Peaky Blinders: The Immortal Man cierra la historia de Tommy Shelby con un final tan espectacular como irregular

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Esta noticia es una publicación original de Cinemascomics.comVolver a ver a Tommy Shelby caminando entre humo, gabardinas y miradas que matan más que un disparo no es solo nostalgia, es casi un ritual para cualquiera que haya vivido Peaky Blinders como lo que fue: una de esas series que no solo contaban una historia, sino que imponían estilo, actitud y una forma muy concreta de entender el drama criminal con estética de videoclip rockero.Peaky Blinders: The Immortal Man, ya está disponible en Netflix, y no viene a ser una simple continuación, viene a cerrar una era… aunque lo haga con más ambición que equilibrio. Y eso se nota desde el primer minuto.Un regreso que no busca comodidad, sino enfrentar a Tommy con sus propios demoniosLa película arranca años después del final de la serie, con un Tommy completamente aislado, escribiendo su historia y conviviendo con fantasmas que no necesitan presentación porque llevan años persiguiéndole. Aquí no hay redención fácil ni regreso triunfal con música épica de fondo, hay un hombre roto que ya no domina el mundo, sino que intenta sobrevivir a lo que él mismo creó.Y ese enfoque, más cercano a una historia de fantasmas que a un drama criminal clásico, es de lo mejor que tiene la película. Porque durante su primer tramo, The Immortal Man funciona como una especie de descenso emocional en el que el pasado pesa más que cualquier enemigo nuevo, y donde cada aparición, cada mirada y cada silencio tienen más importancia que cualquier tiroteo.El problema es que esa calma inicial pronto se rompe cuando la historia decide meter quinta y empezar a cruzar demasiadas tramas, personajes nuevos y conflictos que no siempre tienen el espacio que necesitan.Barry KeoghanUn hijo, un legado y el caos de intentar cerrar demasiadas historias a la vezEl gran motor de la película es el conflicto entre Tommy y su hijo Duke, interpretado por un Barry Keoghan que entra con una energía caótica que encaja perfectamente con el universo Shelby. El concepto es potente: el hijo heredando no solo el imperio, sino también la oscuridad del padre, convirtiéndose en una versión aún más peligrosa e inestable.Sobre el papel funciona, y en pantalla hay momentos donde realmente se siente ese choque generacional lleno de rabia, abandono y necesidad de validación. Pero hay un problema claro: la relación no está lo suficientemente construida como para que el golpe emocional llegue con toda la fuerza que debería.Algo parecido ocurre con los nuevos personajes. Tim Roth como villano tiene presencia, pero no el desarrollo necesario para convertirse en una amenaza memorable dentro de una saga que nos ha dado antagonistas mucho más complejos. Y Rebecca Ferguson, que tiene un aura perfecta para este tipo de historia mística, se queda a medio camino entre lo interesante y lo desaprovechado.El resultado es una película que quiere abarcar demasiado: pasado, presente, legado, política, guerra, familia… y no siempre consigue que todas esas piezas encajen con la precisión que la historia pedía.Visualmente es una locura: puro estilo Peaky Blinders elevado al máximoSi hay algo que The Immortal Man hace mejor que nadie es recordarte por qué Peaky Blinders se convirtió en un fenómeno cultural. Cada plano parece diseñado para convertirse en fondo de pantalla, cada escena tiene ese equilibrio entre suciedad, elegancia y peligro que convirtió la serie en una referencia estética.La fotografía es espectacular, la ambientación sigue siendo top y hay momentos donde la película se permite recrearse en su propio estilo con una seguridad casi insultante. Es de esas experiencias que, incluso cuando la narrativa flojea, te mantienen dentro simplemente por lo bien que luce todo.Y en medio de todo eso está Cillian Murphy, que no interpreta a Tommy Shelby, lo habita. Cada gesto, cada pausa y cada frase tienen ese peso que convierte al personaje en uno de los grandes antihéroes de la televisión moderna. Da igual lo que pase alrededor, cuando él está en pantalla, la película funciona.Un final potente que no termina de golpear como deberíaLa recta final sigue la tradición de la saga con un clímax intenso, cargado de acción, decisiones importantes y ese aire de tragedia que siempre ha definido a los Shelby. Hay giros, hay tensión y hay momentos que deberían quedarse grabados.El problema es que, aunque todo está ahí, no siempre se siente tan grande como debería. Falta ese vínculo emocional que sí tenía la serie en sus mejores momentos, esa sensación de familia, de grupo, de historia compartida que hacía que cada decisión doliera más.Aquí hay impacto, pero no siempre hay profundidad suficiente para sostenerlo.Un cierre imperfecto… pero necesario para una de las grandes historias de la televisiónPeaky Blinders: The Immortal Man es una película que se mueve constantemente entre dos sensaciones: la de estar viendo un cierre digno, ambicioso y visualmente espectacular… y la de estar viendo una historia que habría necesitado más tiempo para respirar.Funciona mejor como despedida que como película independiente, mejor como homenaje que como narrativa redonda. Pero incluso con sus problemas, hay algo innegable: volver a ese mundo sigue siendo una experiencia brutal.No es el final perfecto, pero sí uno coherente con lo que siempre ha sido Peaky Blinders: una historia de poder, culpa, familia y fantasmas que nunca terminan de desaparecer. Y cuando Tommy Shelby vuelve a Birmingham y recuerda quién es, aunque sea por última vez, entiendes por qué este personaje ha marcado a toda una generación. Porque algunos imperios caen… pero otros se convierten en leyenda.Síguenos en Google News para no perderte más críticas, noticias y estrenos con el sello Cinemascomics.Esta noticia ha sido publicada por Cinemascomics.com