La mejor poesía en español

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Construir listas de las mejores poesías, de las mejores películas, de las mejores piezas teatrales o de las mejores novelas resulta un ejercicio muy saludable para la mente y para la memoria. El maestro Amorós nos ha regalado una de esas listas, en esta ocasión dedicada a los cincuenta mejores poemas españoles de todos los tiempos según su autorizadísimo criterio, pues pocas personas conocen la poesía escrita en castellano como él. Junto a las labores de selección, el antólogo ha enriquecido su trabajo con unos estupendos comentarios a cada una de las piezas poéticas elegidas, lo que, dada su enorme capacidad para transmitir la información debida y la opinión siempre atinada en un tema que forma parte de sus más íntimas entretelas, convierte el florilegio, titulado machadianamente 'Se canta lo que se pierde' , en una auténtica delicia. Y una delicia para todos los públicos, pues estoy seguro de que tanto los que tuvimos la fortuna de estudiar un bachillerato previo al desastre de la LOGSE como los lectores más jóvenes, que no tuvieron ya la suerte de que sus profesores los hiciesen aprender de memoria las poesías más famosas y emblemáticas de nuestra literatura, encontrarán placer en un libro que comienza con el 'Elogio de las mujeres chicas' del Arcipreste de Hita y termina con un soneto extraordinario de Antonio Carvajal. Se dice que en materia de gustos todo es posible, y que aquello que a un lector lo conmueve hasta las lágrimas puede carecer de emoción para otro lector. De este libro de Amorós no es tan fácil decir que es fruto de un determinado gusto y que obedece exclusivamente a la subjetividad de su autor. Se trata de una antología que aspira a la objetividad y que tiene en cuenta, junto a la calidad innegable de cada poema elegido, su implantación en la memoria colectiva , su presencia —borrosa e incompleta, pero presencia al cabo— en el imaginario popular. El libro transcribe el poema elegido al final de los cincuenta capítulos, después de figurar al principio de cada uno de los epígrafes un entretenidísimo comentario que sitúa cada pieza en su contexto literario y en su momento histórico. Pero sin que haya la menor presión pedagógica o académica que mediatice la libertad omnímoda del antólogo, que escribe lo que le da la real gana en sus comentarios, sin atender a otra máxima que no sea obtener la complicidad, y yo diría que también la felicidad, del lector. Cómo no agradecer a Amorós la inclusión en su antología de piezas como la 'Cena jocosa', de Baltasar del Alcázar, esa preciosísima joya de la literatura culinaria que mi padre nos recitaba a mi hermana y a mí cuando el mundo era joven, junto con la 'Melancolía del desaparecer', de Foxá, y la 'Sonatina', de Rubén Darío (aquí sustituida por 'Lo fatal', el prodigioso cierre de los 'Cantos de vida y esperanza'). Hay libros que son un pasaporte al paraíso feliz de la nostalgia. Este es uno de ellos.