África en América, según Jorge Pérez

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Una década antes de que la abogada estadounidense Kimberlé Crenshaw fijase en 1989 el enfoque interseccional, la antropóloga afrobrasileña Léia González (1935-1994) había descrito ya la interrelaciones entre clase, sexo y género como factores combinados de acentuación de la represión y la discriminación . Al mismo tiempo, acuñaba el concepto 'amefricanidad' , el cual trataba de señalar la relevante influencia cultural africana, a partir de la diáspora forzada por el esclavismo de más de once millones de personas desde el siglo XVI al XIX, en las manifestaciones artísticas americanas contemporáneas, especialmente singular en Estados Unidos, Cuba, Haití o Brasil. Contemporáneamente, en los años 70, un empresario y filántropo argentino afincado en Miami, presidente fundador de Related Group, comenzaba a coleccionar arte latinoamericano, lo que a la postre supuso el contingente fundacional del PAMM (Pérez Art Museum Miami ). Su talante visionario y emprendedor no sólo le ha hecho conformar una reseñable colección artística, sino también impulsar un ámbito expositivo experimental, El Espacio 13 en Florida, e incluso imponer la presencia del arte como seña de identidad colectiva en los desarrollos edilicios y urbanísticos que ha promovido. Sobre dichas bases, el comisario Hélio Menezes, co-curador de la 35ª Bienal de São Paulo, halla argumentos para explorar en la plástica lo que ya se había indagado en otras manifestaciones culturales como la música, pero que a su vez permite vislumbrar un camino inverso: el influjo de modelos artísticos europeos y su consciente resignificación afroamericana . Las palabras y frases que articulan y respaldan su discurso curatorial son las 128 obras de 99 artistas seleccionadas de entre las nueve mil que componen la Colección Jorge M. Pérez , lo que se sustancia en la extensísima exposición 'Améfrica' que inicia año en el CAAC y se despliega por sus claustrones Norte y Este. Más allá de poder enfrentar directamente relevantes piezas e instalaciones de Kara Walker, Buhlebezwe Siwani, Kapwani Kiwanga, Nick Cave, Manuel Mendive o María Magdalena Campos-Pons, lo verdaderamente interesante es que los cinco capítulos sobre los cuales Menezes articula el montaje ('Adaptación', 'Resistencia', 'Reinterpretación', 'Neoformalismo' y 'Amefricanas') no se imponen nunca sobre las lecturas abiertas que el espectador puede establecer por sí mismo. Si en el Claustrón Norte es posible tejer redes de conexión temático-materiales donde la técnica textil, reciclaje y color, los lazos de socialización particulares, la diáspora como memoria colectiva o la recombinación entre realidad, tradición y fabulación son signos definitorios, el talante cambia en las siguientes salas. Si en el arte europeo el éxito del retrato dimanó de la obligación por establecer una condición de clase que perpetuar, desde una concepción 'amefricana', a aquella se le sumaron e interrelacionaron los estigmas/valores de género y raza, a partir de los cuales construir autorretratos de las mujeres y colectivos LGTBI+ , lo que ha servido para desplazar estereotipos y como recurso de auscultación y reconocimiento ante la sociedad y ante sí mismos.