De la presencia a la proyección: la Estrategia Española para Asia‑Pacífico 2026‑2029 en perspectiva

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Hay políticas exteriores que se entienden mejor como una secuencia de correcciones acumulativas que como un brusco giro de timón. La relación de España con Asia‑Pacífico encaja en esa lógica. El primer plan sectorial para la región, el Plan Marco Asia Pacífico 2000‑2002, partía de un diagnóstico duro: España estaba “fundamentalmente ausente” de una región que concentraba población, dinamismo y expectativas. Este vacío se reflejaba en indicadores concretos (por ejemplo, apenas un 3% del comercio exterior español) y una escasísima presencia institucional mínima, con una red muy limitada de misiones diplomáticas y del Instituto Cervantes.  Veinticinco años después, la Estrategia Española para Asia‑Pacífico 2026‑2029 se formula desde un punto de partida casi inverso: presenta Asia‑Pacífico como “auténtico centro de gravedad” de las relaciones internacionales y se define como la “hoja de ruta” para orientar la acción española hacia una región que concentra población, PIB y liderazgo tecnológico. Pero, sobre todo, cambia el tipo de pregunta que estructura el documento: ya no es tanto “cómo llegar” a Asia‑Pacífico, sino “cómo operar” en un entorno donde la región es central para los grandes retos que enfrenta España: seguridad económica, transición ecológica, transformación digital, estabilidad estratégica…Este salto no es un simple relevo generacional de planes. Es una maduración del enfoque, de la construcción de presencia del Plan Marco, la expansión institucional “sin precedentes” del Plan de Acción 2005-2008 y el despliegue exhaustivo de acciones del Plan Asia Pacífico 3, todo ello con un foco claramente regional, hasta una verdadera estrategia marco con seis objetivos estratégicos y 90 líneas de acción integradas con las directrices marcadas en la Estrategia de Acción Exterior de España 2025-2028. Continuidades: qué se hereda y consolidaLa primera continuidad es la “lógica de presencia”. El Plan Marco de 2000 ya fijaba objetivos cuantificados de intensidad diplomática –por ejemplo, rangos deseables de visitas de alto nivel– como mecanismo para corregir el déficit de interlocución, entendido como una condición necesaria para operar en una región diversa y compleja. Esta idea reaparece ahora desde una posición más consolidada, fruto del trabajo de distintos gobiernos y reforzada por el esfuerzo diplomático específico del gobierno actual, cuyo elemento más visible es la serie de visitas de alto nivel a China, aunque se extiende a buena parte del resto de Asia-Pacífico y del sur global.La segunda continuidad es la diplomacia económica, turística y de “marca país”. El Plan Marco incluía objetivos explícitos de crecimiento turístico (por ejemplo, duplicar el número de turistas asiáticos en España en el horizonte del plan) porque el turismo se entendía como vector de conocimiento mutuo y un multiplicador de la relación. La nueva Estrategia mantiene líneas de acción específicas en turismo y, de hecho, contempla ampliar la red de oficinas de turismo hacia mercados asiáticos concretos.  La tercera continuidad es la apuesta por capacidades de conocimiento y redes sociales. El Plan Marco ya subrayaba que la falta de expertos españoles sobre la región era una debilidad estructural. La Estrategia actual recoge esa misma intuición –sin la retórica fundacional– y la actualiza con instrumentos de movilidad, atracción de talento y refuerzo de conexiones entre centros de pensamiento y actores sociales.En términos de ecosistema se mantiene una lógica coherente con los planes anteriores buscando reforzar los vínculos con la región a través de presencia diplomática, densidad de redes entre sociedades y capital humano especializado.Novedades: el valor añadido de la EstrategiaEste documento tiene mayor ambición estratégica que sus predecesores y así lo evidencian las novedades que se exponen a continuación. No sólo aspira a intensificar las relaciones con Asia-Pacífico es más áreas, por ejemplo, en tecnología. También es un planteamiento más consciente de cómo deben orientarse las relaciones con esta parte del mundo para que España pueda gozar de un mayor protagonismo internacional, tanto dentro de la Unión Europea (UE) como a escala global.La aportación más distintiva de la Estrategia es el desplazamiento desde una agenda esencialmente promocional (más comercio, más inversión, más visibilidad) hacia una agenda de seguridad económica. Este giro se materializa en dos movimientos concretos: la vinculación de la región con reindustrialización, transición verde y transformación digital mediante un vocabulario de “diversificación”, “riesgos” e “interdependencias equilibradas”; y la identificación de sectores y activos críticos (tierras raras, inteligencia artificial, semiconductores, robótica, ciberseguridad, tecnologías limpias, etc.) presentes en Asia-Pacífico y que se enlazan con el desarrollo de la “autonomía estratégica” europea. De esta forma, la asociación con actores de Asia‑Pacífico deja de ser fundamentalmente un ejercicio de inserción en mercados emergentes y atracción de inversión para ser parte del dispositivo de soberanía económica europea en un entorno de competencia tecnológica y tensiones geopolíticas. En términos de política exterior, esto reordena prioridades: no se trata sólo de “estar” en Asia‑Pacífico, sino de “asegurar acceso”, “reducir vulnerabilidades” y “construir interdependencias equilibradas”.Si el giro geoeconómico es el cambio más nítido, el segundo es la integración de seguridad y defensa como componentes normalizados de la relación con Asia‑Pacífico, algo que ya apuntó de manera más tímida el Plan de Acción (2005-2008) vinculado a la lucha contra el terrorismo transnacional, especialmente relevante en España tras los atentados del 11 de marzo de 2004 y al despliegue español en Afganistán. Ahora se establece una conexión explícita entre la seguridad de Europa y la de Asia-Pacífico, y se señalan oportunidades en partenariados de seguridad y defensa de España, la UE y la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) con países de Asia-Pacífico, especialmente Japón, Corea, Australia y Nueva Zelanda.Asimismo, deben subrayarse las innovaciones en la gobernanza interna y las prioridades geográficas planteadas en el documento. El refuerzo de la coordinación institucional y con la sociedad civil ya figuraba entre los objetivos de los tres primeros planes Asia, pero ahora se intensifica y se concreta en cambios institucionales específicos, como la creación de una Comisión Interministerial para Asuntos de Asia-Pacífico.En cuanto a las prioridades geográficas, se mantienen en línea con las de planes anteriores. Sin embargo, destaca el marcado protagonismo de China y la India frente al resto de países, siendo este, sin duda, el documento en el que la India adquiere mayor relevancia.Tres recomendaciones implícitasPara que la flamante estrategia para Asia-Pacifico maximice su aportación respecto a los planes previos es fundamental que se despejen las dudas presupuestarias que reconoce implícitamente, lo que le permitiría contar con los recursos necesarios para una aplicación eficaz.Esta falta de claridad sobre los recursos materiales que apuntalarán la estrategia puede explicar la falta de una clara priorización de sus objetivos, que parece ser contingente a la evolución de un contexto internacional y político doméstico volátiles. La clave será ver hasta qué punto puede aterrizarse la ambición estratégica del documento en métricas de aplicación: indicadores de diversificación de cadenas, acuerdos en minerales críticos, proyectos de inversión tecnológica, cooperación en seguridad y defensa, y densidad de redes (talento, ciencia, centros de pensamiento). La Estrategia ya sugiere el camino al crear una evaluación intermedia y final, que deberían servir para jerarquizar las prioridades de la Estrategia según los resultados obtenidos.En cualquier caso, la Estrategia es valiosa en sí misma al formular explícitamente lo que los planes previos ya intuían: Asia‑Pacífico no es una agenda regional más, sino un componente estructural de la competitividad, la resiliencia y la seguridad de España (y de la UE). Esa claridad no garantiza ejecución, pero sí mejora la calidad del debate público y reduce el riesgo clásico de estos documentos: confundir actividad con influencia.Autor: Mario EstebanLa entrada De la presencia a la proyección: la Estrategia Española para Asia‑Pacífico 2026‑2029 en perspectiva se publicó primero en Real Instituto Elcano.