un cabezazo de Cabrera en el primer palo. Picado por las patadas de los rivales, las incomprensibles decisiones arbitrales y el 'balón de playa' que le dedicó a coro Cornellá antes del descanso, Vinicius salió del vestuario con el objetivo de silenciar la grada y de retrasar el alirón del Barça. Cumplió las dos misiones. Mientras Gil Manzano seguía pitando con los ojos vendados -incomprensible que no señalara alguno de los varios agarrones consecutivos de Dolan a Brahim en una conducción que obligó al andaluz a dar un pase forzado-, Vinicius encontró en Gonzalo y Bellingham dos aliados para ganar el partido. En el 55, en la primera acción del delantero fue darle una pared al brasileño. Luego, Vinicius sentó a Cabrera y Calero con un amago de cintura, y ya ante Dimitrovic puso el balón en la esquina de la portería. Justo lo que tenía que haber hecho Mbappé en Múnich, y no hizo. Un Mbappé que, a la vez que jugaba su equipo en Cornellá, aterrizaba en su avión privado tras un fin de semana de vacaciones en Cerdeña junto a Ester Expósito. Hay lesiones musculares de curiosa rehabilitación. El 0-2 lo anotó Vinicius once minutos después. En el 66, otra acción del brasileño por el carril central, esta vez es Bellingham el que le tira la pared, con el tacón, y Vini define con el exterior de su pie derecho poniendo el balón en la escuadra. Golazo, beso al escudo y aplausos en Cornella. Ya no era 'balón de playa'. Con el segundo de Vinicius, el Espanyol bajó los brazos. Cero victorias en toda la segunda vuelta, unos preocupantes 39 puntos y un partido en el Sánchez Pizjuán el próximo sábado que es una final de Champions. No lo será el clásico, con el título ya decidido, pero el Madrid al menos acabó en Cornellá con el tendencioso debate del pasillo.