La nueva arquitectura financiera no mejorará la salud mundial

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Durante el último medio siglo, el modelo económico de la salud mundial fue muy sencillo. Los países ricos donaban fondos a los países pobres, que los usaban para satisfacer las necesidades sanitarias de su población. El éxito no se medía según indicadores financieros, sino por la cantidad de servicios prestados o de vidas salvadas. No era un modelo perfecto, pero la alternativa que lo está sustituyendo ―centrada en el uso de herramientas como la provisión pública de garantías y la financiación combinada, con el objetivo de atraer capital privado― amenaza con producir resultados incluso peores.Seguir leyendo