La cara y la voz pueden entrenarse para esconder lo que sentimos. Durante años pensamos que esas eran las principales pistas emocionales, pero un nuevo estudio apunta a algo mucho más difícil de controlar: el modo en que coordinamos brazos y piernas al ca

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Un equipo internacional ha descubierto que el balanceo corporal revela emociones con una precisión sorprendente incluso cuando eliminamos cualquier rastro de rostro o voz. La clave no está en lo evidente, sino en un patrón automático del movimiento que podría cambiar cómo entendemos la comunicación humana.