Andy Mendoza fue relaciones públicas por defecto; cosa de la inercia, la naturalidad. Una persona encantadora, que hizo de Madrid un lugar de risas y excesos , de recuerdos imborrables que se quedaron en el corazón de varias generaciones de gatos. Siempre a golpe de música. Como un compás del primer disfrute, del destete, del cielo de Pachá a los derrapes de vuelta a casa. Un Madrid que fue temerario, burlón, canalla y generoso, como Andy, uno de sus geniales culpables, sino el primero. Tenía acento cubano, de la huida de esa revolución que no pensaba dejarle ser cómo era. Quizá de allí se trajo el son de unos modales exquisitos, de su carcajada perpetua, de sus maneras de galán... Ver Más