Venus siempre fue el planeta imposible: temperaturas que derriten metal y una presión brutal. Rusia quiere volver a ese infierno con una misión que desafía los límites de la ingeniería espacial
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La misión Venera-D apunta a 2036 con un objetivo ambicioso: estudiar la superficie y las nubes de Venus, donde algunos científicos creen que podrían existir rastros de vida microbiana.