La expansión acelerada de la energía eólica marina está sacando a la luz un fenómeno físico que hasta hace poco apenas se discutía fuera del ámbito científico. Cuando demasiadas turbinas se concentran en una misma región, las corrientes de aire se debilitan para las instalaciones situadas más lejos. El llamado “robo de viento” ya preocupa a ingenieros, inversores y gobiernos.