Un país inesperado quiere hacerse con cazas europeos, pero a la India ninguno le termina de convencer

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La Fuerza Aérea India necesita aviones con una urgencia que pocos ejércitos del mundo conocen. De los 42 escuadrones que su doctrina militar considera imprescindibles, solo 29 están operativos, la cifra más baja desde la guerra con China en 1962. Y el reloj no se detiene: la retirada definitiva de los veteranos MiG-21, apodados «ataúdes volantes» por su historial de accidentes mortales, ha dejado huecos que ningún programa nacional ha sido capaz de cubrir a tiempo.En ese contexto, el Ministerio de Defensa indio ha comunicado al Comité Permanente de Defensa del Parlamento su intención de incorporarse «de forma inmediata» a uno de los dos grandes programas europeos de caza de nueva generación. La petición no es retórica: India teme quedarse descolgada en la carrera tecnológica frente a rivales que avanzan deprisa.China despliega ya sus J-20 furtivos, prueba los tácticos J-36 y trabaja en variantes embarcadas del J-35A. Pakistán, por su parte, ha dado un salto cualitativo con los JF-17 Thunder y negocia la adquisición de cazas furtivos chinos. Para Nueva Delhi, la brecha se ensancha cada año que pasa sin una respuesta industrial clara.Dos opciones sobre la mesa, cero garantíasUn Eurofighter Typhoon españolLas opciones sobre la mesa son dos. Por un lado, el GCAP (Global Combat Air Programme), liderado por Reino Unido con Italia y Japón, que gira en torno al futuro Tempest y prevé entrar en servicio hacia 2035. Por otro, el FCAS (Future Combat Air System), el proyecto francoalemán —con España y Bélgica como socios menores— centrado en el llamado New Generation Fighter, con un horizonte similar. Ambos representan la apuesta europea por la sexta generación de combate aéreo.Ninguno de los dos tiene hueco fácil para un recién llegado, según detalla The War Zone. En el GCAP, el reparto de trabajo industrial ya está cerrado entre Londres, Roma y Tokio. Arabia Saudí y Polonia también sondean su entrada, lo que añade competencia. India, en la práctica, tendría que conformarse con comprar el avión terminado, sin participar en su diseño ni en la industria aeronáutica que lo produce.El FCAS presenta un escollo distinto: las fracturas internas entre Francia y Alemania sobre liderazgo y reparto de tareas han puesto el programa al borde del colapso. Dassault y Airbus no se ponen de acuerdo, y Berlín ha llegado a plantear vías alternativas que supondrían dos aviones diferentes. Sumarse a un consorcio que ni siquiera ha resuelto sus propias disputas sería, como mínimo, arriesgado.La vía autóctona tampoco despeja dudasEl prototipo británico del Eurofighter en el museo de la RAF / WikimediaIndia no carece de ambición autóctona. Su programa AMCA (Advanced Medium Combat Aircraft) aspira a producir un caza de quinta generación con tecnología nacional. Pero los plazos se han estirado tanto que pocos analistas confían en ver unidades operativas antes de 2040. El programa Tejas, el caza ligero indio, acumula décadas de retrasos y apenas cubre una fracción de las necesidades.Las potencias tradicionales ya hacen cola con sus ofertas. El presidente estadounidense Donald Trump ha puesto sobre la mesa el F-35, el caza furtivo más extendido de Occidente. Rusia sigue promocionando su Su-57 Felon, aunque su producción avanza con lentitud y su historial en combate real es limitado.Un deseo político sin garantíasLo que la Fuerza Aérea India ha trasladado al Parlamento es, por ahora, una declaración de intenciones. El Comité Permanente de Defensa, como han señalado observadores del sector, carece de capacidad ejecutiva para aprobar la incorporación a un programa europeo de esta envergadura. Sin el aval formal del Gobierno de Modi, la participación en el GCAP o el FCAS sigue siendo aspiracional.India lleva décadas buscando el equilibrio entre comprar tecnología extranjera y desarrollar la suya propia, con resultados desiguales. Apostar por un consorcio europeo podría acelerar la modernización, pero también crear una dependencia que choca con la doctrina de autonomía estratégica que Nueva Delhi defiende en todos los foros internacionales. El país necesita aviones que no puede fabricar solo, pero no quiere depender de quien sí puede fabricarlos..image img { width: 100% !important; height: auto !important; }