Duplantis y un sugerente límite por explorar

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Se puede decir que en Torun comenzó la leyenda. Apenas un mes antes de que la pandemia pusiese el mundo patas arriba, Armand Duplantis inició en esa ciudad polaca su serial de récords mundiales, una lista que empezó en 6,17 metros y que alcanzó su episodio número 15 la semana pasada, cuando el portento sueco se elevó en Upsala por encima de 6,31 . Quince centímetros en total, a uno por plusmarca durante los últimos seis años. Así funciona Mondo, especialista en suspense, en generar momentos mágicos en los estadios, como el que pretende provocar este sábado en el Mundial en pista cubierta. Será de nuevo en Torun, ciudad talismán y cuna de Copérnico, cuando asalte, si nada se tuerce, el récord número 16 sobre 6,32. «Allí me cambió la vida», afirma Duplantis sobre el escenario en el que también buscará su cuarto mundial bajo techo, igualando el récord absoluto de Sergey Bubka, el hombre con el que inevitablemente se le compara. El ucraniano también gobernó con mano de hierro la disciplina en las décadas de los ochenta y noventa del siglo pasado con la misma calculada minuciosidad del sueco. Cada centímetro significaba un suculento bonus económico. En su caso, fueron 17 plusmarcas al aire libre y otras 18 en pista cubierta, en ocasiones solapándose. Desde los 5,85 iniciales, en 1984, a los 6,15 con los que dejó el atletismo en 1994. Desde el primer récord del mundo oficial, establecido por el estadounidense Marc Wright en 4,02 metros, han pasado 114 años y otros 34 plusmarquistas además de Bubka y Duplantis. Ninguno con una hegemonía siquiera parecida a ellos. Lo de Bubka era potencia y una técnica exquisita. Duplantis basa su talento en la velocidad con la que avanza por el pasillo hasta el cajetín. En uno y otro caso resultan inalcanzables. En Polonia, Duplantis tendrá enfrente a otros seis atletas que ya saben lo que es saltar seis metros, pero de todos ellos solo uno, el griego Emmanouil Karalis, parece en condiciones de plantarle cara. 'Manolo', como le llaman de forma cariñosa, viene de saltar en los nacionales de su país 6,17 metros, lo que le colocó segundo en el ranking histórico de todos los tiempos. Pocos conocen a Duplantis mejor que él. Nació solo 21 días antes que Mondo y llevan compitiendo el uno contra el otro desde adolescentes. Son rivales, pero también íntimos amigos. «Tener enfrente un atleta como Duplantis es una bendición para mí. Me hace pensar que si él puede hacerlo, por qué yo no», dice Karalis. «Sus 6,17 fueron increíbles», responde Duplantis. «Manolo tiene un talento enorme y ha estado saltando de forma espectacular durante el último año o año y medio, sobre todo. Pero ese salto en concreto fue extraordinario». El sueco admite también que ver a Karalis tan cerca le sirvió de motivación al afrontar los 6,31 de Upsala. No en vano, Duplantis lleva años sin encontrar un contrincante capaz de desafiarlo de forma continua, y no solo estando al quite para cuando él falle. El de Louisiana no pierde un concurso desde julio de 2023, cuando se quedó en unos discretos 5,72 en la Diamond League de Mónaco. Desde entonces acumula 40 triunfos consecutivos. Si por fin halla ese rival, quizá se obligue a escalar aún más rápido y perseguir un límite aún desconocido. Todos los expertos coinciden en que todavía hay margen para él. El propio Bubka aseguró hace unos años que, en un buen día, él mismo podría haber llegado a 6,40 o incluso 6,50. Tal vez el ucraniano pecó de presuntuoso, pero nadie se atreve a negar que Duplantis pueda hacerlo. De hecho, tal vez solo él pueda gracias a un modelo propio que lleva perfeccionando desde que tenía apenas tres años y que le genera unos automatismos difíciles de replicar. Por eso, la cuestión no es si saltará más alto, sino cuándo. Y si fronteras que ahora parecen lejanas pasan a ser un objetivo plausible en el corto plazo, antes de que el físico decaiga y Duplantis encuentre el techo de su desafío a la gravedad.