De qué va ‘Vladimir’, la escandalosa serie de Netflix que ha levantado polémica

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Vladimir, la más reciente serie de Netflix, es un cuidadoso equilibrio entre varios temas polémicos. Por un lado, el despertar sexual de las mujeres en la edad madura, el poder femenino en centros académicos y la infidelidad. Al otro, la capacidad del deseo erótico para convertirse en motor impulsor de decisiones cuestionables y a menudo peligrosas. En medio de un escenario semejante, la serie avanza a través de sus ocho capítulos a través de una premisa perversa. ¿Qué podría hacer cualquiera para satisfacer sus deseos eróticos más depravados? No es un tema original y Vladimir no intenta que lo sea. Lo que sí logra es profundizar en la idea de un salvaje desenfreno a partir de varios ángulos distintos. Para eso, la historia además toma una decisión complicada y fascinante: lo de convertir a su protagonista en un personaje sin nombre. Uno, además, que solo se identifica por sus carencias. Por lo que esta anónima profesora universitaria de escritura creativa, interpretada por Rachel Weisz, comienza la historia mientras atraviesa una etapa complicada y durísima. Su carrera académica ya no genera el entusiasmo de antes y su vida personal tampoco atraviesa su mejor momento. De hecho, ambas cosas solo conducen a una alarmante conclusión que marcará el tono oscuro y burlón de Vladimir. Nadie parece demasiado interesado en ella últimamente.Claro está, la idea del desencanto de la madurez y el vacío emocional tampoco es novedosa. Pero la trama de la serie, adaptación del libro del mismo nombre de Julia May Jonas (que también está a cargo del guion), sí lo enfoca de manera original. Porque observa a esta mujer ambiciosa, contradictoria y algo egoísta desde la ironía. Mucho más, a través de la capacidad del argumento para burlarse de las ideas preconcebidas acerca de las exigencias sociales hacia el comportamiento femenino. Por lo que nuestra protagonista no duda en equivocarse con frecuencia, recurrir a mentiras, trampas y, al final, burlarse de la corrección social. Crisis marital y obsesión académicaVladimir, además, es una historia de contrastes. Por lo que sigue el mundo interior de su personaje (lleno de vida y vibrante de matices) y, a la vez, de su aburrida vida doméstica. Esta última, convertida en una colección de sinsabores, indiferencia y desilusión. Eso, debido a que su esposo, John (John Slattery), también profesor universitario, atraviesa su propio problema público. En un evidente guiño a la era #MeToo, la serie muestra cómo hace años, John mantuvo relaciones con varias estudiantes, algo que ahora vuelve a salir a la superficie en forma de escándalo institucional. Lo curioso es que, para su esposa, el asunto no representa exactamente una traición devastadora. Su matrimonio había funcionado durante mucho tiempo bajo un acuerdo tácito que permitía cierta libertad. Un escándalo incómodo para 'Vladimir'Lo realmente duro surge cuando debe lidiar con el escándalo, el ostracismo y el rechazo de la universidad, los colegas y la opinión pública. En una perspectiva audaz acerca de su protagonista, Vladimir muestra que al personaje de Rachel Weisz poco le importan las consecuencias morales de lo ocurrido. Antes que eso, lo que realmente le enfurece es la traición a su acuerdo conjugal, antes que la lealtad matrimonial. Ese ligero matiz hace que su reacción a lo ocurrido sea tan atípica como desconcertante para los que le rodean. Todos quieren escuchar una condena moral inmediata, que en realidad, el personaje no tiene energía ni intención de dar. De hecho, nuestra esforzada protagonista parece más cansada que indignada. Mientras el campus discute ética profesional, ella observa el caos con una mezcla de aburrimiento y resignación.La infidelidad como liberaciónEl verdadero problema aparece cuando entra en escena un nuevo profesor del departamento: Vladimir (Leo Woodall). Joven, carismático y ligeramente misterioso, el recién llegado provoca en la protagonista una fascinación instantánea. Y por descontado, un profundo deseo sexual que ella toma la decisión de complacer a como dé lugar. Pronto, la serie traslada toda su premisa a la idea de la tentación. ¿Cuándo caer o no en ella? Por lo que la dinámica recuerda a una polilla acercándose demasiado a una lámpara brillante. No hay garantías de que la atracción sea correspondida, pero eso no parece frenar demasiado la imaginación de la profesora. En especial, a medida que este furioso deseo se transforma en algo más violento, decidido y perverso. La situación se complica aún más porque Vladimir no está soltero y, de hecho, considera a su matrimonio como un aspecto fundamental en su vida. Está casado con Cynthia (Jessica Henwick), una profesora adjunta permanentemente agotada por la vida académica y familiar. La pareja tiene una hija pequeña, lo que añade otra capa de incomodidad al creciente interés de la protagonista. Ser o no ser infiel, el dilema de ‘Vladimir’Pero al personaje de Weisz no le importa demasiado una relación marcada por la dificultad. Lo que realmente quiere es transgredir la norma, subvertir su vida aburrida y responder sus propias preguntas sobre el deseo. A partir de ese punto, la serie se mueve entre fantasía, deseo y paranoia. ¿Existe realmente una conexión entre ambos profesores? ¿O todo ocurre dentro de la mente de la protagonista? La narrativa juega deliberadamente con esa ambigüedad.Todo, usando la ruptura constante de la cuarta pared. La protagonista habla directamente con el público, como si la audiencia fuera una especie de confidente secreto atrapado en su cabeza. Este tipo de técnica puede resultar torpe si se utiliza mal, pero en el caso de Vladimir, es de hecho un punto central para comprender a su personaje. En especial, porque la posibilidad de que nada de lo que vemos sea real es cada vez más singular y evidente. Quizás, el único pero en la serie, es que al final, Vladimir no alcanza la intensidad provocadora que promete y, de hecho, es más graciosa que sexy. Pero en realidad se trata que tampoco necesita hacerlo para resultar divertida. La interpretación de Weisz sostiene todo el espectáculo con un enorme carisma. Por lo que, para su último capítulo (y la gran revelación que hace de la serie una imperdible de Netflix), es evidente que Vladimir es mucho más que una provocación. También es un reto a la inteligencia de la audiencia. Un punto interesante que se convierte en lo mejor de su premisa. Seguir leyendo: De qué va ‘Vladimir’, la escandalosa serie de Netflix que ha levantado polémica