Pollitos que nunca han oído palabras muestran una habilidad que creíamos exclusiva del lenguaje humano. La clave está en el extraño efecto Bouba-Kiki

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Investigadores de la Universidad de Padua descubrieron que pollitos recién nacidos asocian sonidos como “bouba” y “kiki” con formas redondeadas o puntiagudas. El hallazgo reabre el debate sobre si algunas bases del lenguaje podrían surgir de predisposiciones cerebrales compartidas con otras especies.